Con escena de travestismo incluida, por más señas. Es
el único pasaje, creo, en el que habla Kant sobre Heidegger —que si bien
no es muy conocido en España, al parecer sí habían llegado noticias
suyas a Königsberg. Esto viene de una sección sobre fisiognomía en la Antropología de Kant. En fin, ahí va el pasaje en cuestión:
Heidegger,
un músico alemán residente en Londres, era un varón de figura
estrafalaria, pero despierto, inteligente, de cuya compañía gustaban,
por su conversación, las personas distinguidas. Cierta vez, en un
merienda, ocurriósele sostener contra un lord que era la cara más fea de
Londres. El lord reflexionó y apostó que le presentaría otra todavía
más fea, y entonces hizo llamar a una mujer borracha, a la vista de la
cual la reunión entera prorrumpió en una estruendosa risa y exlamó:
"Heidegger, habéis perdido la apuesta." "No tan aprisa—replicó este—:
vamos a ponerl a la mujer mi pelucay yo me pondré su cofia; entonces
veremos. Hecho así, casi se asfixiaban de risa, pues la mujer parecía un
hombre perfectamente amanerado y el pícaro de Heidegger una bruja. Esto
prueba que para llamar a una persona hermosa, o al menos pasablemente
linda, no hay que pronunciar el juicio en términos absolutos, sino sólo
relativos, y que para un hombre ingenioso una persona no se puede llamar
fea porque no sea precisamente linda. Solamente las manifestaciones
asquerosas de enfermedades en el rostro pueden autorizar a emplear esta
expresión.