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domingo, 3 de mayo de 2026

We Playact

 

Algunos de los podcasts que hace Academia sobre mis artículos me temo que sólo los puedo escuchar yo.... Es el caso del segundo. Díganme si alguien lo puede oír. Si no, siempre queda el primero, de tema parecido, espero que éste sí se escuche. 

Academia. "Goffman: La realidad como expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad (Goffman: Reality as self-fulfilling expectation and the theatre of interiority)." AI podcast on José Angel García Landa's paper. Academia 15 Jan. 2026.*

         http://www.academia.edu/168011/

2026

_____. "We Playact: The Subject, Dialectical Interaction and the Strategy of Representation according to Goffman." AI podcast on José Angel García Landa's Spanish paper "Somos teatreros: El sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman."  Academia 30 May 2012.*

         https://www.academia.edu/1603731/

         2026

 

Y a una mala tienen el articulillo escrito para leerlo. Háganlo disfrazados.

 


lunes, 16 de marzo de 2026

La teatralidad del yo en Adam Smith

Un poco de dramatismo en la Teoría de los Sentimientos Morales:

_____. "La teatralidad del yo en Adam Smith." Academia 16 March 2026.*

         https://www.academia.edu/165201439

         2026

sábado, 12 de julio de 2025

Unamuno y el yo relacional

 

Este artículo expone las ideas de Miguel de Unamuno sobre la naturaleza social y relacional del yo, así como el parentesco intelectual entre esta noción del sujeto y otras teorías de la psicología social tales como el dramatismo.

Texto completo en SSRN:

Unamuno y el yo relacional 

https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=5348902

 

7 Pages Posted:

Jose Angel Garcia Landa

Universidad de Zaragoza

Date Written: April 07, 2024

Abstract

English abstract:

Unamuno and the Relational Self

This is a paper on the social and relational nature of the self as it is expounded in the works of Miguel de Unamuno, and on  the intellectual kinship of this view of the self with dramatism and other theories in social psychology. 


Keywords: Self, Subject, Social psychology, Miguel de Unamuno, Dramatism, Social relations, Sociality

Garcia Landa, Jose Angel, Unamuno y el yo relacional (Unamuno and the Relational Self)
(April 07, 2024). Available at SSRN: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=5348902

 

 

 


 

domingo, 7 de abril de 2024

Unamuno y el yo relacional

La teoría del yo relacional, que así la bauticé para uso propio observando ciertas propensiones de mi propia personalidad y ciertas patologías del comportamiento mío y de otros, vendría a consistir en lo siguiente (llevada a la caricatura extrema): no tenemos una personalidad propiamente dicha, sino un sistema de relaciones sociales que resultan en una apariencia de personalidad. Somos nuestras relaciones sociales; somos la gente con quienes nos relacionamos y la resultante de nuestras diversas relaciones con diversas personas, en diversas modalidades e intensidades, personas que a su vez son una ficción de personalidad y una resultante de sus relaciones con nosotros y con otras personas.

Que somos ligeramente distintos (o no ligeramente) con cada persona, en cada interacción concreta, es sólo una consecuencia obvia o inevitable de este estado de cosas. (Que somos cada uno todo un baile de máscaras podría ser otra manera algo caricaturesca de decirlo).


 

Es una teoría que puede formularse de maneras menos caricaturescas y ponerse en relación con otras teorías de la psicología social que me interesan especialmente, como el dramatismo de Goffman

En fin, que lo del yo relacional no lo he inventado yo, aunque sí le puse este nombre; y pueden encontrarse abundantes ejemplos o intuiciones al respecto en la literatura, la científica, la acientífica y la mediopensionista. Hoy traemos a colación a Miguel de Unamuno, amante de la paradoja y de la psicología paradójica, que nos presenta en algunos artículos suyos penetrantes observaciones sobre la naturaleza relacional del yo (y del tú, hypocrite lecteur). 

