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lunes, 10 de agosto de 2026

Ibsen in Modern Arabic Drama and Theater

 

Al-Jezawi, Hanan K., and Mahmoud F. Al-Shetawi. "Ibsen in Modern Arabic Drama and Theater." Forum for World Literature Studies 12.3 (2020): 439-57.*

https://fwlsjournal.org/journal/vol-12-no-3-2020/

https://fwlsjournal.org/journal/vol-12-no-3-2020/#book20_1

2026

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Embedded Dialogue

 

Martínez-Falero, Luis. (U Complutense de Madrid). "Character Focalization and Forms of Speech Representation: Embedded Dialogue." In Storyworld Possible Selves and Character Intersubjectivity. Ed. María-Ángeles Martínez. (Narratologia, 96). Berlin and Boston: De Gruyter, 2025. 175-87.*

https://doi.org/10.1515/9783111481579-010

         https://www.degruyterbrill.com/document/doi/10.1515/9783111481579-010/html

         2025

         Online at Academia.*

         https://www.academia.edu/144038008/

         2025

sábado, 25 de julio de 2026

Browning's Oriental plays

 

Al-Jezawi, Hanan Khaled. "The Refined Image of the Oriental in Browning’s Two Victorian Plays: A Psychoanalytic Reading." International Journal of Arabic-English Studies (IJAES) 22.1 (2022): 65-78.*

https://doi.org/10.33806/ijaes2000.22.1.4

2026

jueves, 16 de julio de 2026

Composing Drama

 

Un artículo de semiótica teatral. En el que se me cita de pasada.

Jahn, Manfred. "Composing Drama." 2021. Academia.*

         https://www.academia.edu/46997795/

         2026

lunes, 29 de junio de 2026

El Retablo de Maese Pedro según Ortega

Un párrafo de "Las interpretaciones del Quijote" de Anthony Close:

 

"Para ortega, el Quijote es un llamamiento a los españoles para que domeñen la sensualidad anárquiva inherente a su cultura y reivindiquen su herencia teutónica la meditación, en un sentido lato del término. En efecto, sin mencionar a Unamuno, Ortega contrasta el vitalismo irracional de aquél con su propia filosofía de la razón vital. Para Ortega, la alucinación de Don Quijote, que toma por gigantes los prosaicos molinos de viento del campo de Montiel, simboliza el eterno esfuerzo en el que se debate la cultura toda por dar claridad y seguridad al hombre en el caos existencial en que se halla metido. El error quijotesco, pues, es heroico y ejemplar. Pero no constituye en absoluto una advocación de un racionalismo absracto, aisldo en su torre de marfil. Al enfrentar el plano del mito, propio del género épico, con el plano de la tosca realidad, vinculado con la comedia, Cervantes define la misión de la cultura en el mundo moderno y el tema del género híbrido encargado de expreas su Weltanschauung: la novela. Esa misión consiste en proclamar un nuevo valor, distinto a las verdades absolutas o a las consabidas tradiciones milenarias: la vida, radicada en el yo  de cada ser humano. Tal es el sentido de la aventura del retablo de maese Pedro. De la misma manera que don Quijote se halla imantado por la ilusión teatral hasta el punto de creer verdaderos los sucesos representados en el retablo, asimismo el lector se halla sutilmente sugestionado por la ilusión novelesca, arrastrado hacia su interior, gracias al truco mediante el cual Cervantes opone ilusión (el retablo y lo que representa) a realidad (el cuarto del mesón y los espectadores allí reunidos). De esta manera, el lector percibe que la alucinación de don Quijote simboliza el voluntarismo autocreador en que consiste la existencia humana, obligada a alzar el vuelo del plano cotidiano hacia un "más allá" de ideales subjetivos.Como veremos, las sucintas páginas dedicadas a la aventura del retablo de maese Pedro son el punto de arranque de dos corrientes de crítica literaria que surgen después de la Guerra Civil española: el existencialismo y el perspectivismo.

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Ackroyd's Shakespeare

 Retropost, 2006:



Tras la excelente biografía de Stephen Greenblatt, Will in the World, aparece Shakespeare: The Biography, de Peter Ackroyd, y nos ofrece un Shakespeare con muchos puntos en común con el de Greenblatt, pero menos genial: un hombre casi al margen de su obra, un personaje práctico, sin ningún idealismo ni generosidad, un negociante y un prosaico trabajador de las letras, o más bien del teatro. Si bien Ackroyd nos recuerda una vez y otra los puntos inciertos de la biografía y persona de Shakespeare, muchas veces se aventura en conjeturas, hilando los datos con hipótesis, y nos ofrece así en las distintas secciones de su libro una carrera que, si bien es plausible, también es un tanto atípica entre los biógrafos de Shakespeare, por la asociación que postula de éste con tantas compañías teatrales.

Así, tenemos como fases de la vida de Shakespeare las siguientes: Stratford-upon-Avon - The Queen's Men - Lord Strange's Men - The Earl of Pembroke's Men - The Lord Chamberlain's Men - New Place - The Globe - The King's Men - Blackfriars. Se observará una ligera descompensación, más peso dado a los primeros años, y es que Ackroyd coloca mucho énfasis en la ambientación local (especialidad de Ackroyd—o una de ellas): "the sense of place that binds and determines the nature of those who grow up on a certain spot of ground" (8). Así, Shakespeare, aunque trabajase en la ciudad, venía del campo, de Stratford: "It remained the centre of his being" (44). Bonito, por ejemplo cómo analiza Ackroyd la etimología de "Stratford-upon-Avon", en la que convergen los idiomas céltico, inglés y latín, o cómo observa que en el arco número 18 del puente de Stratford se sigue haciendo un remolino que aparece en una imagen de The Rape of Lucrece. Impactante la descripción de la comunidad criptocatólica de Stratford (porque el Shakespeare de Ackroyd, si bíen descreído, tiene sus raíces en la "vieja fe"). Contactos familiares, disciplina paternalista y férrea en la sociedad, agudo sentido de la comunidad, de la vergüenza y de la observación mutua, con nula intimidad, en el ambiente social temprano de Shakespeare; no hay vida "privada": algo tanto más notable al ser Shakespeare uno de los poetas que han desarrollado el sentido de la interioridad y la subjetividad (16). Y allí en Stratford, Shakespeare era un burgués, no un humilde campesino, y buscaba los provechos del burgués sin ningún sentimentalismo y con alto sentido del negocio. La ruptura oficial con la "vieja fe" católica y la diferencia entre el campo y la ciudad también acentúan el sentido de transición social y de crisis de valores tan prominente en sus obras, "time out of joint"....

Magnífico el repaso de Ackroyd a los círculos familiares y vecinales de Shakespeare, chapeau. Es curioso el sentido chistoso u obsceno del nombre de Shakespeare (20)—creo que Shakespeare hace alusión a él en el soneto 151, cuando dice a su dama que su carne "rising at thy name doth point out thee"... No se corta Ackroyd de usar las abundantes leyendas imposibles de comprobar sobre Shakespeare; después de todo, es lo que tenemos, y una frase del tipo "suele haber parte de razón tras una leyenda" reaparece numerosas veces en el libro (p. ej. sobre el grano de verdad de las tradiciones teatrales, 235). Incluso la leyenda de Shakespeare como cazador furtivo la lleva Ackroyd hasta especulaciones un tanto remotas de su base, según admite (75). En menor proporción que el libro de Greenblatt, Ackroyd utiliza la obra para hacer lecturas biográficas de ella. Sólo en menor proporción porque Ackroyd elige centrarse menos en la obra a todos los efectos. El biógrafo no tiene otra cosa que hacer con las obras que sea de su incumbencia, y tanto Greenblatt como Ackroyd lo hacen maravillosamente (patéticas y ciegas parecen, en comparación, las objeciones de los críticos que quieren ignorar la conexión entre el autor y la obra). Así pues, vemos que ningún dramaturgo isabelino utiliza tantas alusiones domésticas como Shakespeare, o que en Hamlet se presupone una doctrina católica del purgatorio, algo a relacionar con el hecho de que la madre y la hija de Shakespeare fueran católicas...

Leía mucho Shakespeare, y su educación era latinizante y retórica: ya estaba entrenado desde la escuela para argumentar, teatralmente, un lado u otro de una cuestión, y a dar importancia central a la elocuencia. Shakespeare era una mente vivaz, práctica, rápida. "Prefiere los principios de los libros o de las Escrituras, a sus conclusiones" (54). Siendo un muchacho privilegiado en el pueblo, supuso para él una crisis la pérdida de prominencia o crisis financiera o problemas religiosos de su padre, antiguo alcalde, aunque Greenblatt ponía en esto más énfasis que Ackroyd. En cualquier caso, "If the nominal head of the family has failed, it becomes quite natural to create an idealised patriarchy or an idealised relationship between father and son" (Ackroyd 69) - Shakespeare también extrajo de aquí probablemente la determinación de no fracasar, de no buscarse problemas por cuestiones de religión, y de atrincherarse financieramente, sin compromisos con ningún tipo de idealismos. Por cierto, que por debajo de las alabanzas superficiales a su señora la reina (en El sueño de una noche de verano) se trasluce en la obra de Shakespeare una hostilidad hacia Isabel, la destripadora de curas y decapitadora de católicos. Así cuando bautiza con el nombre de Somerville (uno así llamado quiso asesinar a la reina) a un paisano ficticio suyo, en Henry VI. El teatro sirvió en cierto modo de sustituto a los elaborados rituales católicos (supongo que empezando por el teatro católico); "It fulfilled the audience's appetite for significant action and iconic form" . . . "Shakespearian tragedy, in particular, has some deep affinity with the experience of Catholic worship and the sacrifice of the Mass" (367). Elementos de ideología católica hay reconocibles en Shakespeare: así la distinción entre el hombre falible y la función sagrada del rey...; también contempla Shakespeare con escepticismo las escenas de juramentos públicos (algo de esperar en quien procede de una familia de criptocatólicos). Sus frailes en Romeo and Juliet y Much Ado aconsejan mentir como mal menor para alcanzar un bien mayor. King Lear o Pericles eran obras favoritas en círculos católicos, por su calidad un tanto hagiográfica. Pero poco más le permite a Shakespeare su prudencia (o su posible descreimiento...). Ya es bastante alarmante haberse visto mezclado indirectamente en la conspiración de Essex.

