Hoy lo tenemos por Zaragoza, después de la deposición de su firma de la Ley de Amnistía.
Lo
que hace en su vida privada es una vergüenza, pero menos grave que el
incumplimiento público y fragante (fragante a mierda, digo) de sus
funciones —al avalar el engaño, la estafa y la TRAICIÓN.
Lean
como lean la Constitución, ésa nunca puede ser ni la función ni la
obligación del Rey. Pero todo en este hombre es falso, fachada,
formalismo vacío, irresponsabilidad, corrupción y dejación.
Y esa corrupción de la jefatura del Estado corrompe al país entero.
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