jueves, 17 de septiembre de 2026
viernes, 4 de julio de 2025
Retropost, 2005: ¿Cómo sabes que exixto?
¿Cómo sabes que exixto?
A Ivo le gustan mucho los modelitos a escala de edificios para la promoción de urbanizaciones, sobre todo si tienen figuritas y coches. Hoy hemos descubierto uno en el que aparece él, talmente, cruzando un paso de peatones de la mano de una oronda señora, y le ha entusiasmado verse a través del cristal, miniaturizado:
- Papá, ¿cómo saben que exixto?
Pregunta muy razonable; pero lo hemos oído mal, y hemos pensado que Ivo decía "cómo sabes que exixto", y que ya filosofaba. Álvaro ha contraatacado con una hipótesis extraída de las Meditaciones Metafísicas-cum-Manual de Forestales Juveniles al uso de su generación, a saber, la Guía para la Vida de Bart Simpson:
- Es cierto, ¿cómo podemos estar seguros de que no estamos soñando todo esto, y que en realidad no somos un cerebro en un frasco de algún científico loco?
En efecto, Álvaro, nunca descartes esa posibilidad. A René le asaltó la duda del Genio Maligno siendo uno de los cerebros privilegiados de Europa —su razonamiento subsiguiente refutándolo se quedó un poco cojito, porque poniendo a Dios en el lugar del genio maligno no solucionamos gran cosa. En mi generación se pasaba esta crisis existencial cuando se te juntaban la adolescencia, el estudio de la metafísica, y la desconfianza hacia la Divinidad. Y ahora ya les llega a los niños la problemática trascendentalmente reducida o condensada a través de los Simpson, en forma de parodia de cine serie B. Yo me quedo con la duda de si el ver su propio cloncillo en miniatura le ha inducido a Ivo una meditación transcendental, y le vuelvo a preguntar:
- Oye, Ivo, ¿cómo sabes que existes?
- ¡Es cierto! ¿Por qué ahí exixtía?
Está visto que nuestra sustancia existente la construimos sobre la base de las imágenes que nos representan - (Aquí René Descartes, George Berkeley, Oscar Wilde, Jacques Lacan, Miguel Bosé y Bart Simpson, cantando en sexteto a capella:) "La vida es sólo fantasía...."
viernes, 14 de febrero de 2025
Being in the World
Being in the World. A
documentary film on Heidegger's phenomenological philosophy. Dir. Tao
Ruspoli. With Hubert Dreyfus, Leah Chase, Mark Wrathall, Bob Teague,
Hiroshi Sakaguchi, Ryan Cross. Photog. Christopher Gallo. Ed. Paul
Forte and Tao Ruspoli. Prod. Giancarlo Cavanesio and Christopher
Redlich. Mangusta/Lafco. YouTube 5 Nov. 2014.
Antes aquí: http://youtu.be/z9nEhrt5X1I
Ahora aquí: https://youtu.be/fcCRmf_tHW8
lunes, 4 de noviembre de 2024
Espectáculo que Dios se da
De Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, III:
Ante este terrible misterio de la mortalidad, cara a cara de la Esfinge, el hombre adopta distintas actitudes y busca por varios modos consolarse de haber nacido. Y ya se le ocurre tomarlo a juego, y se dice, con Renán, que este Universo es un espectáculo que Dios se da a sí mismo, y que debemos servir las intenciones del gran Corega, contribuyendo a hacer el espectáculo de lo más brillante y lo más variado posible. Y han hecho del arte una religión y un remedio para el mal metafísico, y han inventado la monserga del arte por el arte.
jueves, 25 de julio de 2024
Terrores metafísicos y otros problemas con la realidad
Retropost, 2014:
Entre los libros imprescindibles para conocer la estructura de la
realidad, que no son tantos, suelo recomendar Frame Analysis de Goffman, o su Interaction Ritual o su Strategic Interaction, pero también
The Social Construction of Reality,
de Berger y Luckmann.