Fuesen lo que fuesen sus creencias particulares, poco dogmáticas sin duda, o sus lazos sociales y familiares con la vieja religión, Shakespeare debió ser "oficialmente" un anglicano conformista, si no no hubiera podido ser padrino de sus ahijados. (Nótese en un curioso parlamento de Love's Labour's Lost, sin embargo, su escepticismo hacia la figura de los padrinos). Ackroyd (que es católico, y ha escrito abundantemente sobre la Inglaterra católica) duda sobre la religiosidad de Shakespeare, aunque se inclina por creer que, criado en una familia criptocatólica, conservó simpatía hacia esa fe, si bien optando por conformarse superficialmente al anglicanismo, como tantos contemporáneos. No hay pruebas concluyentes de que Shakespeare fuese católico practicante.

So there is only evidence by default. He seems to have avoided attending Anglican worship. There is no record for him in the token books (to prove that he had received holy communion), or vestry minute books of Southwark; he may have moved in with the Mountjoys since, as a member of a Huguenot household, he was not bound to attend the Anglican service. But, on the other hand, there is also no reference to him in any of the prolific records of Catholic recusants. he made no protest and incurred no fine. Once more he becomes invisible.That invisibility, or ambiguity, is reflected in his work itself. Despite the myriad allusions to the old faith, Shakespeare in no sense declares himself. In the tragedies, for example, the religious imperatives of piety and consolation are withheld; these are worlds with no god. (...) The church bells did not summon him to worship. They reminded him of decay and time past. Just as he was a man without opinions, so he was a man without beliefs. He subdued his nature to whatever in the drama confronted him. He was, in that sense, above faith (473-74).
Seis de sus conocidos murieron por su asociación al catolicismo... razón más que suficiente para ser prudente. Y sin embargo ahí está la discreta conexión social con círculos católicos. Hasta la casa que Shakespeare compraría en Londres en 1613 al lado de Blackfriars tenía (como indica el nombre) conexiones con el catolicismo, y con el criptocatolicismo. Y en lo tocante a los primeros años de su carrera teatral, apuesta fuerte Ackroyd por la conexión "Lancashire" de William "Shakeshafte", y a través de ella por la conexión con Ferdinando Stanley, Lord Strange. (Que tenía compañía dramática propia, en la que pudo quizá iniciarse Shakespeare). La familia Stanley es bien tratada en las obras históricas, quizá como homenaje a un mecenas (151). Aún en 1611, un tal "Wilhelmi" devuelve a la biblioteca de la viuda de Lord Strange un ejemplar de Plutarco que le habían prestado... Lord Strange, quizá asesinado a consecuencia de las conspiraciones en torno al trono de Elizabeth, era parte prominente del círculo criptocatólico. Es también curiosa, e intrigante, la anécdota de la muerte de Katherine Hamlett en el río Avon, por las fechas en que Shakespeare "viaja" al norte; aunque la conexión con Shakespeare podría ser tanto inexistente como muy profunda. En cualquier caso, tras su hipotético paso por el norte, Shakespeare vuelve a Stratford, donde se casa en un matrimonio de conveniencia, según Ackroyd. Aquí va éste a contrapelo de las interpretaciones usuales: no tiene nada Ackroyd contra Anne Hathaway, y coge siempre la interpretación que menos quema sobre la distancia entre Shakespeare y su esposa: ni siquiera le parece ofensivo al biógrafo lo de que a Anne le legase únicamente su "segunda mejor cama" después de haber pensado inicialmente no legarle nada. Separación sexual sí hubo de hecho: ­­ ¿"quizá el nacimiento de Hamnet y Judith le causó algún tipo de daño" a Anne? (100). Y el matrimonio no pudo ser completamente feliz, o no se hubiesen separado. En cualquier caso, el Shakespeare de Ackroyd es en su vida privada un businessman que no tiene tiempo para rencores ni rencillas; simplemente actúa como cualquier otro parroquiano en cuanto puede permitírselo. Tampoco quiere especular Ackroyd con "Anna Whateley de Temple Grafton" con quien supuestamente se iba a casar un bígamo Shakespeare... es sencillamente Anne Hathaway.

Y durante un tiempo fue Shakespeare posiblemente un humilde pasantillo antes de dedicarse al teatro; de ahí la obsesión con términos y documentos legales en su lenguaje. Se unió quizá a los Sirvientes de la Reina hacia 1587, cuando visitaron Stratford, y así viajó a Londres. Por cierto, de Stratford a Londres en jet (o sea, en caballo) había más distancia que hoy en día de Stratford a New London, Connecticut: dos días...
Londres: un hervidero de gente (un tercio de la población de Zaragoza hoy...), mescolanza social, peste, insalubridad y alta tasa de mortalidad: "The expectation of a relatively short life must have affected the conduct and attitude of many Londoners. They were consigned to a short burst of existence with the evidence of disease and mortality all around them. Their experience was all the more vital and intense. This is the proper context for the growth of drama" (111). Era el lugar donde poder a la vez mantener lazos en secreto y desprenderse de otros no deseados, el lugar de la ambición y el ascenso social... el teatro del mundo, el lugar idóneo para Shakespeare (112). Es el nodo de la modernidad, donde suceden las experiencias que jamás han tenido lugar antes. Y es un sitio intrínsecamente teatral: "More and more significantly the city itself became a form of theatre. London was a forcing house for dramatic improvisation and theatrical performance. It encompassed the ritual recantation of the traitor at the scaffold and the parade of the merchants at the Royal Exchange. It was the world of Shakespeare" (114). El teatro es "heightened life", pero es intensificación de una vida que ya es teatral de por sí. (Hay aquí, claro, en especial en un teatro tan metadramático como el de Shakespeare, un potente fenómeno de realimentación entre realidad y representación). Los encuentros casuales, el comportamiento de las masas... Y el igualitarismo potencial de todos los actores bajo su disfraz. Otras tantas experiencias de la ciudad que alimentan el teatro de Shakespeare. Ackroyd, el novelista de la sedimentación histórica de Londres, es especialmente bueno siguiendo a Shakespeare por sus barrios y alojamientos y movimientos por la ciudad. Un lugar muy insalubre, por cierto, el Londres de Ackroyd.

Socialmente, el Bardo es el apologista del poder real; desprecia a los artesanos incultos, y es enemigo de los movimientos del populacho (así, se sale de sus fuentes para vilificar al rebelde Jack Cade). Observa Ackroyd también a Shakespeare el observador del lenguaje no verbal, al irónico, al que no aguanta la solemnidad y no puede resistirse a mofarse de ella. Un personaje quizá prudente en su comportamiento social, pero posiblemente agudo y punzante en privado. Y a ello se mezclaba su capacidad de proyección: "he had a sympathy so fine that no belief could injure it" (124). En cuestiones de dinero, iba muy a lo suyo y sin ningún idealismo ni sentimentalismo. Trabajador y ahorrador como la hormiga que desprecia Robert Greene; también buen negociante. Y posiblemente con conflictos interiores (proyectados a su drama), con tendencia a la melancolía y al asco de sí mismo. Una combinación compleja, claro: como de todo hay en Shakespeare, de algún sitio tiene que venir. Pero Shakespeare está a la vanguardia de la consciencia humana en algunos sentidos. "If human will rather than providence was the source of significant event, then drama had found a new subject. It could be said that Shakespeare was present at the invention of human motive and human purpose in English history" (181). El teatro ayuda así a concebir la historia como resultado de las acciones humanas.

Shakespeare reelabora las convenciones para expresar su visión personal, y eso le lleva a reinventar los senderos de la consciencia humana (196). Hasta en la variabilidad de su nombre (Shakspeare, Shaxberd) ve Ackroyd una indicación de la fluidez de este personaje, cuya presencia en el mundo no estaba plenamente determinada. En dos documentos, "signed within hours or even minutes of each other, he signs his name in two completely different ways" (200). De hecho, otra cuestión peculiar en la sensibilidad de Shakespeare es la alienación de sí: "Self-estrangement has become so obvious a topic of Shakespearean commentary that it is often forgotten that it is peculiar to, and symptomatic of, his genius" (193). Es la experiencia íntima del actor, y quizá más del dramaturgo-actor, que es por otra parte quien está en situación de dramatizarla explícitamente.

"There is a phrase in the 121st sonnet, the words of which echo through his plays, 'I am that I am'. It is of course a repetition of God's words to Moses on Mount Horeb. Burt the phrase may also be compared to Iago's remark that 'I am not what I am'. Shakespeare is both everything and nothing. He is many and yet no one. It might almost be a definition of the creative principle itself, which is essentially a principle of organisation without values or ideals. . . . His presence is conspicuous by its absence. He had an excess of selflessness, a negative so deep that it became a positive. This may have been at first a matter of instinct, or of vital necessity, but at some point it became part of a deliberate pattern" (313).
El primer teatro del Londres isabelino no fue The Theatre de James Burbage, sino The Red Lion en Mile End (1567), de John Brayne, cuñado por cierto de Burbage, y que construiría The Theatre a medias con él. Había habido teatros, claro, en el Londres romano, y hay alusiones a teatros en documentos medievales. O sea que quizá los teatros isabelinos no sean tan radicalmente nuevos como se suele decir.

Convenciones del teatro isabelino... "On the stage of the Globe an actor would enter at one door and exit at another. When a character or characters left the stage, they would not be the first to appear in the subsequent scene. There were important principles, designed to lend the impression of a dramatic world in process; theatrical life continued, as it were, "behind the scene." There was an illusion of a flowing imaginative world, of which the actors on the stage were the visible token" (354). Los espacios son fluidos, abstractos; la actuación e interacción lo era todo: "The actor would come forward, and then deliver his lines to the audience. He did not enter a particular location; he entered in order to address or confront another actor" (355). Había una mínima coordinación por parte del "book-keeper", pero no se dirigía la actuación del actor. Aunque hay una tradición de que Shakespeare "instruyó" a algunos actores sobre cómo interpretar tal o cual personaje. El libro, por cierto, era cosa única, preciosa, y autorizada por la firma del Master of the Revels. Los actores sólo tenían transcripciones de sus papeles, no de la obra entera. En caso de roles múltiples, hacen falta como mínimo 27 versos intermedios para permitir a un actor el cambio de papel, dice Ackroyd. Es moderno Ackroyd en su concepción de la "versión final" de la obra: no existe tal, sino que la obra es un proceso colaborativo, "it is never finished, in other words, but subject to a continuous and inevitable process of change" (364). En Hamlet, modelo y cumbre, el personaje es fluido, nunca fijo en una actitud, y sus monólogos son los de una mente en proceso de desarrollo: "in this play he refines his art to the extent that the soliloquy seems to become the index of evolving consciousness. It is no longer a summary of 'this is what I am' but, rather, of 'this is what I am becoming' (396).

