Transgenderism in academia...
— Jonny Bell (@Jonnywsbell) August 23, 2026
A woman pretending to be a man rewards a man pretending to be a woman with an honorary degree...
This is insanity... pic.twitter.com/0dj2eK7vfa
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Hoy lo tenemos por Zaragoza, después de la deposición de su firma de la Ley de Amnistía.
Todo lo pervierte y lo vacía de sentido. Las formas y ceremonias quedan como cáscara vacía y CORRUPTA.
— JoséAngelGarcíaLanda (@JoseAngelGLanda) June 11, 2024
Leer los comentarios, para ver un sondeo de opinión sobre la Monarquía, vista su irresponsable y traidora dejación de funciones al firmar la ley de amnistía. https://t.co/yrwPsVeK45
— JoséAngelGarcíaLanda (@JoseAngelGLanda) June 11, 2024
Lo que hace en su vida privada es una vergüenza, pero menos grave que el incumplimiento público y fragante (fragante a mierda, digo) de sus funciones —al avalar el engaño, la estafa y la TRAICIÓN.
Lean como lean la Constitución, ésa nunca puede ser ni la función ni la obligación del Rey. Pero todo en este hombre es falso, fachada, formalismo vacío, irresponsabilidad, corrupción y dejación.
Y esa corrupción de la jefatura del Estado corrompe al país entero.
Origen de la conciencia del teatro, de la ceremonia, del ritual y del espectáculo en el Monaguillo, según Albert Boadella (Memorias de un bufón):
'La sacristía era como un tugurio en el que los curas jugaban al dominó, en espera de misas y sacramentos; discutían, fumaban o reían tan fuerte que, a veces, el párroco tenía que pedirles más moderación. En medio de aquel ambiente tabernario, todo se transformaba por el simple hecho de atravesar la puerta de la sacristía tocando la campanilla, seguido del cura revestido con los ornamentos. A partir de aquel preciso instante los actos se volvían trascendentales, éramos otros, él y yo.
No hay diferencia alguna entre este comportamiento y el de los actores cuando están entre cajas o salen a escena; se invisten de un personaje y solo por la voluntad del celebrante (actor) y la de los feligreses (público) ya todo es diferente. Poco importa que el actor sea un imbécil, pues solo con que sea un hipócrita aceptable nos hará emocionarnos con su heroísmo de ficción. Tal como lo expresábamos en la obra El Nacional, "somos un oficio de putas, maricones y cabrones; la grandeza está en que las putas hacen de Vírgenes, los cabrones de héroes, y los maricones de Don Juan; ésta es la auténtica magia del teatro".'
El teatro y la liturgia utilizan el mismo lenguaje: por eso el Bufón sostuvo siempre que la actuación de monaguillo profesional supuso el primer trabajo escénico de su vida.
En un párrafo de su libro El rapto de Talía, analiza las funestas consecuencias que la degradación de la teatralidad de las funiones litúrgicas católicas le ha acarreado a la religión después del Concilio Vaticano II, que fue el pretexto para proceder al desmantelamiento de las rúbricas. 'Los que pertenecemos al gremio escénico observamos a menudo cómo repercute un efecto visual o sonoro en los mecanismos sensoriales del espectador, que obtiene así mayor lucidez, debido a la excitación de esos mismos impulsos. También comprobamos cómo estos efectos se multiplican por el simple hecho de recibirlos en común (público); de tal manera que el poder de sugestión aumenta proporcionalmente con la participación colectiva en el acto. Es evidente que la pérdida de estos beneficios escénicos por parte de la Iglesia repercute directamente en el fervor espiritual del creyente, pues le será muy difícil al feligrés separar de su impulso religioso fondo y forma, ya que, tal como ocurre en las artes, la forma es esencialmente contenido.
Lamentablemente, cuando se corta una tradición, se descomponen los códigos con gran celeridad; por eso hoy en día el conocimiento de la comunicación ritual en los clérigos es nulo. Las ceremonias religiosas acostumbran a ser desoladoras, y, en vez de orientar hacia la divinidad, expresan descarnadamente un estado de decadencia monumental de la Institución. Poco importa que Santa Teresa de Jesús declare en su autobiografía "que en cosa de la fe, contra la menor ceremonia de la Iglesia que alguien viese yo iba, por ella me pondría yo a morir mil muertes".