Para mantener la realidad en estado puro es mejor no conocerla demasiado, sin embargo—son dos empresas divergentes, la de conocerla y la de mantenerla. Y las dos son todo un trabajo, pues ni se mantiene por sí sola—hay que apuntalarla constantemente con rituales y rutinas—ni desde luego se conoce por sí sola, que tiende a camuflarse detrás de esos rituales y rutinas y objetos cotidianos. Detrás de sí misma, por así decirlo.
Berger y Luckmann señalan a la conversación como el instrumento más importante de mantenimiento de la realidad, pero en seguida vemos que no es tanto lo que se dice en la conversación como lo no dicho, las presuposiciones, lo que más contribuye a mantener la realidad. Es decir, que el conjunto de la realidad conspira para mantener la realidad, en sus lugares asignados. Sobre las presuposiciones y la realidad proyectada de antemano algo dije, a cuenta de Goffman, en este artículo sobre la realidad como expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad.
La vida cotidiana es de por sí tanto la realidad más accesible como el instrumento o técnica de mantenimiento de sí misma más eficaz. De Berger y Luckmann me llaman la atención hoy sus incursiones en las otras realidades marginales que rodean (y a la vez constituyen) a la vida cotidiana, extraña manera de constituirla, por el procedimiento de diferenciarse de ella.
Quizá haya muchas personas sensibles a la
inestabilidad o precariedad de la realidad, pero pocos autores lo son,
o por lo menos no de esta manera tan reflexiva—las amenazas a la
realidad, y los procedimientos para mantenerlas a raya, no suelen
exponerse con tanta claridad como en este pasaje de La construcción social de la realidad:
In the social process of reality-maintenance it is possible to distinguish between significant others and less important others. In an important way all, or at least most, of the others encountered by the individual in everyday life serve to reaffirm his subjective reality. This occurs even in a situation as 'non-significant' as riding on a commuter train. The individual may not know anyone on the train and may speak to no one. All the same, the crowd of fellow-commuters reaffirms the basic structure of everyday life. By their overall conduct the fellow-commuters extract the individual from the tenuous reality of early-morning grogginess and proclaim to him in no uncertain terms that the world consists of earnest men going to work, of responsibility and schedules, of the New Haven Railroad and the New York Times. The last, of course, reaffirms the widest coordinates of the individual's reality. From the weather report to the help-wanted ads it assures him that he is, indeed, in the most real world possible. Concomitantly, it affirms the less-than-real status of the sinister ecstasies experienced before breakfast—the alien shape of allegedly familiar objects upon waking from a disturbing dream, the shock of non-recognition of one's own face in the bathroom mirror, the unspeakable suspicion a little later that one's wife and children are mysterious strangers. Most individuals susceptible to such metaphysical terrors manage to exorcize them to a degree in the course of their rigidly performed morning rituals, so that the reality of everyday life is at least gingerly established by the time they step out of their front door. But the reality begins to be fairly reliable only in the anonymous community of the commuter train. It attains massivity as the train pulls into Grand Central Station. Ergo sum, the individual can now murmur to himself, and proceed to the office wide-awake and self-assured.
E la nave va...
martes, 4 de junio de 2024
Retroprospección del Dasein
Hay en el marco del pensamiento de Heidegger sobre la existencia específicamente humana (o Dasein) una interesante reflexión sobre la retroprospección, más en concreto sobre la experiencia retroprospectiva de la muerte y del transcurrir de la vida. En su ensayo sobre "El concepto del tiempo" (1924), que esboza muchos de los temas de Ser y Tiempo, apunta Heidegger cómo la experiencia de la limitación temporal, la consciencia de la muerte, es inherente a la existencia humana. La retroprospección es por tanto una experiencia constitutivamente humana, aunque normalmente se halle atenuada:
En este contexto, el ser de la posibilidad es siempre la posibilidad [constituida] de manera tal que sabe de la muerte, las más de las veces, en este sentido: ya lo sé, pero no pienso en ello. Sé de la muerte las más de las veces en el modo del saber que retrocede. Como interpretación del Dasein, este saber tiene inmediatamente a la mano el disimular esta posibilidad de su ser. El Dasein mismo tiene la posibilidad de evadir su muerte.