Shakespeare también es flexible, oportunista en su uso de los materiales, improvisa, va directo a lo que puede usar, "His knowledge ... is extensive rather than profound; his alertness and power of assimilation were unique, so that he seems to know 'more' than his contemporaries. He picked up everything" (429). "It is also worth noticing that the first scenes of the play are also the most inventive. That is frequently the case in Shakespeare's dramaturgy, where he is often more spirited and emboldened at the beginning of each enterprise" (435).

Actor de papeles secundarios, Shakespeare haría quizá del Fantasma en Hamlet, y de Prólogo en Enrique V. Ackroyd desmiente la interpretación más habitual de la carrera de Shakespeare, y coloca sus primeras obras, en primeras versiones, en los años 1580. Así da a su carrera un aspecto global más coherente ("on the assumption that he began his playwriting career in 1586 or 1587, the rate of composition remains approximately the same throughout his life" 436). Quizá los primeros años de Shakespeare en Londres eran los años del primer Hamlet (¿de Shakespeare posiblemente?). Se reinterpreta aquí su colaboración con diversas compañías y dramaturgos (Kyd, Marlowe, Lord Strange's Men, The Queen's Men...). Tampoco establece Ackroyd una diferencia radical entre lo que es y lo que no es de Shakespeare, pues éste dramatizaba relatos o quizá retomaba viejas obras revisándolas, quizá en compañía... no se sabe. "There may, in other words, be a great deal more Shakespeare than is currently included in scholarly editions" (152). Y las obras tal como nos han llegado no están "acabadas", son versiones siempre provisionales, quizá variables en cada representación. El texto, así, también es fluido. Shakespeare revisaba sus obras, hacía versiones cortas y largas; el primer Hamlet que tenemos no es un bad quarto, sino una versión intermedia de una obra anterior, versión con características propias, y que luego sufrió añadidos, revisiones... "His was always a work in progress" (450).

No hay pues "años perdidos" para Ackroyd. Así, en 1588 su Shakespeare pasa (con paso casi firme) de los Queen's Men a los Lord Strange's Men (que según Henslowe tenían un "harey the vi", probablemente una versión temprana del de Shakespeare). O tomemos por ejemplo esta frase de Nashe en 1589, diciendo que "English Seneca read by candle light yeeldes manie good sentences, as Bloud is a begger, and so foorth; and if you entreat him faire in a frostie morning, he will afford whole Hamlets, I should say handfuls, of tragical speeches. But o griefe! Tempus edax rerum, where's that will last always?" (155). Hay dos "will" en esa frase, por cierto. Otros envidiosos criticaban a Shakespeare, no sólo Greene. Y hacia 1590-91 hasta se mezclan promiscuamente las compañías teatrales y tenemos a Shakespeare en compañía de Edward Alleyn—¡como en Shakespeare in Love, vamos!—aunque sin Henslowe. Hasta Spenser alude a Shakespeare en Colin Clout's Come Home Again (1591):

A gentler shepherd may nowhere be found:
Whose Muse, full of high thought's invention,
Doth like himself heroically sound.

Y hasta pudo pasar Shakespeare por los Earl of Pembroke's Men, antes de acabar en su grupo estable, los Lord Chamberlain's Men. Con estos actuó en unas ochenta localidades y 30 casas nobiliarias, además de en Londres. Un Shakespeare más viajero de lo habitual.
Era un trabajo intensivo el del teatro, representar una obra distinta cada día seis días a la semana, constantemente retomando obras viejas y ensayando obras nuevas... el teatro demandaba autores. Shakespeare aprende de sus colegas y los imita: a Lyly, a Kyd, a Marlowe. Con Kyd lo asocia su falta de formación universitaria. Era Marlowe la voz más personal e impresionante (en la ambición sin límites de Tamerlán reconocemos la de su autor). Shakespeare se apropia de esa voz: es actor y autor, el primer autor que sale de las filas de los actores. Ackroyd sigue sus hipotéticas giras con las compañias por distintas ciudades, con más detalle que otros biógrafos. En tanto que actor, hará un teatro fundamentalmente de hombre del teatro, no de literato. A Ackroyd, que escribió un libro sobre el travestismo, le interesa, claro, este fenómeno en la experiencia teatral de la época, tanto hombre vestido de mujer. Como en el caso de los Sonetos, tampoco aquí Ackroyd nos da un Shakespeare gay, ni siquiera bisexual, sino más bien teatral, juguetón, ambiguo y escurridizo:
No other dramatist employed the devices of cross-dressing so frequently or so overtly as Shakespeare. It is clear why he was enamoured of it. It is ingenious and strange, allowing much subtle play and allusiveness. It offers rich comic possibilities, but it also invokes the spirit of sexual liberty. It is perverse and pervasive, representing the licence of Shakespeare's imagination. (482)
Y también enfatiza el trabajo de los actores como trabajo en equipo, con Shakespeare haciéndolos y ellos haciéndolo: "It was a society of friends and colleagues, in other words, with common interests and common obligations". Y fue ésta la generación que creó al actor como artista, por encima del vagabundo y el acróbata (226-227). Al énfasis de Shakespeare en la interioridad y la psicología se une una nueva manera de actuar desarrollada por Burbage y sus contemporáneos, "a style of acting in which the player tried to feel or express that passion. This new emphasis can be identified with the new role of individualism in social and political life, displacing any sense of symbolic or divinely appointed hierarchy" (229). Además, por necesidad en obras tan populosas, se doblaban muchos papeles: actuación sobre actuación, por así decirlo. Eso no quita para que esa forma de actuar hoy la encontraríamos seguramente formalizada, grotesca, y en absoluto realista: insiste Ackroyd en que hay un desarrollo de las formas dramáticas anteriores – y no una ruptura, que hubiera sido rechazada por el público. Era un fenómeno de su tiempo, irrepetible en otro contexto. El genio de Shakespeare es el de un asimilador que capta y usa todo lo que le proporciona un magma lingüístico y social en ebullición. Llena sus obras de alusiones contemporáneas: nada de limitar su vista a lo universal (pace Johnson). Escribe sus papeles a la medida de los actores de que disponía en la compañía, de sus talentos o apariencia. Era además, seguramente, el jefe de la compañía, si no oficialmente sí de facto.

En cuanto a su manera de escribir, es también fluida, abierta, omnívora; no es cauto ni calculador, como él mismo hace decir al Poeta en Timón de Atenas: "Poetry creates itself in the act of being created; it needs no external stimulus but provokes itself and streams forth with its own insistent momentum. He was always, as it were, in a state of suspenseful attention, not knowing precisely where he was going" (Ackroyd 277). Así improvisa, pierde a veces el interés en motivos, personajes o argumentos, pasa a otra cosa, cambia a Hamlet de personalidad a mitad de obra. ¿Defecto? ¿Genio? Algunos dirán que es cálculo, pero estas cosas huelen mucho a espontaneidad e improvisación. (279). No impone una visión final: los personajes son en última instancia ambiguos (468); y el dramaturgo no toma partido en los conflictos que retrata: "There is no need to 'take sides' when the characters are doing it for you" (469). (Yo diría más bien que aparentemente sí toma partido con mucha frecuencia, pero que no es ese partido tomado lo más interesante de las obras, sino sus ambigüedades y ambivalencias). En cuanto a las obras, aparte de su fluidez original, van cambiando... por ejemplo en la compañía se les añaden divisiones en actos a partir de 1609, inexistentes antes (467).

Hay algún pronunciamiento cuestionable en el libro de Ackroyd (pocos), como la aseveración de que "in any one period, all the manifestations of culture are of a piece" (115)—Yes but. O cuando da por hecho que tal o cual obra temprana relacionable con las de Shakespeare ya era, de hecho, obra de Shakespeare. Frente a los exclusivistas, Ackroyd parece dispuesto a atribuir a Shakespeare todo lo atribuible: Edmund Ironside, King Leir, A Shrew... etc. No cometamos la falacia retrospectiva, parece decirnos Ackroyd; no serán obras muy "shakespeareanas", quizá, "But Shakespeare himself was not immediately 'Shakespeareian'. Early Wilde was not 'Wildean', and the young Browning was not in the pattern of the mature Browning" (163). Aparte, el Shakespeare de Ackroyd revisó y embelleció sus obras, Más que el de Ben Jonson, desde luego.

De hecho Ackroyd es muy omnívoro: en su biografía admite, ya sea como hecho o como probabilidad, casi cualquier pista que nos pueda conducir a Shakespeare. La anécdota de "William the Conqueror". El personaje de "Prickshafte", la historia de Willobie His Avisa, el elemento autobiográfico de los Sonetos... esto nos lleva a un Shakespeare unido a intrigas sexuales, y quizá a enfermedad venérea. En cuanto al misterio de los Sonetos... aquí no son publicados por un espontáneo, pues el pirateo era cosa muy penalizada. Es otra publicación "de peste" quizá, en un momento de baja actividad teatral, pero decidida por el propio autor. Por cierto, para Ackroyd tampoco hay "piratas memorísticos", y los cuartos malos son primeras versiones, no textos pirateados de memoria. El único pirata memorístico es el propio Shakespeare, que utilizaba todo lo que pillaba, pero con criterio: "he knew by instinct what was worthy to be preserved, so that there is a continuous process of self-distillation" (238). Al contrario que Bloom, Ackroyd no interpreta Titus Andronicus como una parodia grotesca. Ni tanto ni tan poco, quizá: Greenblatt parece más afinado en este punto (el Shakespeare de Greenblatt se deja ir, pierde el control; por ejemplo en mi momento favorito, cuando Tito hace que su mano cortada la transporte Lavinia en la boca).