Ésta en concreto viene del principio de su muy recomendable artículo "El secreto en la vida":

Hace tiempo, mi más querido amigo, que el corazón me pedía que te escribiese. Ni él ni yo sabíamos sobre qué, pues no era sino un vehementísimo anhelo de hablar confidencialmente contigo y no con otro.

Muchas veces me has oído decir que, cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida, nos perfecciona y enriquece, más aún que por lo que de él mismo nos da, por lo que de nosotros mismos nos descubre. Hay en cada uno de nosotros cabos sueltos espirituales, , rincones del alma, escondrijos y recovecos de la conciencia que yacen inactivos e inertes, y acaso nos morimos sin que se nos muestren a nosotros mismos, a falta de las personas que mediante ellos comulguen en espíritu con nosotros y que merced a esta comunión nos lo revelen. Llevamos todos ideas y sentimientos potenciales que sólo pasarán de la potencia al acto si llega el que nos los despierte, cada cual lleva en sí un Lázaro que sólo necesita de un Cristo que lo resucite, y ¡ay de los pobres Lázaros que acaban bajo el sol su carrera de amores y dolores aparenciales sin haber topado con el Cristo que les diga: "Levántate"!

Y así como hay regiones de nuestro espíritu que más florecen y fructifican bajo la mirada de tal o cual espíritu que viene de la región eterna a que ellas en el tiempo pertenecen, así cuando esa mirada nos está por la ausencia velada, esas tierras la anhelan como anhela toda tierra el sol para arrojar plantas de flor y de fruto. Y los pegujares de mi  espíritu, que dejaron de ser yermos cuando te conocí y me los fecundaste con tu palabra, esos pegujares están hace tiempo queriendo producir. Y he aquí por qué anhelaba escribirte, sin saber bien sobre qué. (Ensayos, 829-31)

Este ensayo deriva hacia la importancia del secreto, de lo no dicho ni reconocido, en la formación de la personalidad. Pero el secreto está en cierto modo a la vista, pues constituye a la personalidad por limitación externa y así viene a estar relacionado con esta cuestión del yo relacional. Pues el meollo de lo secreto en la personalidad viene a ser, al decir de Unamuno, el siguiente, que es un secreto casi a voces—una dimensión un tanto expansionista o inquieta de nuestra personalidad por crecer relacionalmente, por ser lo que no es todavía—a la vez que paradójicamente se desea que esa expansión no nos cambie sino que nos mantenga en lo que somos, de lo que hemos sido y aún somos, y que ya no seríamos de llevarse a cabo esa expansión:

Y el secreto de la vida humana, el general, el secreto raíz de que todos los demás brotan, es el ansia de más vida, es el furioso e insaciable anhelo de ser todo lo demás sin dejar de ser nosotros mismos, de adueñarme del Universo entero sin que el Universo se adueñe de nosotros y nos absorba: es el deseo de ser otro sin dejar de ser yo, y seguir siendo yo siendo a la vez otro; es, en una palabra, el apetito de divinidad, el hambre de Dios. (841-42).

Por así decirlo, en lenguaje unamuniano o religioso. (Una amiga mía lo ponía en otro lenguaje, el del horóscopo, y me decía que estas cosas me pasaban a mí porque era géminis, y tenía así dos personalidades; pero de hecho vemos que sería la manifestación de un síndrome más general anejo a toda personalidad, no tanto el duplicarse sino el multiplicarse en infinitos agentes Smith, o más bien Smyth, Smythe, Schmitt, Shmidt, Schmidt, etc.). 

Bien, se ve la relación de todo esto con el yo relacional, pero por aquí nos vamos del tema, y quiero volver a otra alusión que hace Unamuno al yo relacional a cuenta de otros fenómenos psicológicos o características de personalidad: el ser coherente consigo mismo, consecuente, firme, no cambiante, o el ser variable. En el ensayo "Sobre la consecuencia, la sinceridad", observa cómo no podemos tenerlo todo, si somos sinceros a veces seremos inconsecuentes. (Unamuno también reclamaba para sí, como los hippies, el derecho a la contradicción y a la incoherencia. O, como Whitman, el derecho a contener multitudes, al menos potenciales, como decíamos). 

