lunes, 27 de abril de 2026

Kant sobre Heidegger

 

Con escena de travestismo incluida, por más señas. Es el único pasaje, creo, en el que habla Kant sobre Heidegger —que si bien no es muy conocido en España, al parecer sí habían llegado noticias suyas a Königsberg. Esto viene de una sección sobre fisiognomía en la Antropología de Kant. En fin, ahí va el pasaje en cuestión:

 

Heidegger, un músico alemán residente en Londres, era un varón de figura estrafalaria, pero despierto, inteligente, de cuya compañía gustaban, por su conversación, las personas distinguidas. Cierta vez, en un merienda, ocurriósele sostener contra un lord que era la cara más fea de Londres. El lord reflexionó y apostó que le presentaría otra todavía más fea, y entonces hizo llamar a una mujer borracha, a la vista de la cual la reunión entera prorrumpió en una estruendosa risa y exlamó: "Heidegger, habéis perdido la apuesta." "No tan aprisa—replicó este—: vamos a ponerl a la mujer mi pelucay yo me pondré su cofia; entonces veremos. Hecho así, casi se asfixiaban de risa, pues la mujer parecía un hombre perfectamente amanerado y el pícaro de Heidegger una bruja. Esto prueba que para llamar a una persona hermosa, o al menos pasablemente linda, no hay que pronunciar el juicio en términos absolutos, sino sólo relativos, y que para un hombre ingenioso una persona no se puede llamar fea porque no sea precisamente linda. Solamente las manifestaciones asquerosas de enfermedades en el rostro pueden autorizar a emplear esta expresión.

 

domingo, 26 de abril de 2026

Of This Book, This Learning Mayst Thou Taste

 

Naturaleza encendida

 

Naturaleza encendida

Tragedy and Otherness

My review of Tragedy and Otherness: Sophocles, Shakespeare, Psychoanalysis. By Nicholas Ray. Miscelánea 44 (2011): 167-73.* Online PDF:

         http://www.miscelaneajournal.net/index.php/misc/article/view/76

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/RayMiscel.pdf

         2012

 An audio review on this review of mine...

_____. "Tragedy and Otherness." Review of Nicholas Ray's Tragedy and Otherness. AI podcast on José Angel García Landa's review. Academia 26 April 2026.*

         https://www.academia.edu/1267607/

         2026

 

Found Ready-Made

 

Found Ready-Made

Guerras rituales papúes

La prehistoria en Papúa-Nueva Guinea, en 1961, el año prehistórico en que nací...

"Una cultura donde la guerra no destruía el mundo, sino que en cierta medida ayudaba a darle sentido."


Ocurren cosas interesantes cuando viajas a lugares extraños, duros o incluso peligrosos, cuando te enfrentas a la incertidumbre y a esa sensación de no pertenecer. Allí, igual que en la vida, debes permanecer despierto y hacerte amigo del miedo. En los años 90 viajé dos veces a Papúa Nueva Guinea, un destino lejano y salvaje donde la comodidad no existía ni la buscaba. En ambos viajes fui primero a las Tierras Altas y después a las costas del Archipiélago Bismarck, para observar las aves del paraíso, conocer su majestuosa naturaleza, la cultura de sus tribus y bucear en los atolones de coral más impresionantes que he visto. He recordado esos viajes al ver el documental etnográfico titulado Dead Birds (Pájaros muertos), filmado por el antropólogo Robert Gardner en 1961 durante la Expedición Harvard-Peabody en las tierras altas de Nueva Guinea Occidental. El vídeo que acompaña este post es un fragmento de ese documental. Muestra una batalla en el Valle del río Baliem entre dos pueblos de la etnia Dani, que en 1961 todavía mantenían una cultura neolítica con herramientas de piedra, aldeas organizadas por clanes y un sistema muy elaborado de guerra ritual. La batalla que se ve forma parte de sus guerras ritualizadas y cíclicas entre dos confederaciones: los Wiligima-Alula y los Wita Waya. El motivo principal de esas batallas no era una conquista territorial puntual ni la aniquilación del enemigo, sino un ciclo perpetuo de venganza por muertes ocurridas años atrás, incluso décadas: cada muerte del pasado generaba una “deuda de sangre” que había que vengar. Esas guerras servían para equilibrar el honor tribal, demostrar valentía masculina y fortalecer el espíritu de grupo. También había disputas secundarias por robos (por ejemplo, robos de cerdos, el principal símbolo de riqueza y estatus en las tribus de Papúa Nueva Guinea). Las batallas seguían reglas casi formales: se peleaba en campo abierto, de día, con flechas y lanzas. Se detenían si llovía o anochecía. La mortalidad era muy baja (aunque real). No era una guerra total, sino algo más parecido a un teatro de la identidad: un escenario donde los hombres probaban su coraje y la comunidad reafirmaba sus valores. El título del documental viene de los trofeos tomados al enemigo — tocados y coronas decorados con plumas de aves muy bellas. Aves exóticas muertas como símbolo de victoria, de estatus, de memoria. En resumen, lo que se ve no es una guerra “por un territorio”, sino parte de una cultura ritual en la que la guerra, cíclica y teatral, conformaba la vida y la cosmovisión de los pueblos Dani. Definía el estatus, la identidad y hasta la forma en que entendían la muerte. Mostraba los valores fuertes de sus sociedades: el sentimiento de pertenencia y el cuidado de los suyos, de su historia y de sus antepasados. Una cultura donde la guerra no destruía el mundo, sino que en cierta medida ayudaba a darle sentido.

