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viernes, 1 de mayo de 2026

Bibliografía sobre SUEÑOS

 

Bibliografía sobre SUEÑOS: 

https://bibliojagl.blogspot.com/2026/04/suenos.html 

Decía Kant en su Antropología que era sólo la discontinuidad de nuestros sueños cada noche, frente a la continuidad de la vida despierta, lo que nos permitía dar a esta última una mayor prioridad de realidad sobre nuestra vida onírica. 

Claro que también se da el caso de los sueños que se reanudan día tras día y noche tras noche, sobre todo en el caso de esos sueños lúcidos que son las series televisivas... es ésta la manera en que las series atentan contra nuestro sentido de la realidad más que las películas aisladas, que son como los sueños inconexos.

Yo sueño que estoy aquí...

 


  

lunes, 27 de abril de 2026

Kant sobre Heidegger

 

Con escena de travestismo incluida, por más señas. Es el único pasaje, creo, en el que habla Kant sobre Heidegger —que si bien no es muy conocido en España, al parecer sí habían llegado noticias suyas a Königsberg. Esto viene de una sección sobre fisiognomía en la Antropología de Kant. En fin, ahí va el pasaje en cuestión:

 

Heidegger, un músico alemán residente en Londres, era un varón de figura estrafalaria, pero despierto, inteligente, de cuya compañía gustaban, por su conversación, las personas distinguidas. Cierta vez, en un merienda, ocurriósele sostener contra un lord que era la cara más fea de Londres. El lord reflexionó y apostó que le presentaría otra todavía más fea, y entonces hizo llamar a una mujer borracha, a la vista de la cual la reunión entera prorrumpió en una estruendosa risa y exlamó: "Heidegger, habéis perdido la apuesta." "No tan aprisa—replicó este—: vamos a ponerl a la mujer mi pelucay yo me pondré su cofia; entonces veremos. Hecho así, casi se asfixiaban de risa, pues la mujer parecía un hombre perfectamente amanerado y el pícaro de Heidegger una bruja. Esto prueba que para llamar a una persona hermosa, o al menos pasablemente linda, no hay que pronunciar el juicio en términos absolutos, sino sólo relativos, y que para un hombre ingenioso una persona no se puede llamar fea porque no sea precisamente linda. Solamente las manifestaciones asquerosas de enfermedades en el rostro pueden autorizar a emplear esta expresión.

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

De la pura apariencia moralmente permitida

 

Un pasaje un tanto dramatístico de la Antropología de Immanuel Kant. Es la sección 14 de la "Didáctica antropológica" (Alianza, 69-72).

 

De la pura apariencia moralmente permitida

 

§14. Los hombres son, ene general, cuanto más civilizados, tanto más comediantes; toman la pura apariencia de la afección, del respeto a los demás, de la modestia, del desinterés, sin engañar con ello a nadie, porque cada uno de los demás, con tal que no se apunte particularmente a él, está conforme, y está también muy bien que así suceda en el mundo. Pues al haber personas que representen este papel, acaban por ir despertándose realmente las virtudes cuya pura apariencia se limitan aquéllas a fingir durante un cierto espacio de tiempo, y llegan a influir en el carácter. Pero el engañar al engañador que hay en nosotros mismos, las inclinaciones, es a su vez un retorno a la obediencia a la ley de la virtud, y no un engaño, sino una inocente ilusión de que nos hacemos objeto a nosotros mismos. 

Por eso el sentir repugnancia de la propia existencia, por tener vacío de sensaciones el espíritu, que tiende incesantemente a procurárselas, o sea, por el aburrimiento, en el que se siente al par el peso de la inercia, esto es, del hastío de toda ocupación que pudiera llamarse trabajo y acabar con aquella repugnancia, por ir unido con molestias, es un sentimiento sumamente ingrato, cuya causa no es otra que la natural inclinación a la comodidad (a un reposo al que no precede ninguna fatiga). Pero esta inclinación es engañosa, incluso con vistas a los fines que la razón impone como ley al hombre, para estar contento consigo mismo, cuando no hace absolutamente nada (vegeta sin finalidad), porque no hace nada malo. 