En fin, que los demás nos piden coherencia, y que el sujeto social fiable necesita ser coherente, o más bien los demás, "la sociedad", necesitan que él sea coherente, vamos, necesitan que sea él, porque si no, si empieza a actuar de modo incoherente, no saben a qué atenerse, y a ver a quién le vamos a pasar las facturas o los plazos de la hipoteca. Y así nos forjamos con los demás una persona, una personalidad coherente, un crédito social (y también comenta Unamuno la creciente importancia de vivir a crédito, en sentido económico y de economía personal....):

Vivimos de crédito, de autoridad y de confianza, y por eso pedimos consecuencia al prójimo: para que no nos engañe, es decir, para que no engañe la idea que de él tenemos. Queremos que el prójimo se mantenga fiel al concepto que de él nos hemos formado, y hasta que se haga esclavo de esta nuestra representación de él. Y he aquí por qué predicamos consecuencia.... en los demás. ("Sobre la consecuencia, la sinceridad", 344)

Obsérvese que la consecuencia queda inevitable y al menos parcialmente comprometida por la relacionalidad del yo, así como por su variabilidad caleidoscópica a la vez que pasa por distintas situaciones y relaciones a lo largo del tiempo. A ver quién es el majo que es plenamente coherente; pues ya se echa de ver que lo de plenamente hay que tomarlo cum grano salis.

Pasa Unamuno a hablar de la inconsecuencia que se da a veces en las ideas a la vez que se mantiene una consecuencia en la personalidad, un poco a la manera del Teatro del Tío Gabriel... o viceversa, ideas consecuentes o inflexibles que, imponiéndose a la realidad de las relaciones personales y de la vida cotidiana, distorsionan a la larga la personalidad.

Pero esto ya nos lleva a otros derroteros—por ejemplo nos lleva más directamente a más dramatismo, a más vida como teatro, y allí lo llevamos, y aquí lo dejamos, pues sólo quería apuntar aquí cómo Unamuno participa al menos a veces, o en parte, de mi teoría del yo relacional. O participo yo de la suya.



El yo relacional

 


domingo, 23 de marzo de 2025

El yo y el cerebro, con Francisco Mora

 


A partir del minuto 60. La discusión de los dos sistemas que se coordinan, el de la percepción sensorial y el de la memoria almacenada interna, que se coordina con él, pueden relacionarse con la oposición, que veíamos en G. H. Mead, entre el I activo en el mundo, y el me que es un objeto para el yo, una imagen social ante la que reaccionar.

Por otra parte, los experimentos de privación sensorial consciente, que llevan a la fabulación, son los que sin duda experimentaban los chamanes en las profundidades de las cavernas, experimentando con la ensoñación y la fabulación a resultas de algún desarrollo cognitivo novedoso que les empujó a este desarrollo de la consciencia. De ahí la similaridad por todo el mundo entre las imágenes visionarias pintadas en las rocas y que se encuentran entre las primeras obras de arte—de arte y de experiencia visionaria.

 

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miércoles, 24 de julio de 2024

Aprendiendo a esconderse - Learning to Hide

Retropost, 2014:

Una lección básica sobre la teatralidad de la vida cotidiana. A truth of masks, o the role of roles, tal como se expone en The Social Construction of Reality, de Peter L. Berger y Thomas Luckmann.