La dedicación a Southampton de los poemas largos de Shakespeare sugiere a Ackroyd que de él recibió el autor el dinero necesario para hacerse accionista de su nueva compañía a partir de 1594, los Lord Chamberlain's Men, y por tanto la base de su prosperidad futura. Quizá A Midsummer Night's Dream también celebra una boda en la familia de Southampton, la de su madre en segundas nupcias. En cambio, Ackroyd se inclina más por la asociación de los sonetos con Pembroke. Pero solo a modo de ocasión: los interpreta más bien como ejercicios dramáticos que como obra autobiográfica; la cuestión de su autenticidad autobiográfica es, dice, un problema sin respuesta posible. (Aquí no parece sentir que esto desafíe al sentido común). Es curioso que Ackroyd, que ha ido rastreando todo indicio remoto y posible alusión a Shakespeare, se resista a usar autobiográficamente los sonetos. Hasta el triángulo amoroso es una convención para Ackroyd: "It seems to have been forgotten by these clandestine biographers that one of the conventions of the sonnet sequence consisted in the poet magnanimously awarding his mistress to his close friend. Shakespeare was following the tradition in his own explosive way" (309)—aunque a pesar de lo "explosivo" resultó, quizá, algo anticuado, nos dice; de ahí el silencio que acoge esta obra. Y, sin embargo, le tienta a Ackroyd relacionar a Shakespeare con Emilia Lanier... Lo que no le tienta nada nada es hacer de Shakespeare un homosexual. (Es curioso, también en su biografía de T. S. Eliot rechazaba Ackroyd la homosexualidad de Eliot como una entelequia; al parecer para Ackroyd quien no tiene relaciones homosexuales bien conocidas e indudables no es homosexual). Claro que es más plausible hablar de Shakespeare como bisexual que como homosexual. Para Ackroyd sí hay una sexualidad ambigua en Shakespeare, como la hay en el teatro en general, y Shakespeare gusta de travestismos y de crear personajes femeninos desde adentro, pero... "This does not imply that he was in any sense homosexual but suggests, rather, an unfixed or floating sexual identity. He had the capacity to be both female and male, and the scope of his art must have affected his life in the world" (316). No es casual tampoco que no conozcamos el nombre del misterioso Amigo, si éste es también una entelequia: "In the sonnets Shakespeare is musing essentially upon the true nature of the selfhood. His subject was his own self, and in that cunning and witty solipsism others were lovable in so far as they loved him" (312). Y el daño y humillaciones que sufre en el amor lo transforma en solaz del pensamiento. (313). Sí aprecia Ackroyd una escasez de parejas felices en Shakespere, y una asociación frecuente de la sexualidad a la vergüenza, asco y horror. Pero, curiosamente, Ackroyd se resiste a biografiar mucho en este tema. "Shakespeare's comedies generally end with a wedding rather than with a marriage (the auspices are rarely favourable), and the couples are in a sense unconsummated" (366).

Ambigüedad, inestabilidad y perspectivismo introduce Shakespeare en el concepto de carácter: "Is Brutus deluded or glorious? Is Caesar matchless or fundamentally flawed? Shakespeare seems almost deliberately to have established a new kind of protagonist, whose character is not immediately apparent or transparent to the audience" (375). Lo mismo en Enrique V: no es posible fijar una actitud simple del dramaturgo hacia su personaje. Aunque en este caso sugiere Ackroyd que se deja llevar Shakespeare por la erótica y poesía del poder que rodea a Henry. Esto no parece muy crítico por parte de Shakespeare, claro, aunque elementos críticos haya también en la obra. Los reyes no siempre aparecen favorablemente representados en la obra de Shakespeare, "but nevertheless he evinces collaborative sympathy with them" (377). En Measure for Measure parece apoyar (un poco a lo pelota) la teoría de James I sobre el derecho divino de los reyes (434). Suele dar la última palabra al personaje de más rango. (Aunque, también con frecuencia, le sigue el epílogo de un actor o payaso, añadiría yo)... "There is indeed a natural consonance between the player and the king, both dressed in robes of magnificence and both obliged to play a part. It may have been one reason why Shakespeare was attracted to the profession of acting in the first place" (378) y hay cierta tradición de que solía representar papeles de rey él mismo.

Otros trocitos de vida interna sí entrevemos a través de la obra. En King John, reescribiéndolo, Shakespeare añade un fragmento en el que una madre lamenta la muerte de su niño. Iría contra el sentido común, dice Ackroyd, creer que esto no tiene que ver con la pérdida de su hijo Hamnet (288). Para Ackroyd, Shakespeare no abandona a su familia, ni es tacaño con ella, sino que les envía grandes sumas de dinero. John Shakespeare, su padre, muere en 1601, y esto parece llevar a la nueva versión de Hamlet (la nuestra), "a play that was composed during the obligatory period of mourning" (395). No es extraño que en las circunstancias reviviese Shakespeare la muerte de su hijo Hamnet... además, "The available evidence supports the belief that Shakespeare himself played the part of the dead father" (396). Padres e hijos están en este período muy presentes en el funcionamiento de su imaginación. Y Ackroyd está de acuerdo con los románticos y con Bloom en que Hamlet es el más radical personaje shakespeareano, y el más cercano a su autor "Hamlet has no reason to exist except as a projection from Shakespeare... Like his creator, his centre is nowhere and his circumference is nowhere" (397). Además señala Ackroyd que "his soliloquies often have a dubious relation to the action of the plot" (397). Y, ciertamente, sin llegar a decir como Bloom que Hamlet es el único personaje de Shakespeare que podría haber escrito las obras de Shakespare, sí dice Ackroyd que "Hamlet could only have been written by a consummate actor" (397). Pero el Shakespeare del teatro, y de las proyecciones imaginativas, no era el mismo que el que volvía a veces por Stratford: "His life as a dramatist, and his life as a townsman, were separate and not to be confused" (409). Ah, y si hubo "período oscuro" fue únicamente en términos dramáticos, no biográficos. No hay depresión en el Shakespeare de Ackroyd, persona cauta, discreta y buen burgués medio de puertas para afuera. Todo se le iba, al parecer, por la pluma. Es curioso que, habiendo sido Shakespeare criticado por especular almacenando grano, sea él mismo quien denuncia a esos especuladores en Coriolano (76-77): "a most extraordinary act of theatrical impersonality, suggesting very forcefully that his imagination was not violated by sentiment of any kind" (469)... (¿o no será además un ejemplo de descarada hipocresía y señal de blindaje del instinto práctico frente a la conciencia moral, digo yo?).

Un episodio político extraño tiene lugar al verse involucrada la compañía en la conspiración de Essex para destronar a la reina (1601), representando la obra Richard II, donde un 'hombre fuerte' destrona al rey y se hace con la corona. En esta ocasión, sin embargo, la Reina fue más fuerte que el aspirante; el apuesto conde salió decapitado, y Shakespeare indemne... aunque en el acta de acusación a Essex se habla de "that most treasonous booke of Henry the fourth", identificando el libro de Hayward y la obra de Shakespeare diciendo que el traidor del conde había aplaudido en "the playing thereof" (se refieren a Richard II, no a Henry IV, nos aclara Ackroyd (389) ). Es curioso que el papel no sólo del actor sino del dramaturgo Shakespeare fuese considerado irrelevante en este asunto; para mí dice mucho del status del dramaturgo popular en este momento: al parecer es inexistente como sujeto de responsabilidades legales. Ackroyd supone que la participación de la compañía de Shakespeare en la intriga de Essex fue más o menos forzada, no una cuestión de conjurados activos, aunque observa sobre la obra de Richard II, resucitada para la ocasión, "although it had no doubt been revived in the interim, its reconstruction at such short notice is still a very remarkable achievement" (391)—algo que más bien nos debería dar causa de dudas, quizá... El hecho es que "a week after ... interrogation, the Lord Chamberlain's Men were once more playing before the Queen. On the day after that performance, Essex was beheaded" (392). Terrorífica escena tipo Ricardo III: "el que esté conmigo, que se levante y me siga"... Es posible que Elizabeth, como James tras ella, "viewed theatrical representation as but a shadow of the real spectacle of power and authority" (424): Shakespeare desde luego era muy consciente de la teatralidad de ambos.

Entre 1603 y 1605 (listas de actores de Sejanus y Volpone) Shakespeare al parecer se retira de las tablas ("was it right, for a landed gentleman, still to tread the boards?"). Hay una biografía ficticia de un criminal, Gamaliel Ratsey, publicada en 1605, donde parece aludirse a él, hablando de actores que "are grown so wealthy that they have expected to be knighted, or at least to be cojunct in authority and to sit with men of great worship" (440). Y vuelve a residir en Stratford, aunque para Ackroyd no hay por qué suponer que se considerase "retirado" de la escritura, ni de que se autorretratase en la figura de Próspero enterrando su magia. Esto se contradice un tanto con el hecho de que Shakespeare decidiese al parecer vender sus participaciones en los teatros del Globe y Blackfriars por la fecha en que se retira a Stratford: el mismo Ackroyd reconoce que "It is possible that he gave up playwriting when he gave up his shares, a practical end to a thoroughly pragmatic career" (500). Desde luego, si Shakespeare tenía cierta fama de poner la pela ante todo, Ackroyd no se la va a hacer perder, ni nos va a dar un Shakespeare más romántico e idealista, lejos de eso. "His principal concern seems to have been with the preservation of his own finances" (409). Si idealiza a Catalina de Aragón en Henry VIII no es tanto por su posible catolicismo cuanto por moda, o por interés político favorable a España detectado por el autor en James I.

Al volver a Stratford sí se hace más consciente el autor de ciertas relaciones familiares. En sus últimas obras, significativamente, abundan las escenas de reconciliación y de lazos entre padre e hija. "In the late plays, when Shakespeare himself was reaching the end of his life, an ageing father is reunited with a long-absent daughter; there may be feelings of guilt and shame associated with this absence, but all is forgiven. There are rarely mothers and daughters in Shakespeare's plays. The essential bond is father and daughter. It may not be the pattern of his life, but it is clearly the pattern of his imagination" (449).

Shakespeare se lleva bien con uno de sus yernos, John Hall, esposo de su favorita Susannah, que lo familiariza con las hierbas y la medicina natural. Y se lleva mal con el casquivano marido de Judith, a quien cuida de desheredar. En cuanto a su mujer, Ackroyd sospecha que estaba inválida por alguna razón, por el vacío que la rodea.
Al parecer muere Shakespeare no de una cogorza sino de fiebre tifoidea, como muchas otras personas de Stratford, quizá infectado por el insalubre riachuelo que corría al lado de New Place. En el testamento Ackroyd quita hierro a la sospechosa cesión a su esposa de "su segunda mejor cama": "He is unlikely to have wished to snub his wife at the last minute" (513) (... bueno, bueno... visto lo visto, es más de lo que sabemos). En su testamento favorece el autor claramente (como en sus obras) los privilegios del patriarcado. Los anillos regalados a sus futuros editores Heminges y Condell sugieren que en Stratford Shakespeare estaba revisando sus obras con vistas a la publicación. Dejó buenos recuerdos, pero no una escuela, ni un biógrafo... ni libros ni papeles a nadie.
Otra última historia curiosa, sobre el testamento de Shakespeare. En la frase "mi firma y sello" se ha tachado la palabra sello, "como si Shakespeare hubiese perdido el anillo antes de firmar el documento"; y en 1810 una labradora encontró cerca del cementerio de Stratford un anillo/sello de oro, probablemente del siglo XVI, con las iniciales "WS" (90).