Este haber-pasado, como aquél hacia el cual precurso, hace, en este mi precursar hacia él, un descubrimiento: es el haber-pasado de mí. A título de este haber-pasado, descubre mi Dasein en cuanto súbitamente no más ahí; súbitamente no soy más ahí junto a éstas y aquellas cosas, junto a éstos y aquellos hombres, junto a estas vanidades, estos subterfugios y esta parlotería. El haber-pasado desbanda todas las familiaridades (Heimlichkeiten) y ocupaciones, el haber-pasado se lleva consigo todo a la nada. El haber-pasado no es un suceso, un incidente en mi Dasein. Pues es su haber-pasado, no un algo (ein Was) en él, que acontezca, que lo asalte y lo altere. Este haber-pasado no es un Qué, sino un Cómo (Wie), y, ciertamente el Cómo propio de mi Dasein. Este haber-pasado, hacia el cual puedo precursar en cuanto que mío, no es un qué, sino el Cómo de mi Dasein sin más. (13)
La reflexión, y la filosofía, sacan a la luz esta retroprospectividad inherente o voluntariamente olvidada de la experiencia humana. O, puesto de otro modo, la reflexión y la filosofía ahondan en lo específicamente humano mediante la reflexión de estas dimensiones retroprospectivas de la existencia. Puede decirse que la tradición de filosofar sobre la complejidad de la experiencia temporal debe mucho a Heidegger. Nos enseñó mucho a ver cómo la prospección no pertenece únicamente al futuro o al presente, sino también al pasado, y cómo la comprensión retrospectiva de los acontecimientos (ese "saber que retrocede" en torpe traducción aquí) no es sólo cosa del pasado, sino que también se aplica, en algunas de sus modalidades, a la experiencia futura, o al presente. Hoy encontramos ese saber sobre el presente en las páginas de la prensa, esas páginas inauténticas—en este artículo de Oliver Burkeman que nos promete cambiar la perspectiva (temporal) sobre nuestra vida:
This Column Will Change Your Life: Hindsight—it's not just for past events.
Se verá aquí un énfasis en la vida, y no en la muerte. Y ciertamente el énfasis en la muerte, y en la eternidad, pesa desmedidamente en un ensayo sobre la especificidad de la experiencia humana. Las razones por las cuales olvidamos la muerte, razones que también son parte de la experiencia del Dasein, merecen atenderse más. Heidegger encuentra una Verfremdung brechtiana en la perspectiva sobre la vida que nos ofrece la retroprospección, el imaginarla ya transcurrida. Y es cierto—pero hay muchas perspectivas desde las cuales se puede desfamiliarizar la experiencia presente; y en nuestra experiencia vital no es "su más extrema posibilidad" siempre la más relevante, ni la que ofrece un punto de vista más auténtico o deseable.
El ser-ahí se dice de muchas maneras. No hay un punto de vista privilegiado sobre el tiempo, ni sobre la eternidad—todo punto de vista está situado y cada cual tiene sus condicionantes. Heidegger comienza citando a Einstein, pero en realidad es poco relativista. Todavía menos absolutismo perspectivístico puede encontrar lugar en un universo evolucionista, y no estático como el que (de modo ahora harto incomprensible) describía el propio Einstein. La eternidad es mala consejera, y mal rasero, sobre todo para los que vivimos un tiempo, y en el tiempo.
Ahondando en el papel que juega la retroprospección no sólo encontraremos más consciencia de la muerte, sino también más consciencia de la vida y sus complejidades. Y una experiencia del hereafter menos ambiciosa y más ajustada a la experiencia humana real, en sus prioridades y en su multiplicidad compleja. No vivimos sólo para la muerte y para la eternidad, sino también, y ante todo, para el presente, y para el futuro que será presente, y para el pasado que lo ha sido—para más allás más provisionales e inestables, para una vida que aún está por venir, aunque ya haya pasado, o quizá nunca vaya a existir.
viernes, 31 de mayo de 2024
Ignorar la mortalidad
Elogio de la irrelevancia irresponsable
Algunos dicen que hay que vivir para la muerte,
planteamiento ofensivo para los deseos e incluso para el buen gusto. Tienen
sin embargo a point
en el
hecho de que toda la vida humana y todo en sus prioridades tiene la
marca de la naturaleza humana, y la muerte, más aún, la consciencia de
la mortalidad, es parte integrante de esa naturaleza humana. Todo lo
que somos y todo lo que ha hacemos lo hacemos, de hecho, en última
instancia, porque somos mortales.