Los roles sociales se basan en la socialización secundaria que sigue a la socialización primaria del individuo—a su adquisición de una identidad social y de un mundo en la niñez:

"La socialización secundaria es la internalización de 'sub-mundos' institucionalizados o basados en instituciones. Así pues, su extensión y su carácter quedan determinados por la complejidad de la división del trabajo y de la distribución social del conocimiento que va aparejada con ella" (1966: 158)

"Esto hace posible separar una parte del yo y la realidad que la acompaña para considerarlos relevantes sólo para la situación específica del papel que esté en cuestión. Así, el individuo establece una distancia entre su identidad total y la realidad que va con ella por una parte, y la identidad parcial específica del rol o papel, y su realidad, por otra. Este importante logro se vuelve posible sólo una vez ha tenido lugar la socialización primaria. Dicho en términos simplistas, es más fácil que el niño 'se esconda' de su maestro que de su madre. Y conversamente, podemos decir que el desarrollo de esta capacidad 'de esconderse'  es una parte importante del proceso de crecer y volverse adulto" (1966: 162)



Social roles are based on secondary socialization following the individual's primary acquisition of a social identity and a world in childhood:

 

"Secondary socialization is the internalization of institutional or institution-based 'sub-worlds'. Its extent and character are therefore determined by the complexity of the division of labour and the concomitant social distribution of knowledge" (1966: 158)

"This makes it possible to detach a part of the self and its concomitant reality as relevant only to the role-specific situation in question. The individual then establishes distance between his total self and its reality on the one hand, and the role-specific partial self and its reality on the other. This important feat is possible only after primary socialization has taken place. Put crudely once more, it is easier for the child 'to hide' from his teacher than from his mother. Conversely, it is possible to say that the development of this capacity 'to hide' is an important aspect of the process of growing into adulthood" (1966: 162)







martes, 23 de julio de 2024

Thomas Reid on Personal Identity

 

 


Dan Robinson gives the sixth of eight lectures on Reid's critique of David Hume at Oxford. In the third of his "Essays on The Intellectual Powers of Man", Thomas Reid devotes the fourth chapter to the concept of 'identity', and the sixth chapter to Locke's theory of 'personal identity'. This latter chapter is widely regarded as a definitive refutation of the thesis that personal identity is no more than memories of a certain sort, less a "bundle of perceptions". As he says, "This conviction of one's own identity is utterly necessary for all exercise of reason. The operations of reason—whether practical reasoning about what to do or speculative reasoning in the building up of a theory—are made up of successive parts. In any reasoning that I perform, the early parts are the foundation of the later ones, and if I didn't have the conviction that the early parts are propositions that I have approved or written down, I would have no reason to proceed to the later parts in any theoretical or practical project whatever".

Under "David Hume", the Stanford Encyclopedia of Philosophy begins with, "The most important philosopher ever to write in English". His most formidable contemporary critic was the fellow Scot, Thomas Reid, the major architect of so-called Scottish Common Sense Philosophy. The most significant features of Hume's work, as understood by Reid, are the representive theory of perception, the nature of causation and causal concepts, the nature of personal identity and the foundations of morality. Each of these topics is presented in a pair of lectures, the first summarizing Hume's position and the second Reid's critique of that position.

 

sábado, 22 de junio de 2024

Will the Player

 Habla aquí Shakespeare el actor, en el teatro del mundo, también hombre de teatro cuando se bajaba de las tablas. Este párrafo sobre la teatralidad de nuestro yo y de la vida cotidiana viene de la magnífica novela Will, de Christopher Rush (2007). Es este libro una especie de testamento vital de Shakespeare—escrito un poco a modo de concordance novel, redistribuyendo las palabras de las obras de Shakespeare para recontar su vida. Aquí habla desde el trasmundo, después de contar su muerte en primera persona. Pero lo que dice sobre su drama personal ni siquiera Shakespeare lo dijo tan bien, aunque todo ya lo dijo Shakespeare antes.