Cada capítulo de la biografía va precedido de una cita alusiva a su tema, extraída ingeniosamente de las obras de Shakespeare. Por ejemplo, cap. 65, "And Here We Wander in Illusions", describiendo la experiencia del teatro para el contemporáneo—y que quizá muchas de las sutilezas del teatro isabelino y shakespeariano sean "inventions of the scholars rather than the dramatists" (370). Es el efecto de inflación interpretativa retroactiva que Vico llamaba "the conceit of scholars". A veces duda Ackroyd de que su Shakespeare, o el nuestro, sea el que vivió y escribió... aunque en general más bien se resigna a creer que sí, por extraña que parezca a veces la evidencia, y dudosas nuestras reconstrucciones: "the appearance of the man may have been quite different from any mental or cultural image of Shakespeare that currently exists. He may have been swarthy. He may have worn an earring. He may in later life even have been fat". O quizá se parecía a Ackroyd... Shakespeare incorpora en sus obras todo lo que capta; se adapta a sus actores, a los intereses del rey (brujas, mascaradas, etc.); capta modas, retoma y reescribe argumentos, ilusiones teatrales; alrededor de él se mezclan documentos ambiguos, investigaciones contradictorias, leyendas... es difícil proporcionar un retrato convincente y coherente de un personaje tan fluido, pero on the whole Ackroyd does it quite admirably.







lunes, 19 de enero de 2026

Enriques Quintos y la guerra de agresión

 Retropost, 2006:

Enriques Quintos y la guerra de agresión

Enriques Quintos y la guerra de agresión

Me llega por fin el libro Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship, editado por Mireia Aragay (Amsterdam y Nueva York: Rodopi, 2005) , en el que aparece un capítulo mío sobre las adaptaciones cinematográficas de Enrique V de Shakespeare, "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V". Traduzco el abstract:

Este capítulo enfoca la adaptación desde una perspectiva hermenéutica, específicamente una hermenéutica post-estructuralista del discurso, informada por el interaccionalismo simbólico. La relación intertextual entre un producto cultural (por ejemplo una obra teatral) y su adaptación o adaptaciones a la pantalla se analiza como una intervención realizativa sobre una formación discursiva preexistente, que incluye tanto el producto o texto original como los discursos que lo usan, se originan en él, derivan de él o lo rodean. Esta intervención es tanto una interpretación como una apropiación del texto original. Como otras modalidades intertextuales (traducciones, lecturas críticas) , las adaptaciones producen una transformación retroactiva del original, no en sí mismo, sino más bien en tanto que es usado y comprendido en contextos específicos de interacción comunicativa. Estas cuestiones teóricas se exploran con atención especial a las adaptaciones cinematográficas shakespeareanas, en concreto las principales películas sobre Henry V, la de Laurence Olivier (1944) y la de Kenneth Branagh (1989) y el tratamiento que dan a la violencia y la guerra en contextos diversos. Se propone una perspectiva "resistente" sobre las adaptaciones shakespeareanas.

Y éste es el final del artículo:

Quizá sea una lástima que la dinámica del patriotismo agresivo parece ser un arma de dos filos, y que en ausencia de un Hitler que corresponda al Pétain encarnado por el rey francés [en la película Henry V de Laurence Olivier], Henry resulte encarnar hasta cierto punto tanto la justicia agresiva de los Aliados como la locura agresiva de los nazis — una lectura de la obra que ciertamente no sería en modo alguno apreciada por Olivier.

Tras una escena tipo "Kiss me Kate" que extrae cierta energía intertextual de La fierecilla domada del propio Shakespeare, un Henry muy pagado de sí se dirige a la princesa Catherine, personificación de la Francia conquistada, como sigue: "Te diré en voz alta, ’Inglaterra es tuya, Irlanda es tuya, Francia es tuya (...)". La alusión a Irlanda entre Francia e Inglaterra es reveladora. El paralelo simbólico de Henry para el propio Shakespeare era el conde de Essex, objeto de una rara alusión a la política contempránea por parte de Shakespeare. A Essex, a quien la obra imagina "volviendo de Irlanda, / trayendo a la Rebelíón ensartada en su espada" (5.0), le pararon los pies los rebeldes irlandeses poco después de la representación de la obra de Shakespeare — sería el primer paso en el camino de Essex hacia el cadalso, an unworthier scaffold. No es sorprendente que tanto el Quarto de Henry V publicado en 1600 como la película de Olivier (y, quizá con más razón, la de Kenneth Branagh, irlandés de origen) evitan cualquier alusión a Essex o a los rebeldes irlandeses — aunque estos elementos problemáticos de la obra de Shakespeare habrían de ser, precisamente, los que atrajesen la atención de una adaptación que quisiese entrar a tratar con la obra a fondo, en lugar de esterilizarla, o de utilizarla para preparar papillas patrióticas.

Un análisis de las reacciones críticas subsiguientes a Henry V no debe perder de vista ni los contextos de producción originales de la obra y de las películas, ni tampoco el contexto actual de la discusión crítica, que una vez más no permite que la cuestión de la guerra de agresión se pase por alto. Testimonio da de eso, en el caso presente, que mientras este volumen estaba en preparación, tanto Gran Bretaña como España estaban apoyando activamente una política estadounidense de guerra agresiva e invasión, con final abierto, contra "el enemigo invisible", una guerra que naturalmente arrastra consigo su buena medida de tinta de calamar retórica, manipulaciones de los hechos, e intereses inmencionables. El giro que se ha producido este año [2004] hacia un orden internacional basado en el poder y su derecho a la agresión, en lugar del derecho a no sufrir agresión, es notable; quizá lo sea aún más en los países en los que ya ha costado muchas vidas. Y es una cuestión que no se puede ignorar, pues es el trasfondo de cualquier contexto en el que podamos decidir hoy qué estamos tratando.

Un enfoque crítico que sea consciente del tratamiento que dan a la ideología de la violencia los iconos culturales (o, lo que es lo mismo, un enfoque crítico que quiera llamar la atención sobre esta cuestión) tomará nota de los énfasis ideológicos, las omisiones y las elecciones que emergen en la dinámica intertextual e interaccional de la producción de significado, ya sea a través de la adaptación o a través de las lecturas críticas. Los énfasis, omisiones, y elecciones ideológicas de nuestra propia perspectiva emergen para otros, y a otros corresponde el señalarlos. Terminaré adaptando la frase de T. S. Eliot, sosteniendo que el destino de toda apropriación es ser apropiada de nuevo. O, por decirlo de otra manera: nunca te fíes del narrador, fíate de la historia. Pero no de la historia que te han contado: fíate de la historia completa.

 

 

7 comentarios

María Teresa Martínez -

José: Estoy haciendo un posgrado y deseo si es posible me envíes por este medio el capítulo del que aparece el abstract - en castellano - Soy Argentina y es obvio que les tengo asco al inglés - Muchas Gracias

José Angel -

Je, acabo de caer en la cuenta de que tienes que sufrir lo tuyo, Magda, con el Spanglish que produzco a veces. Pero mira el lado bueno, es también una masacre del inglés (aparte de la más evidente masacre del español).

JoseAngel -

Nada, Magda, tú piensa que es el idioma de Oscar Wilde, por ejemplo, o de Joyce... Gracias, y no dudes que si produzco algo digno de ser leído te lo paso, un abrazo.

Magda -

Pues cuando tengas sobre estos temas en español me encantaría leerlos. Debo confesarte que le tengo mucho rechazo al inglés (paranoias, quizá ;) ).

Magda -

Pues cuando tengas sobre estos temas en español me encantaría leerlos. Debo confesarte que le tengo mucho rechazo al inglés (paranoias, quizá ;) ).

Saludos, José Ángel.

JoseAngel -

Gracias, Magda. Lo cierto es que tengo una especie de síndrome Doctor Jekyll y Mister Hyde con esto de los idiomas, muy rara vez me traduzco algo de un idioma a otro. Je, no tengo paciencia, me entran ganas de cambiar cosas conforme traduzco...

Magda -

¡Que bien, José Ángel! ¿no lo has publicado en español?

jueves, 11 de diciembre de 2025

Recursos metaficcionales

Me citan en México: 

Salazar-Mendoza, Margarita. "Recursos metaficcionales en la construcción de la narrativa contemporánea." La Colmena 128 (Oct.-Dec. 2025): 43-58.* (Agota Kristof, Hernán Díaz, Percival Everett).

https://lacolmena.uaemex.mx/article/download/24440/19889/

         2025

 

lunes, 14 de julio de 2025

La acción característica según Stendhal

 

La teoría de la acción característica en el drama la expondría con mucho acierto A. C. Bradley con respecto a las tragedias de Shakespeare. Pero como estos grandes aciertos preexisten a su formulación más redonda o característica, otros observadores del drama antes de Bradley hicieron observaciones al respecto. Así Stendhal en su diario (28 de noviembre de 1804):

Las acciones que realiza el protagonista de una comedia no pueden ser consideradas en sí mismas, sino por las relaciones que demuestran existir entre los principios constitutivos de la voluntad del personaje, lo que casi nos asegura que en tal circunstancia él procedería de tal manera, y que si ocupara un lugar importante en la sociedad, por ejemplo el de rey, se decidiría por las cosas más grandes, por la paz o por la guerra, por dictar tal o cual ley, a causa de las mismas pasiones que hacen que se decida a dar una comida, más bien guiado por el consejo de un criado que por el de su mujer.

Las acciones de un protagonista no pueden, pues, ser consideradas en sí mismas, sino porque muestran el cara´cter de éste. Por lo tanto, no hay que desdeñar ninguna, por pequeña que sea (siempre que no caiga en lo rastrero), siempre que pueda pintar, con ingenuidad y franqueza, el carácter.

 

martes, 10 de junio de 2025

Frank Harris, El Hombre Shakespeare

 Retropost, 2005:

Frank Harris, El Hombre Shakespeare

(Frank Harris, El hombre Shakespeare y su vida trágica. Barcelona: Vitae Ediciones, 2004).