Engañarla, por tanto, a su vez (lo que se puede hacer cultivando las bellas artes, pero las más de las veces por medio de la conversación) se dice pasar el tiempo (tempus fallere), expresión que indica el designio, a saber, de engañar a la inclinación misma al descanso ocioso, ya entreteniendo el espíritu con el cultivo de las bellas artes, ya simplemente interviniendo por mero juego sin finalidad en una lucha pacífica y cultivando al menos el espíritu; en caso contrario, se llamaría matar el tiempo. Por la fuerza no se ha conseguido nunca nada contra las inclinaciones sensibles; es menester burlarlas, y como dice Swift, darle a la ballena un tonel para jugar, a fin de salvar el barco. 

(Nota: Jonathan Swift (1667-1745), "Cuento del tonel" (V).)

La naturaleza ha implantado sabiamente en el hombre la propensión a dejarse engañar con gusto, incluso para salvar la virtud o llevar a ella. Las buenas y honradas maneras son una apariencia exterior que infunde a los demás respeto (no hacerse vulgar). Sin duda que la jovencita no estaría muy satisfecha si el sexo masculino pareciese no rendir homenaje a sus encantos. Pero la modestia (pudicitia), una violencia que la persona se hace a sí misma para ocultar la pasión, es como ilusión muy saludable para poner entre uno y otro sexo la distancia que es necesaria para no rebajar al uno al papel de mero instrumento del goce del otro. En general, es todo lo que se llama decencia (decorum) de la misma índole, a saber, nada más que una pura bella apariencia.

La cortesía (politesse) es una pura apariencia de condescendencia que infunde amor. Las reverencias y toda la galantería cortesana, junto con las más cálidas afirmaciones de amistad, no siempre son precisamente una verdad ("mis queridos amigos, no hay un amigo", Aristóteles,

(Nota: En la Ética eudemia, VII, c. 12: "oudeis filos, o polloi filot". Más exactamente concuerda con la cita de Kanta la frase de Diógenes Laercio, V, 10: "o filot, oudis filos" [¡Oh amigos!, no hay ningún amigo] (K.).

mas tampoco engañan, porque todo el mundo sabe cómo debe tomarlas, y principalmente porque estos signos de benevolencia y de respeto, inicialmente vacíos, conducen poco a poco a tener realmente un carácter de esta índole.

Toda virtud humana en el trato social es moneda de vellón; niño es quien la toma por verdadero oro. Es, empero, mejor tener en circulación moneda de vellón que carecer de un medio como éste, y finalmente puede cambiarse por oro puro, aunque sea con una pérdida considerable. Considerarlas como puras fichas de juego, que no tienen por sí ningún valor; decir con el sarcástico Swift: "La honradez es un par de zapatos que han pisado en la inmundicia", etc.

Nota: Op. cit.  (V.).

o como el predicador Hofstede,  en su ataque al Belisario  de Marmontel, calumniar incluso a un Sócrates,

Nota: Hofstede, profesor reformado-ortodoxo de Teología en Rotterdam, escribió una obra, El Belisario publicado por el señor Marmontel, juzgado (Leipzig, 1769), cuyo capítulo 23, "El filósofo griego Sócrates desenmascarado", provocó una viva polémica. (K.)

para impedir que nadie crea en la virtud, es una alta traición cometida contra la Humanidad. Hasta la pura apariencia del bien en los demás ha de sernos estimable; porque de este jugar con ficciones que imponen respeto, sin merecerlo quizá, puede salir a la postre una cosa seria. Solamente la pura apariencia del bien en nosotros mismos ha de borrarse sin compasión y ha de arrancarse el velo con que el amor propio encubre nuestros defectos morales; porque  la pura apariencia engaña allí donde lo que carece de todo contenido moral induce a figurarse borrada la propia culpa o a rechazarla y convencerse de no ser culpable de nada, por ejemplo, cuando el arrepentimiento por las malas acciones al llegar al término de la vida se pinta como una verdadera corrección, o una transgresión premeditada como una debilidad humana.

 

 

Paying Attention to Attention

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