Those who knew me often called me gentle — affable, amusing, urbane, a perfectly charming man. And such was my London self. It was a costume, which on this occasion I have chosen not to wear, though many have dressed me up in their own ignorance. You, my masters, are among the chosen few. You have seen something of Will, without the daily beauty wear. You've seen something of my feet of clay. I could tell you more. I was fastidious, over sensitive for my age — and Age — to many things. I loathed smoky lamps, greasy dishes, sickly foods, untidiness, sweaty armpits, bad breath, unwiped arses, dribbling dicks, lickspittles, lackeys, hypocrites, Hooray-Henrys, King Henrys, beadles and bullies, dogs obeyed in office, Puritans. I abhorred the abuser of power, the perverter of justice, the mob, instability. What else? A hatred of hunting, of violence, especially committed against all those who are weak and vulnerable — animals, children, the poor. Also a suspicion of change, a respect for the social order. Love may be an illusion, sex a cesspit, politis a bear-pit, religion a fairy-tale and chivalry a shadow and a dream. I had little time for such abstractions. But I never lost faith in the social nuts and bolts, in the lives of ordinary people, just living, just living.

As for the extraordinary ones, the movers and shakers, history for me was a rogues' gallery. The angel of history is the angel of death. Idealists sooon become tyrants and cheats, as power corrupts. Listen to them whine and bark. Their convictions divide the world and only an honest doubt can unite it again. But their minds are closed and moulded, they have none — no honest doubt — and that's what makes them dangerous. Certainty is lethal. Conviction kills. That's my credo. All I know is that I know nothing, and that truth is like January, Janus-faced, looking to a lost year and one to come. My father wore a Protestat face and my mother kept on her own face at home while her husband made his a vizor to his heart, so they were split, as man and wife often are, and he was fractured too, public and private, outward and real. And that split is the best keys to the plays his son came to write. I saw that it was possible to be two people at once, to lead a double life, and out of this came Hamlet, Iago, Hal, and many others, good and bad, including me, who mocked authority, aristocrats, land-grabbers, players, but strove for substance, standing, armorial bearings and theatrical assets, while regretting every inch that staged me to the public view and turned my art to profit.

And so the exterior me — discretion, moderation, and reserve. How careful was I when I took my way, each trifle under truest bars to trust. I hid my beliefs in history, buried my voice in time and place, like the Bay of Portugal had an unknown bottom. I was ever unquarrelsome — even abject, some would say, still begging each treacherous friend to spare me some crumb of love. Not one whose help you could clearly count on, because much of the time the man you thought you saw was never there. A playmaker who avoided the first person and in so doing became no person. A man who in writing about other men reprieved himself from the man he was. A man wanting a litle self-confidence perhaps, except in plays. And outside the making of plays, a man even wanting in imagination, a compulsive acquirer, a land man, an Osric, burying his personal flaws in property, the safe palpabilities of earth and income, bricks and mortar, stocks and stones. A reversion, if you like, and a regression, back to the sucking dung that had clung to me and from which I'd longed to escape. The simple life. Yes, I could always smell the countryside through the squalor and the stench of London and the suffocating falsities of the court.

Yet, I longed for play, like any actor, and I longed for land, like any peasant. I loved beauty, especially woman's, and I paid for the pleasure, loved children and birds and plants for their simplicity and innocence, and all who kept boredom at bay and conquered the empire of dullness. Life itself I found far more interesting than anyone's opinions about it. I loved the surface of the earth and the whole process of human existence, which never ceased to fascinate me. I was enchanted by the maltworms and by the tapsters who served them. The human story was meat and drink to me. Osmotic, omnivorous, endlessly curious, that was me, that was your Will.

(...)

Of what manner of man is he, then, your Will? Why, of mankind. If your really want an image of myself as I was, look in the mirror and there you'll seem me, rather sadder and wiser than I'd have elected to be at my age, or you at yours. One of yourselves, that's all, one of the race of human beings, good enough for neither animals in their innocence nor gods in their wisdom. I was marked out not in appearance but in fortune—which buckled a talent on my back, a talent for words. I died in words and rose again like the phoenix, transformed.