Acabo de leer en traducción española este libro que se escribió hace unos cien años, y que es un buen ejemplo del estilo decimonónico de crítica biográfico-impresionista con la que acabarían los críticos estéticos, los New Critics, los estructuralistas y los desconstructivistas y que vuelve a conectar en cierto modo con los intereses actuales de críticos culturales, feministas y nuevos historicistas. No es casual que Harris sea uno de los autores citados por Greenblatt en su reciente biografía de Shakespeare (en concreto cuando interpreta el epitafio de Shakespeare como una manera de evitar que la Sra. Shakespeare fuera enterrada con él). El planteamiento de ambos libros es el básico en la crítica de base biográfica: relacionar aspectos de la obra con episodios de la vida real o emocional del autor, una dimensión básica de la crítica a la que ha sido en general ciega la teoría literaria del siglo XX. A veces Harris salta a conclusiones precipitadas, o presenta como hechos lo que sólo son probabilidades, o incluso especulaciones, o incluso improbabilidades (como su identificación de la Dark Lady con Mary Fitton). Y no es extraño en ese sentido que este libro haya sido abominado por muchos. Pero tiene muchos lados positivos: así la ausencia de reverencia hacia Shakespeare, a quien Harris contempla "on this side Idolatry", y realmente lejos de la línea divisoria, sin que eso le impida apreciar lo que de grande hay en el autor. Como Samuel Johnson, no teme denunciar lo que le parece bobería, o ridiculez, o mediocridad encumbrada, que también hay mucho de eso en Shakespeare, "the man". También señala con bastante acierto algunas limitaciones de la percepción o el pensamiento de Shakespeare, limitaciones que escapan a la percepción de quien concibe a Shakespeare sin límites visibles (Harold Bloom, por ejemplo, y su por otra parte excelente Shakespeare: The Invention of the Human). Un ejemplo: el snobismo o apego de Shakespeare a las clases altas le cegaba parcialmente a ciertas realidades de su tiempo.

"Veamos un ejemplo de lo que perdió con ello. Aunque vivió en una época de fanatismo, nunca creó un personaje fanático o reformador, nunca concibió a un hombre que nadase contra la corriente de su época. No tenía más que una idea vaga de los pocos espíritus de cada época que habían señalado a la humanidad ideales nuevos y más altos; no podía comprender a Cristo ni a Mahoma, y parece que se interesó muy poco por Juana de Arco, el ser más noble que se puso al alcance de su arte . . . . Hasta el fanático inglés pasó para él desapercibido; su Jack Cade, como ya hemos advertido, es una mala caricatura; ningún Cade induce a sus compañeros a salvarse apelando a sus mejores cualidades, a su sentido de la justicia o de lo que ellos toman por justicia. El Cade que desea embaucar a los hombres en provecho de sus groseras ambiciones puede conseguir el apoyo de unos pocos incautos, pero no millares de fervientes partidarios. Shakespeare nunca comprendió estas verdades elementales. Sin embargo, ¡cuánto más grande habría sido si las hubiese comprendido, si hubiese estudiado con cariño aunque no hubiese sido más que un solo puritano y lo hubiese retratado con simpatía! Pues el fanático es uno de los goznes sobre los que gira la puerta del mundo moderno." (p.398).


Bueno, lo de que "no se interesó" por Juana de Arco, pasémoslo como eufemismo, porque en Enrique VI presenta de ella un retrato sexista, machista, patriotero, falso y deshonesto. Cuando Harris habla de "fanáticos" hay que entender "fanáticos opuestos al orden establecido", no "fanáticos del orden establecido", a los que sí retrató Shakespeare bien, y con quienes se encontraba mas a gusto (on this side idolatry).

Así pues, un libro para leer por supuesto "on this side Idolatry", para confrontar opiniones, pero aviso, un libro que va subiendo de nivel a medida que avanza hacia su conclusión. La traducción, ya publicada en Argentina en 1947, está bastante bien, menos cuando incluye pésimas citas de otras traducciones de las obra de Shakespeare. Numerosísimos errores de tipografía, eso sí, y también con otros fallos, por supuesto (así, el traductor parecía creer que "Dryasdust", el arquetípico crítico muermo invocado por Harris, y por Walter Scott antes de él, es un personaje con existencia real). Pero vaya, si es que lo es — ¡con muchas existencias reales! Harris no es uno de esos clones, desde luego.

 

El Shakespeare de Victor Hugo  

domingo, 9 de febrero de 2025

El Doctor Fausto y la pérdida del alma

 

 

Un pasaje dramático del libro de Unamuno Del Sentimiento Trágico de la vida, en el que se nos explica la obra de Marlowe (y la de Goethe) en relación con la pérdida de la fe. Que de eso va quizá  la tragedia del saber y del mucho leer de Fausto. En su contexto del renacimiento del paganismo y las humanidades clásicas en la era moderna, con una aguda interpretación de la escena de Helena de Troya. El que extrae Unamuno es un sentido intuido oscuramente más que buscado y pensado por Marlowe, pues la obra expresa la pérdida de la fe y de creencia en la inmortalidad del alma precisamente mediante su contrario, mediante las imágenes del pacto satánico y  de la condenación eterna en que se cae por no haber confiado en Dios y en la posibilidad de la salvación...

 

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El progresismo no satisfacía tampoco. Progresar, ¿para qué? El hombre no se conformaba con lo racional, el Kulturkampf no le bastaba; quería dar finalidad final a la vida, que esta que llamo la finalidad final es el verdadero óntos ón. Y la famosa maladie du siècle, que se anuncia en Rousseau y acusa más claramente que nadie el Obermann de Sénancour, no era ni es otra cosa que la pérdida de la fe en la inmortalidad del alma, en la finalidad humana del universo. 

Su símbolo, su verdadero símbolo es un ente de ficción, el Doctor Fausto. 

Este inmortal Doctor Fausto que se nos aparece ya a principios del siglo XVII, en 1604, por obra del Renacimiento y de la Reforma y por ministerio de Cristóbal Marlowe, es ya el mismo que volverá a descubrir Goethe, aunque en ciertos respectos más espontáneo y más fresco. Y junto a él aparece Mephistophilis, a quien pregunta Fausto aquello de "¿Qué bien hará mi ama a tu señor?" Y le contesta: "Ensanchar su reino." "¿Y es ésa la razón por la que nos tienta así?", vuelve a preguntar el Doctor, y el espíritu maligno responde: "Solamen miseris socios habuisse doloris", que es lo que, mal traducido en romance, decimos: "mal de muchos, consuelo de tontos". "Donde estamos, allí está el infierno, y donde esté el infierno, allí tenemos que estar siempre", añade Mephistophilis, a lo que Fausto agrega que cree ser una fábula tal infierno, y le pregunta quién hizo el mundo.


Mefaustófeles 


Y este trágico Doctor, torturado por nuestra tortura, acaba encontrando a Helena, que no es otra, aunque Marlowe acaso no lo sospechase, que la Cultura renaciente. Y hay aquí en este Faust de Marlowe una escena que vale por toda la segunda parte del Faust  de Goethe. Le dice a Helena Fausto: "Dulce Helena, hazme inmortal con un beso—y le besa—. Sus labios me chupan el alma. ¡Mira cómo huye! ¡Ven, Helena, ven; devuélveme el alma! Aquí quiero quedarme, porque el cielo está en estos labios, y todo lo que no es Helena, escoria es".
 
¡Devuélveme el alma! He aquí el grito de Fausto, el Doctor, cuando después de haber besado a Helena, va a perderse para siempre. porque al Fausto primitivo no hay ingenua Margarita alguna que le salve. Esto de la salvación fue invención de Goethe. ¿Y quién no conoce a su Fausto, nuestro Fausto, que estudió filosofía, jurisprudencia, medicina, hasta teología, y sólo vio que no podemos saber nada y quiso huir al campo libre (hinaus ins weite Land!) y topó con Mefistófeles, parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal haciendo siempre el bien, y éste le llevó a los brazos de Margarita, del pueblo sencillo, a la que aquél, el sabio, perdió; pero merced a la cual, que por él se entregó, se salva, redimido por el pueblo creyente con fe sencilla? Pero tuvo esa segunda parte, porque aquel otro Fausto era el Fausto anecdótico, y no el categórico de Goethe, y volvió a entregarse a la Cultura, a Helena, y a engendrar en ella a Euforión, acabando todo con aquello del eterno-femenino entre coros místicos.¡Pobre Euforión!


¿Y esta Helena es la esposa del rubio Menelao, la que robó Paris y causó la guerra de Troya, y de quien los ancianos troyanos decían que no debía indignar el que se peleasen por mujer que por su rostro se parecía tan terriblemente a las diosas inmortales? Creo más bien que esa Helena de Fausto era otra, la que acompañaba a Simón Mago, y que éste decía ser la inteligencia divina. Y Fausto puede decirle: "¡Devuélveme el alma!" 

Porque Helena, con sus besos, nos saca el alma. Y lo que queremos y necesitamos es alma, y alma de bulto y de sustancia.

Pero vinieron el Renacimiento, la Reforma y la Revolución, trayéndonos a Helena, o más bien empujados por ella, y ahora nos hablan de Cultura y de Europa.

¡Europa! Esta noción primitiva e inmediatamente geográfica nos la han convertido, por arte mágica, en una categoría casi metafísica. ¿Quién sabe hoy ya, en España por lo menos, lo que es Europa? Yo sólo sé que es un chibolete (véanse mis Tres ensayos). Y cuando me pongo a escudriñar lo que llaman Europa nuestros europeizantes, paréceme a las veces que queda fuera de ella mucho de lo periférico—España, desde luego, Inglaterra, Italia, Escandinavia, Rusia—, y que se reduce a lo central, a Franco-Alemania, con sus anejos y dependencias. 

Todo esto nos lo han traído, digo, el Renacimiento y la Reforma, hermanos mellizos que vivieron en aparente guerra intestina. Los renacientes italianos, socinianos todos ellos, los humanistas, con Erasmo a la cabeza, tuvieron por un bárbaro a aquel fraile Lutero, que del claustro sacó su ímpetu, como de él lo sacaron Bruno y Campanella. Pero aquel bárbaro era su hermano mellizo; combatiéndolos, combatía a su lado contra el enemigo común. Todo eso nos han traído el Renacimiento y la Reforma, y luego la Revolución, su hija, y nos han traído también una nueva inquisición: la de la ciencia o la cultura, que usa por armas el ridículo y el desprecio para los que no se rinden a su ortodoxia.

Al enviar Galileo al gran duque de Toscana su escrito sobre la movilidad de la tierra, le decía que conviene obedecer y creer a las determinaciones de los superiores, y que reputaba aquel escrito "como una poesía o bien un ensueño, y por tal recíbalo Vuestra Alteza". Y otras veces le llama "quimera" y "capricho matemático". Y así yo, en estos ensayos, por temor también—¿por qué no confesarlo?—a la Inquisición, pero a la de hoy, a la científica, presento como poesía, ensueño, quimera o capricho místico lo que más de dentro me brota. Y digo con Galileo: "Eppur si muove! Mas ¿es sólo por ese temor? ¡Ah, no!, que hay otra más trágica Inquisición, y es la que un hombre moderno, culto, europeo—como lo soy yo, quiéralo o no—, lleva dentro de sí. Hay un más terrible ridículo, y es el ridículo de uno ante sí mismo y para consigo. Es mi razón, que se burla de mi fe y la desprecia. 