miércoles, 22 de abril de 2026

Hamlet marica

 Retropost, 2006:

Hamlet marica

Hamlet marica

 

Ayer vi la versión de Hamlet adaptada y dirigida por Lluís Pasqual, con Eduard Fernández como Hamlet y Marisa Paredes como Gertrudis, y veinte actores en total, todo un montaje... aunque sin escenografía, en plan escenario vacío, como en el teatro isabelino. Y lo pasé muy bien, así que no os la perdáis si tenéis ocasión. A Shakespeare le va bien este tipo de escenario —todos en realidad— y aún se da uno más cuenta de lo intensamente teatral, metateatral digo, que es la obra: no sólo el teatro dentro del teatro, con la obra esa de Agatha Christie que dirige Hamlet, sino también el monólogo sobre Pirro el de las negras armas, pequeña mise en abyme de la obra, que aquí tuvieron el acierto de no recortar —o bien la escena donde Ofelia describe los gestos de Hamlet al visitarla inopinadamente: más teatro dentro del teatro. Shakespeare no le tiene miedo a la intensificación del detalle teatral, y siempre le funciona, sólo Polonio se aburre con el poem unlimited.

Aquí le sacaban partido a la teatralidad de Hamlet. Eduard Fernández nos daba un Hamlet nada digno y solemne, sino temblón, afeminado y amanerado, débil e intenso a la vez, "marica" según su propia descripción (qué dirán de mí, se pregunta), aunque a medida que avanza la obra va sacando facetas y remontándose hasta el personaje sin límites. De cada nuevo actor y cada nuevo montaje logrado, sale un nuevo Hamlet para hamletizar el mundo. También de cada nueva traducción. Dice Dennis Kennedy que es práctica común en los Shakespeares no ingleses hacer traducciones nuevas y numerosas "cada generación, o incluso cada montaje nuevo, de manera que Hamlet en idioma extranjero puede sonar como una obra nueva, mientras que en inglés a menudo suena como una colección de citas obsoletas y autoconscientes". Así, detrás de "ser o no ser", este Hamlet no decía "he ahí el problema", ni "esa es la cuestión".

Al tema de la posible homosexualidad de Hamlet no se le sacaba partido, aparte del afeminamiento que daba el actor al personaje - también con acierto en lo que se refiere a esta producción, aunque evidentemente la cuestión daría para explorarla mucho más en otro tipo de montaje. Sarah Bernhard ya pudo hacer un Hamlet mujer, o sea que cabe en el saco de Hamlet mucho más de lo que se ha puesto aún.

Y una cosa que me gustó: aparte de leer en su librito "palabras, palabras, palabras", Hamlet también anotaba en él alguna frase memorable dicha por los demás personajes, o por él mismo quizá, con lo que quizá resulte ser él el autor de la obra, en una ruptura de marco imposible. Decía Harold Bloom que Hamlet es el único personaje de Shakespeare que podría haber escrito las obras de Shakespeare. Se confirmaría así la verdad de lo que Hamlet le lee a Polonio sobre los viejos en su libro, pues esas palabras sí figuran en la obra. Y al final de la obra, Hamlet saca otra vez su librito y recita junto con Fortinbras y Horacio lo de la terrible escena y la carnicería... Este Hamlet, por cierto, con el veneno en el cuerpo, sigue vivo al final, cuando todos hablan de él como ya muerto, y no cae hasta que suenan las salvas del honor del ejército noruego, fusilándolo, mientras dice "the rest is silence": El silencio es un descanso para los actores, aunque esta vez tuvieron que salir a saludar cinco veces.