 

 

 

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martes, 26 de marzo de 2024

The Self Illusion

 



Join Professor Bruce Hood as he shows that the concept of the 'self' is a figment of the brain, generated as a character to weave our internal
processes and experiences together into a coherent narrative.




Hood,
Bruce. "The Self Illusion: The Brain's Greatest Con Trick" YouTube (the RSA) 5 June 2013.*
         http://youtu.be/pdBdsqSF-bg
         2014

domingo, 17 de marzo de 2024

Somos Teatreros

Retropost, 2014:

Subimos a ResearchGate este viejo artículo—nuevo para quien no se lo ha leído, como pasa con los clásicos:


Resumen: En este artículo comento los aspectos más prominentes de la teoría de la interaccionalidad presencial desarrollada por Erving Goffman, y apunto algunos correlatos teóricos de la misma para una definición de la realidad y una teoría de la subjetividad, así como algunas maneras en que esta teoría interaccional es aplicable, con los ajustes pertinentes, a otros tipos de interacción humana no presencial, como en la comunicación mediada por ordenador, en la ficción narrativa o en la hermenéutica de la interpretación. No es sorprendente el poder explicativo de la teoría de Goffman en estas áreas, pues toda interacción comunicativa humana deriva en última instancia, genéticamente, y se asienta estructuralmente, sobre unas estructuras centrales de naturaleza presencial y holística, en las que la información corporal y periférica, y las formas de su uso y reapropiación, son un elemento crucial. Para el análisis de toda interacción comunicativa humana, por tanto, son relevantes las reflexiones de Goffman sobre la dramaturgia de la acción y la teatralidad de la presentación en sociedad, pues somos teatreros en todo lo que hacemos, de principio a fin.

English abstract:

We Playact: The Subject, Dialectic Interaction and the Strategy of Representation According to Goffman


This paper comments the most prominent aspects of Erving Goffman's theory of face-to-face interaction, suggesting its theoretical relevance for theories of reality and of the subject. It also notes the theory's applicability, with the relevant adjustments, to other types of human non-presential interaction, such as computer-mediated communication, narrative fiction, and the hermeneutics of interpretation. The explanatory power of Goffman's theory in these areas is not surprising, given that all human communicative interaction is ultimately derived, genetically and structurally speaking, from the basic and holistic structures of presential interaction, in which peripheral information and body language, and the modes of their use and reappropriation are crucial elements. Therefore, due to the inherent theatricality of human social interaction, Goffman's reflections on the dramaturgy of action and the theatricality of social presentation are highly relevant for the analysis of any mode of human communicational interaction. 

 



En SSRN:


https://papers.ssrn.com/abstract=2070508

SSRN eJournal Classifications Message
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Cognitive Linguistics: Cognition, Language, Gesture eJournal - CMBO
        
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Vol 4, Issue 15, June 08, 2012
CSN Subject Matter eJournals
    
Distributed in Cognitive Linguistics: Cognition, Language, Gesture eJournal
Vol 4, Issue 15, June 08, 2012




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Vol 5, Issue 59, June 11, 2012
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Philosophy of Mind eJournal - CMBO
        
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Distributed in Rhetorical Theory eJournal
Vol 1, Issue 3, August 08, 2012



También en estos sitios:


_____. "Somos teatreros." In García Landa, Vanity Fea 30 May 2012.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2012/05/somos-teatreros.html

         2012

_____. "Somos teatreros: El sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman." iPaper at Academia.edu 30 May 2012.*

         https://www.academia.edu/1603731/

         2015

_____. "Somos teatreros: El sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman (We Playact: The Subject, Dialectic Interaction and the Strategy of Representation according to Goffman). Online PDF at Social Science Research Network 31 May 2012.*