Y aquí es donde tengo que acogerme a mi Señor Don Quijote para aprender a afrontar el ridículo y vencerlo, y una ridículo que acaso—?Quién sabe?—él no conoció. 



Unamuno Don Quijote

Sí, sí, ¿Cómo no ha de sonreir mi razón de estas construcciones seudo filosóficas, pretendidas místicas, diletantescas, en que hay de todo menos paciente estudio, objetividad y método... científico? ¡Ya, sin embargo... "Eppur si muove"!

"Eppur si muove!", sí. Y me cojo al diletantismo, a lo que un pedante llamaría filosofía demi-mondaine, contra la pedantería especialista, contra la filosofía de los filósofos profesionales. Y quén sabe. Los progresos suelen venir del bárbaro, y nada más estancado que la filosofía de los filósofos y la teología de los teólogos. ¡Y que nos hablen de Europa! La civilización del Tibet es paralela a la nuestra, y ha hecho y hace vivir a hombres que desaparecen como nosotros. Y queda flotando sobre las civilizaciones todas el Eclesiastés, y aquello de "así muere el sabio como el necio"(2:3). 


(Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la Vida; Conclusión: "Don Quijote en la tragicomedia europea contemporánea")




Doctor Faustus and Mr. Marlowe


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viernes, 29 de noviembre de 2024

Nothing Like the Sun

Retropost, 2014:

Voy recopilando las referencias de trabajos académicos que me citan, a veces siguiendo los enlaces de Google Scholar. Al menos cuando me consta que en efecto me citan, porque a veces parece que sólo ponga esas referencias para alegrarme la vida, y luego no me encuentro en ellas. O son de pago, con lo cual siguen veladas en el misterio—porque no será el año que viene, sino quizá el siguiente, cuando pague yo por ver qué dicen de mí. En fin, en tiempo siempre las pagamos, estas aficiones. Hoy, al margen de algunas citas en revistas religiosas y teológicas, y sitios paranormales, he encontrado esta referencia de un colega que cita un estudio mío sobre Enrique V de Shakespeare.





Título: Nothing like the Sun: Shakespeare in Spain Today
Autor/es: González Fernández de Sevilla, José Manuel
Grupo/s de investigación o GITE: Shakespeare y el Siglo de Oro Español
Centro, Departamento o Servicio: Universidad de Alicante. Departamento de Filología Inglesa
Palabras clave: Shakespeare, William | Spain | Translations | Criticism | Productions
Área/s de conocimiento: Filología Inglesa
Fecha de publicación: 28-dic-2012
Editor: Walter de Gruyter GmbH
Cita bibliográfica: GONZÁLEZ, José Manuel. “Nothing like the Sun: Shakespeare in Spain Today”. Multicultural Shakespeare: Translation, Appropriation and Performance. Vol. 9, No. 24 (2012). ISSN 2083-8530, pp. 34-52
Resumen: Today Shakespeare is more present in Spain than ever as a result of the critical interest and spectacular growth of his popularity among Spaniards who recognise him as the embodiment of cultural and literary values. Since the celebration of the Seventh World Shakespeare Congress in Valencia in April 2001, Shakespearean scholarship in Spain has provided new ways of understanding the playwright. It has opened up debates on issues which have made possible new scholarly studies, translations and performances that have proved more active and vigorous than ever, and whose effects can be seen in different facets of Spanish culture and life.
URI: http://hdl.handle.net/10045/33144
ISSN: 2083-8530
DOI: 10.2478/v10224-011-0014-5
Idioma: eng
Tipo: info:eu-repo/semantics/article
Derechos: Copyright © 2012 by Walter de Gruyter GmbH
Revisión científica: si
Versión del editor: http://dx.doi.org/10.2478/v10224-011-0014-5
Aparece en las colecciones:INV - SSO - Artículos de Revistas




domingo, 17 de noviembre de 2024

Performing Arts Top Ten

 Me llega esta carta de la SSRN, diciéndome que tengo un artículo entre los más leídos de la red de artes visuales y teatrales:



Dear Jose Angel Garcia Landa:

Your paper, "ATONEMENT AND ADAPTATION (ON IAN MCEWAN'S NOVEL AND JOE WRIGHT'S FILM)", was recently listed on SSRN's Top Ten download list for: PVFA Subject Matter eJournals and Performing, Visual, & Fine Arts Research Network.

As of 17 November 2014, your paper has been downloaded 540 times. You may view the abstract and download statistics at: http://ssrn.com/abstract=1091883.

Top Ten Lists are updated on a daily basis. Click the following link(s) to view the Top Ten list for:

PVFA Subject Matter eJournals Top Ten and Performing, Visual, & Fine Arts Research Network Top Ten.

Click the following link(s) to view all the papers in:

PVFA Subject Matter eJournals All Papers and Performing, Visual, & Fine Arts Research Network All Papers.






Hasta aquí hemos ascendido. Vale, no es mucho, estoy el último, pero fíjensen que hay gente de universidades muy buenas, y que de la de Zaragoza sólo estoy yo. Qué digo, es que no hay otros españoles ahí. La película es ésa de Keira Knightley que aquí se tituló Expiación.

 
 
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miércoles, 2 de octubre de 2024

Unamuno - CONFIDENCIAS

Un ensayo de Miguel de Unamuno sobre la teatralidad, el dramatismo de la vida cotidiana, y el mundo como teatro. Viene del segundo tomo de sus Ensayos (Aguilar, 1970, 211-19).

 

 

CONFIDENCIAS

Creo y espero que mi amigo y paisano el gran tenor Florencio Constantino me perdonará el que saque a plaza pública confidencias epistolares suyas. ¿Perdonarme? El está acostumbrado a vivir del público y para el público, y aunque esto a las veces llegue a hastiarle —lo comprendo—, el hábito es, al fin, dicen, una segunda naturaleza. 

Estos hombres de teatro, por otra parte, son, tal vez, los que más sinceramente viven, porque a nadie engañan. Lo malo son los que viven en escena, ocultándolo, queriéndolo ocultar sin saberlo. ¡Y son tantos! 

"La vida, comedia es", dice el conocido pasaje. ¡Y tan comedia! Por mi parte, creo que lo único que el hombre hace en serio es nacer. Luego de nacido empieza su comedia, y el último acto de ella, el de la muerte, suele ser uno de los más teatrales, uno de los menos sinceros. Cuantos han asistido a bien morir a agonizantes saben que el hombre propende a morir teatralmente si conserva razón. Muchos de los más grandes maestros de espíritu nos advierten de ese peligro, y el padre Faber tiene un hermoso sermón sobre ese tema. Las frases sentenciosas con que tantos hombres que han llenado un papel en la Historia terminan su carrera terrestre, con frases estudiadas de antemano. El gladiador, al caer herido de muerte en la arena, busca una postura gallarda.

Y tan verdad es que lo único serio, lo único no teatral que se hace en la vida, es nacer, que así como la muerte ha sido llevada muchas veces a la escena y estamos hartos de ver a los grandes actores morirse de mentirijillas en las tablas, no sé que todavía se haya atrevido dramaturgo alguno a llevar el nacimiento a escena. Aunque alguien podrá suponer que esto se debe a muy otras razones que a las que aquí apunto. Y acaso tenga razón. Mas, en todo caso, respetemos las opiniones ajenas.

Un actor, un cantante, un cómico, propende a hacer comedia de la vida, ya que su vida es vivir de la comedia: pero a los demás, sobre todo a los que ejercemos alguna función pública, nos pasa lo mismo. Solo que los demás lo hacen más hipócritamente. 

Y ahora debo recordar al lector que ya lo sepa y enseñar al que lo ignore que la voz hipócrita significa en griego comediante o actor. Pero si el hipócrita es un actor, no por eso el actor es un hipócrita. Todo lo contrario. Los cómicos podrán pecar de todo lo que se quiera, pero de hipócritas no suelen pecar. Es muy rara entre ellos la foma más sutil y más frecuente de la hipocresía, su forma más enmascarada e hipócrita, la forma más hipócrita de la hipocresía, en fin: la falsa modestia. Los actores no suelen pecar de falsa modestia.

Y ahora vuelvo, es decir, voy a las confidencias de mi amigo y paisano Constantino. El cual, en carta que desde esa ciudad de Buenos Aires me escribía en mayo pasado, me decía, entre otras cosas más, y contestando a observaciones mías, lo siguiente:

"Pasando a otra cosa, he leído un artículo de usted en el Heraldo, contestando a una pregunta de Parmeno a propósito de sus obras, y de lo que ellas le producían; como también de que abundan más los críticos que los compradores. Quizá sea un defecto en mí el ser franco; pero, ampliando su concepto de que el buen vino se vende en la barrica, le diré que si Rostand y d'Annunzio no se bombeasen, quizá no fueran ni conocidos, sobre todo este último, que es de los que se visten de máscara para llamar la atención.

"A propósito de este, he discutido al principio a mi carrera con Grandmontagne. El me decía: '¡Lo que hace falta es cantar bien!', y seguí sus consejos; ¿y sabe usted lo que me pasó? Que me atrasé en cinco años. Ahora ya sé el 'valor' que tienen las cosas en este mundo y los méritos de la crítica y de muchas reputaciones."

Y sigue así, manifestándome luego que emplea a sentir comezón de dejar el teatro y verse lejos de todo, lo que sea vanidad de vanidades, para poder decir de la crítica y del público lo que le parece. A todos los que representamos un papel en uno u otro escenario, nos sucede a menudo que creemos sentir ganas de dejarlo; pero esto es como cuando uno siente ganas de morir y aún llama a la muerte. Y aquí de la fábula. 

Pues bueno: por lo que hace a esta confidencia de mi buen amigo el gran tenor, empezaré por decir que lo que yo dije es, no precisamente que abunden más los críticos que los compradores, sino que los críticos son más que los lectores. Y por lo que a mí respecta, no me cabe duda de ello. Seguramente que todos o casi todos los que me lean me juzgarán, y ¡Dios le libre a uno de lectores que no le juzguen!, y muchos de ellos expresarán su juicio, pero tengo experiencia lo que muchos de los que me juzgan como escritor y publicista jamás me han leído. A lo sumo, han oído frases o conceptos que se me atribuyen.