Ni los grandes faustos que envuelven ahora los viajes papales tienen la más mínima calidad escénica: solo exhiben un despliegue de medios, más propio de un concierto de rock. El objetivo de la pretendida ceremonia espiritual siempre parece más encaminada a demostrar el potencial de la empresa vaticana que a la exaltación de la fe. Desde una óptica puramente ceremonial, consigue hoy mucha más trascendencia la retransmisión desde Viena del concierto de año nuevo, en el que cada primero de enero dos mil cretinos satisfechos de sí mismos siguen, dando palmadas, la Marcha Radetzky, bajo las indicaciones del Dios napolitano Ricardo Mutti.
Los hechos demuestran que ha sido más grave para el catolicismo la falta de fe en el Teatro que la falta de fe en Dios'.
Esta defensa de la forma en las funciones religiosas manifiesta un empeño profesional muy impregnado de añoranza de aquellos solemnes oficios católicos en los que había participado, anunciados con campanas, perfumados con incienso, recitados en latín, con el órgano acompañando el canto gregoriano e ilustrando la acción. No es posible que un hombre de teatro no sienta un profundo interés por el ceremonial religioso, especialmente por un rito como la misa, tan perfecto en cuanto a participación y simbología. Con poquísimos recursos, una mesa, unas velas, un libro, pan y vino, se rememoran poéticamente los acontecimientos supremos de la mitología cristiana de manera escénicamente ejemplar.
'En cierto momento de los oficios solemnes, el sacerdote, después de incensar el altar, me pasaba el turíbulo; yo me colocaba en el centro del presbiterio, de cara a la gente, les hacía una reverencia, y automáticamente todo el mundo se ponía de pie mientras les lanzaba humo de incienso. Es de suponer la excitación que sentía cuando toda la iglesia se levantaba a mi señal; aquello inoculaba en mí el virus del histrionismo, y es muy probable que de manera subconsciente aquella simple acción decidiera irreversiblemente mi vida'.
Comentario que les pongo a los estudiantes (y profesores) en el acto de graduación:
José Angel García Landa - No olvidéis que las circunstancias anormales del Covid no las ha impuesto la "pandemia" en sí, sino las medidas abusivas dictadas por políticos guiados por un despotismo sanitario teledirigido, y por un comité de "expertos fantasma"....
José Angel García Landa - Es
importante conocer lo que ha pasado para completar una buena formación.
Entenderlo bien, más allá de las versiones oficialmente promovidas.
y
añado, sobre los llamamientos de la Decana al "inconformismo", al
"pensamiento crítico", a la defensa de los "valores humanísticos" y al
"diálogo":
Mucho "diálogo", pero a mí la Facultad me abrió un expediente por intentar resistirme modestamente a la imposición de la mascarilla. Y sin diálogo previo ni intercambio de opiniones ni nada que se le parezca. Así que menos predicar y más dar trigo.
Pereat diabolus, quivis antiburschius, atque irrisores.
—oOo—
Robert Lovelace's thoughts on disrespecting the sacred, and on theatre as "the epitome of the world", in Richardson's Clarissa (vol. IV, letter ix):
I could make some pretty observations upon one or two places of the lady's meditation: but, wicked as I am thought to be, I never was so abandond as to turn into ridicule, or even to treat with levity, things sacred. I think it the highest degree of ill manners to jest upon those subjects which the world in general look upon with veneration, and call divine. I would not even treat the mythology of the heathen to a heathen, with the ridicule that perhaps would fairly lie from some of the absurdities that strike every common observer. Nor, when at Rome, and in other popish countries, did I ever behave shockingly at those ceremonies which I thought very extraordianry: for I saw some people affected, and seemingly edified, by them; and I contented myself to think, though they were beyond my comprehension, that if they answered any good end to the many, there was religion enough in them, or civil policy at least, to exempt them from the ridicule of even a bad man who had common sense and good manners.
For the like reason I have never given noisy or tumultuous instances of dislike to a new play, if I thought it ever so indifferent: for I concluded, first, that every one was entitled to see quietly what he paid for: and, next, as the theatre (the epitome of the world) consisted of pit, boxes, and gallery, it was hard, I thought, if there could be such a performance exhibited as would not please somebody in that mixed multitude: and, if it did, those somebodies had as much right to enjoy their own judgments undisturbedly as I had to enjoy mine.
This was my way of showing my disapprobation; I never went again. And as a man is at his option, whehter he will go to a play or not, he has not the same excuse for expressing his dislike clamorously as if he were compelled to see it.
—oOo—
An audio introduction, by a friendly Artificial Intelligence, to one of my papers on Shakespeare's theatre deriving from my reading of...