Por cierto, se me ha ocurrido una posible relación entre tres frases de Shakespeare: una en Hamlet, cuando acepta el duelo con Laertes y la muerte que se teme lo acompañará: "If it be now ’tis not to come, ; if it be not to come, it will be now, if it be not now, yet it will come. The readiness is all." En El Rey Lear encontramos una variante: "Ripeness is all". Y en una notita posiblemente escrita por Shakespeare cuando ayudaba en la tienda de su padre (acompañando a un regalo de unos guantes que hacía a alguien el maestro de Shakespeare): "The gift is small / The will is all".

The will is all. Will power, indeed. Ya te recordaremos, mientras podamos, ay poor ghost. Como que estamos demasiado hamletizados... there ain’t no cure for the man in black blues.

 

 

Notas

(1) "So, as a painted tyrant, Pyrrhus stood, and like a neutral to his will and matter, Did nothing": Pirro el de las negras armas también busca venganza por la muerte de su padre.

(2) Dennis Kennedy, "Shakespeare Worldwide", en The Cambridge Companion to Shakespeare, ed. Margreta de Grazia y Stanley Wells (Cambridge: Cambridge UP, 2001), 256. Traduzco.

(3) Tanto Hamlet padre como Hamlet hijo piden a quienes quedan en escena que los recuerden. Shakespeare, al parecer, interpretaba el papel del primer Hamlet.

 

 

... y otro Hamlet

O el mismo. El de Victor Hugo, en su libro sobre William Shakespeare:

¡Hamlet! No se sabe cómo definir este ser espantoso, este ser completo en lo incompleto. Lo es todo para no ser nada. Es príncipe y demagogo, sagaz y extravagante, profundo y frívolo, hombre y neutro. No tiene fe en el cetro, se burla del trono, tiene por camarada a un estudiante, dialoga con los transeúntes, argumenta con el primero que llega... Comprende al pueblo, desprecia al populacho, tiene odio a la fuerza, duda del éxito, interroga a las tinieblas y tutea al misterio. Comunica a los otros enfermedades que él no tiene. Su fingida locura inocula verdadera locura a la mujer que le ama. Se familiariza con los espectros y con los comediantes. Se chancea empuñando el hacha de Orestes. Diserta sobre literatura, recita versos, hace una crítica de teatros, juega con huesos humanos en un cementerio, aterra a su madre, venga a su padre, y termina el tenebroso drama de la vida y de la muerte con una gigantesca interrogación. Primero espanta y después desconcierta. Jamás se ha imaginado nada tan aterrador como el parricida preguntando: ¿Qué sé yo?

Pero ¿es parricida Hamlet? Sí y no. Se limita a amenazar a su madre; pero la amenaza es tan feroz, que su madre queda aterrada: "¡Tu palabra es un puñal...! ¿Qué vas a hacer? ¿Tratas de asesinarme? ¡Socorro! ¡Socorro!" Y cuando muere, Hamlet, sin llorarla, hiere a Claudio con esta exclamación trágica: "¡Sigue a mi madre!" Hamlet es el siniestro parricida posible. Si en lugar de ser frío como el Norte, tuviera en las venas, como Orestes, la ardiente sangre del Mediodía, mataría a su madre.

Este drama es severo. Hasta lo verdadero inficiona en él la duda, y lo sincero miente. Nada hay tan colosal y tan sutil.

En este drama el hombre es un mundo y el mundo es un cero. El mismo Hamlet, que goza de la plenitud de la vida, no está seguro de existir. En esta tragedia, que también es una filosofía, todo flota y duda, se aplaza, oscila, se descompone, se dispersa y se disipa. En ella el pensamiento es nube, la voluntad vapor, la resolución crepúsculo, la acción se desenvuelve en sentido inverso y la rosa de los vientos gobierna al hombre. Obra confusa y vertiginosa en la que se discute el fondo de las cosas y en la que el pensamiento oscila entre el espectáculo que ofrece el cadáver del rey y el entierro de Yorick, en la que un fantasma representa a la realeza y la alegría se ve simbolizada por una calavera.

 

Hamletlet

Kant sobre Heidegger

  Con escena de travestismo incluida, por más señas. Es el único pasaje, creo, en el que habla Kant sobre Heidegger —que si bien no es muy...