Hay muchos, muchísimos, que no leen a un autor más que para poder hablar de él, sobre todo si el autor se pone en moda. ¡Dios le libre, querido lector, de que te pongan nunca en moda! Se va oír a un orador famoso, no para enterarse de lo que diga, sino para poder contar luego que se le oyó y se le vio. Sobre todo, que se le vio. Su traje, su gesto, sus peculiaridades más externas, tienen acaso más importancia que lo que dice. 

"¡Habráse visto petulante!—me decía un día un amigo, hablándome de un afamado orador—. ¿Pues no pretende que prestemos atención a lo que dice que lo recordemos luego? ¿No es un orador? Pues si es un orador, ¿a qué vienen esas pretensiones?"

No quise preguntarle qué entiende por un orador; pero, es claro, dado lo que de ordinario se entiende por un orador, es ciertamente insoportable petulancia la de que el tal pretenda que se fije nadie en lo que va a decir.

Y por lo que hace a eso de que el buen vino en la barrica se vende, o el buen paño en el arca, solo diré, una vez más—pues, como casi todas mis cosas, la he dicho ya antes—, que acaso sea con verdad, pero es contando con el tiempo, y entre tanto el vinatero o el pañero se mueren de hambre. Y si el sacerdote vive del altar, según el apóstol, nada tiene de indecoroso que el artista viva de su arte.

Hay un librito de Stapfer, profesor que fue en Burdeos, titulado Des réputations littéraires,, que es uno de los libros más llenos de íntimas confidencias, y, por tanto, de amargas y tristes verdades, que conozco, y no son confidencias propias de él, de Stapfer; lo son de muchos otros.

¿Por qué al escritor, al artista, al actor, no ha de serle permitido, sin censura pública, lo que se encuentra naturalísimo en un industrial cualquiera? Pues sencillamente, porque los escritores y artistas se han empeñado en hacer de su función algo más sublime, más puro y, por decirlo así, más divino que la industria. ¡Y esto sí que es petulancia!

Y no es que yo quiera "rebajar" la poesía, la pintura, la música, al nivel de la fontanería, de la carpintería o de la farmacia, no? es que quiero elevar estas al nivel de aquellas. Es que creo que la industria es también arte, y bella arte. Se ha dicho que todo notario lleva en sí un poeta. Y acaso la verdad es que la notaría es poesía también, y si no lo comprendemos así es por nuestra torpeza. Pienso escribir de largo sobre la poesía de la burocracia. Pero ¡pienso también tantas cosas!

Hay pañeros ricos que esperan años y años a que se vaya a comprar su paño en el arca; pero yo os digo—esta fórmula de 'yo os digo' sabido es que anuncia una paradoja—, yo os digo, digo, que esa es una manera de hacerse el artículo, es una forma de réclame. "Es un hombre—me decían una vez de cierto escritor—que no busca, como otros, el bombo, ni aun que le conozcan; se cuida poco del juicio ajeno; espera tranquilo su hora; que produce su obra y la deja que madure." Y el tal escritor es uno de aquellos en quienes más se ve el deseo de imponerse, desde luego, a la atención pública. 

Rostand y D'Annunzio pasan hoy por dos de los más grandes reclamistas literarios. Y los que les defienden dicen, con mucha razón, que lo que nos debe importar es si sus obras tienen o no valor, sea cual fuere su modo de presentarlas al público. Por mi parte, no me encuentro en disposición de juzgar esto. 

De Rostand no conozco sino fragmentos de su Cyrano, que he oído recitar en la traducción española, y de D'Annnunzio, una novela que empecé a leer en una traducción también, solo que francesa, que se publicaba en la Revue des Deux Mondes, y no la acabé, y alguna que otra poesía en el original italiano. Me dicen personas de crédito en la materia que su lengua, su italiano, y su estilo son una maravilla de arte, pero nada de esto me ha movido a leerle. Y no es sólo que me hastíe su exhibicionismo, no. Es que el género de elogios que sus admiradores le dirigen es lo que me deja indiferente y apático a su respecto.

Apenas recuerdo haber dejado de leer a escritor alguno por las censuras que se le hayan dirigido. Es más: me han movido a leer a más de uno los ataques de que ha sido objeto y el fingido desdén con que se le ha tratado. Y, en cambio, son legión los escritores a quienes no leo por culpa de sus admiradores. ¿Que persona de juicio que conozco aquí, en España, y esto lo extiendo a Francia, a los nietzschenianos, va a moverse a leer a Nietzsche? 

Tengo por norma no leer a un autor hasta que no haya pasado de moda.  Cuando ya se empieza a olvidarle es cuando me gusta trabar conocimiento con él. Y estoy enteramente seguro de que si me hubiese engolfado en la lectura de Ibsen cuando apenas había quien de él no hablase aquí, no habría encontrado en su lectura las sugestiones que en ella  encuentro ahora en que ya Ibsen está libre del polvo con que velaba su figura el estrépito de sus voceadores.

Me gusta leer a los que aún no están en moda o a los que ya dejaron de estarlo. Y he aquí por qué la profesión de la crítica, como tal profesión, me repugna. Porque la crítica no suele ser de ordinario sino el comentario de la moda. Sobre todo, la crítica de teatro.

¡Oh la crítica de teatro! Aquí sí que comprendo el vanidad de vanidades de Salomón y de Constantino. Un crítico de teatros es, ante todo, un crítico de modas, y no debería permitirse ejercer el sagrado ministerio de la crítica teatral a quien no fuese examinado previamente de sastrería y de artes afines.

Hubo en España en un tiempo un hombre famoso que, aunque de San Sebastián, recogió todo el espíritu madrileño de su época. Este hombre fue Peña y Goñi. Hacía crítica de ópera, de corridas de toroes y de partidos de pelota. "¿Qué común denominador tienen estas tres nobles manifestaciones de la actividad humana?", me preguntaréis. Pues el de que las tres son espectáculos. Y como tales espectáculos las criticaba Peña y Goñi.

Celebrábase una vez en Bilbao un famoso partido de pelota, y como al acabarse sacaran al Chiquito de Eibar en hombros sus admiradores, es decir, aquellos a quienes les dio a ganar unos cuantos duros con las apuestas, un espectador del interior de España, uno que no era del país, exclamó, casi escandalizado: "¡Qué barbaridad, ni que fuera Lagartijo!" Se refería al gran torero. Y este espectador, si no estaba en lo cierto, es porque no había penetrado en el espectáculo. 

Y los que hacen revistas de ópera, de toros o de pelota, son los más capacitados también para escribir revistas de las sesiones parlamentarias del Congreso. Porque estas sesiones son, ante todo y sobre todo, espectáculo.

Y de nuestra vida, ¿qué está haciendo la Prensa sino un espectáculo? ¿Es la Prensa la que engendra esa insana curiosidad pública a la busca siempre de espectaculosidades y de fútiles informaciones, o es el público el que exige eso de la Prensa? Yo creo que se corrompen mutuamente, como decía Rousseau de los ricos y los sabios.

Esa horrenda manía de publicidad nos gana a todos, amigo Constantino, y hasta a los que no tienen que vivir de ella. Porque el que usted, que vive de presentarse al público y cantarle, se haga retratar en todos los trajes y papeles, está bien; pero, ¿y el joven matrimonio ese? ¿Y ese grupo de muchachos que celebraron con una comida el que uno de ellos se licenciara en Farmacia? ¿Y aquel a quien le tocó el premio mayor de la Lotería? Y esto último es ya un colmo. Comprendo que se haga retratar el dueño de la Administración de loterías en que se vendió el billete que salió luego premiado; pero el afortunado comprador, no. Es ya demasiado. Debe bastarle con haber sacado el premio. Pero no le basta. Una vez con el provecho, busca, además, la gloria. Así es, ¡ay! el corazón humano.

Yo no le recomendaría a ningún autor novel que ponga su retrato al frente de un libro que publique. Se expone a que no le lean así que vean la cara que tiene. ¿Para qué necesitan saber más de él? Ahora bien: podría ocurrir, y aun acaso ocurra en más de un caso, que lo que el autor busca en realidad no es dar a conocer su obra, sino su retrato, y que aquella no es sino un pretexto para colocarnos este. Sé de un joven novelista que escribe novelas para señoritas y publica su retrato al frente de sus libros. me parece muy bien. Es un excelente  medio de buscarse una novia. Lo hace, sin duda, para ver is alguna, prendada de su fisonomía, le sugiere, el que se dirija a ella en solicitud de su mano y su dote. 

Hay en casi todos los pueblos cultos y en muchos que no lo son, aunque lo parezcan, la, al parecer, piedosa costumbre de que las familias participen con una esquela a sus amigos, conocidos y hasta desconocidos, la defunción de cualquiera de los miembros de ella. Esto se extiende hasta a los niños de corta edad. "El niño Pepito Pérez, de ocho meses de edad, subió ayer al Cielo, lo que, etcétera." Esto está muy bien; no es sino una escena de la comedia de la muerte. Y una de las más teatrales. Porque para teatral y cómico no hay nada como una esquela de defunción. Y del cómico más exquisito, que es el cómico fúnebre. 

Pero con lo que yo no puedo transigir, contra lo que me creo en el deber de protestar con todas mis fuerzas, es contra esta incipiente costumbre que espero en Dios no prosperará, de anunciar también mediante una esquela el nacimiento de un nuevo vástago, de uno que no ha hecho todavía sino nacer. ¡No, no y mil veces no! Eso no es sino empañar la augusta y santa solemnidad del único acto serio que llevamos a cabo en nuestra vida, de lo único que hacemos sin afectación ni hipocresía alguna, que es nacer. Porque tengo que repetirlo una vez más: lo único que hacemos todos en serio es nacer. Y esto se debe acaso a que, como decía un tan profundo como injustamente desdeñado pensador, en realidad no nacemos, sino que nos nacen. mas sea lo que quiera de esta profunda distinción, lo que queda fuera de distinciones es que el nacimiento es lo único que hay de serio en la vida de los hombres todos. No empañemos, pues, su augusta seriedad con esquelitas espectculosas. Sancta sancte!

Vean ustedes adónde me ha venido a traer el comentario, más o menos errático, del párrafo de la carta de Constantino. Pero confío y espero en que se le permitirán tan trascendentales y prfoundos comentarios a un escritor tan serio como yo. Hay quien asegura que no me ha visto reír nunca. Y yo, desde luego, aseguro que jamás me he visto reír, porque cuando me río no me miro nunca al espejo. Tengo miedo de conocerme.

Una cuestión. ¿Cómo representarían los cómicos actores si mientras representan se estuviesen viendo reflejados en un espejo? 

¡Y, sin embargo, cuántas veces no representa uno para sí mismo!



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Paying Attention to Attention

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