En esta terrible situación, la única aproximación que puede hacer la
vida humana a la inmortalidad, o a la indiferencia a la muerte, no
consiste en escapar realmente de ella (dado que en cierto modo
constituye el paisaje) pero sí en hacer lo contrario de vivir para la
muerte—vivir para la vida, y no prestar a la muerte sino la mínima
atención indispensable. Sólo en última instancia hay que llegar a la
última instancia. Ya le estoy dedicando demasiadas líneas.
La única manera posible de vivir como los imaginarios inmortales es
hacer un derroche de la vida—como si fuese no escasa y preciosa, sino
abundante y despilfarrable. No necesariamente un derroche ostentoso,
sino sencillamente pasar la vida en la medida de lo posible como si no
existiese la muerte—o como
si la vida no estuviese marcada por la muerte. Desoyendo a quienes nos
aconsejan vivir para la muerte, ya sean heideggerianos, legionarios, u
otros novios de la muerte.
Y es lo que hacemos, de
hecho—vivir la vida como la vivimos, la mayor parte del tiempo, con sabiduría
espontánea; como los
auténticos Olímpicos, sin dedicarla a nada que suponga ahorrar
méritos para nuestro estado muerto, sin ni siquiera ir buscando ningún tipo de
intensidad o culminación de la vida.
Pues hay en esos trayectos de vida ejemplares o culminantes, en
realidad, un trayecto hacia la muerte, una consciencia de la mortalidad
—tenemos que
hacer algo de utilidad porque tenemos la espada de Damocles de la
extinción total (nuestra y de todo lo que apreciamos, y de todo lo demás
también) perpetuamente encima. Tampoco es que lo que hagamos de útil
vaya a cambiar para nada esa situación, sustancialmente considerada. Y
de hecho hasta los inmortales mueren, o los matan, en muchos de los
mundos paralelos —mundos de ficción— donde viven. No nos diferenciamos apenas nada de ellos.
Por tanto, el tiempo mejor empleado es el dedicado a vivir esta vida
real que es tan irreal, el
mayor de los videojuegos de realidad virtual — recreándonos
inmersivamente en su propia irrealidad—en las cosas
insustanciales—dedicando nuestro tiempo y atención al
fútbol (aunque no en mi caso), al presente, a descubrir infinite riches in a little room, a
las ensoñaciones, daydreaming o nightdreaming, a retorcar fotos, a
escuchar conferencias sobre los paradigmas, y a escribir blogs. A
sestear
bajo las ramas, a embarcarse en actividades irrelevantes que ni son
narrables ni nos acercan un centímetro más a la cumbre de los tiempos.
¡Hey, eso incluye leer a Heidegger!
domingo, 28 de abril de 2024
La perspectiva dominante sobre el sistema combinatorio
La perspectiva dominante sobre el sistema combinatorio—y la angustia de saberse copia https://www.academia.edu/32089973/
lunes, 24 de julio de 2023
Implicarse en el juego
domingo, 13 de febrero de 2022
sábado, 18 de diciembre de 2021
viernes, 3 de septiembre de 2021
Operating System of Civilization Just Changed
Harari, Yuval Noah. "The next 50 years: humanity, AI, power | Yuval Noah Harari." Interview by Tom Parker...
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Freud ante la esfinge: Profecías autocumplidas, interpretaciones autointerpretables https://www.academia.edu/63138559/
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An introductory audio to one of my papers on Diderot: _____. "Garrick, Shakespeare, and the Player's Paradox...