         DOI: 10.2139/ssrn.2070508

         http://ssrn.com/abstract=2070508

         2012

         Cognitive Linguistics: Cognition, Language, Gesture eJournal 4.15 (8 June 2012):

         http://papers.ssrn.com/sol3/JELJOUR_Results.cfm?form_name=journalbrowse&journal_id=1314047       

         http://www.ssrn.com/link/Cognitive-Linguistics.html (31 May 2012).*

         2012

         Ethics eJournal 5.59 (11 June 2012).

         http://papers.ssrn.com/sol3/JELJOUR_Results.cfm?form_name=journalBrowse&journal_id=950360        

         http://www.ssrn.com/link/Ethics.html (31 May 2012).*

         2012

         Philosophy of Mind eJournal 5.18 (8 June 2012):

         http://papers.ssrn.com/sol3/JELJOUR_Results.cfm?form_name=journalbrowse&journal_id=985625

         http://www.ssrn.com/link/Philosophy-Mind.html (31 May 2012).*

         2012

         Social and Political Philosophy eJournal 5.85 (12 June 2012).

         http://papers.ssrn.com/sol3/JELJOUR_Results.cfm?form_name=journalBrowse&journal_id=950427

         http://www.ssrn.com/link/Social-Political-Philosophy.html (31 May 2012).*

         2012

         Rhetorical Theory eJournal 1.3 (8 August 2012).

         http://papers.ssrn.com/sol3/JELJOUR_Results.cfm?form_name=journalBrowse&journal_id=950847

         http://www.ssrn.com/link/Rhetorical-Theory.html (31 May 2012).*

         2012

_____. "Somos teatreros: El sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman." ResearchGate 17 March 2014.*

         https://www.researchgate.net/publication/256020785

         2014

_____. "Somos teatreros: El sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman." In García Landa, Vanity Fea 17 March 2024.*

         https://vanityfea.blogspot.com/2014/03/somos-teatreros-en-researchgate.html

         2024

_____. "Somos teatreros: El sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman." Net Sight de José Angel García Landa 22 Dec. 2022.*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/SomosTeatreros.pdf

         2022



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miércoles, 28 de febrero de 2024

YO

 

Hablan de mí en el Diccionario de Filosofía  de José Ferrater Mora, sub voce "Yo". Me temo que me consideran algo sin sustancia:
  


YO.  Este pronombre personal de primera persona en singular puede ser usado en la forma corriente en expresiones como 'Yo quiero una manzana', 'Yo prometo pagar mis deudas' (en las que, en español, no es necesario usar 'yo': 'Quiero una manzana', 'Prometo pagar mis deudas'). Algunas de estas expresiones plantean problemas filosóficos. Por ejemplo, 'Yo prometo pagar mis deudas'—o 'Prometo pagar mis deudas'—es el presente de indicativo, primera persona en singular, del verbo 'prometer' acompañado del complemento 'pagar mis deudas'.  En principio, no parece haber entre '(Yo) prometo pagar mis deudas' y 'Él promete pagar sus deudas' más diferencia que la verbal, la cual corresponde en cada caso a una persona distinta—'yo' o 'él'—. Sin embargo, en el primer caso el prometer tiene una función ejecutiva (véase EJECUTIVO) o "performativa", mientras que en el segundo caso tiene una función descriptiva.

En filosofía 'yo' ha sido usado con el artículo 'el' en 'el yo', o 'el Yo'. En este caso, 'yo', o, como se escribe más comúnmente, 'el Yo', suele designar una realidad o una forma de realidad, equivalente a la persona (VÉASE), a la conciencia (VÉASE), o a la identidad personal.

'El Yo' se ha entendido frecuentemente en sentido psicológico como designando aquello que subyace a sus manifestaciones, esto es, a cualquier acto mental, o serie de actos mentales: el Yo es entendido entonces como una substancia que permanece, es decir, que sigue siendo idéntica, debajo de todos sus posible actos. Algunos autores han puesto en duda que haya algo que pueda llamarse "el Yo" sencillamente porque no hay nada que pueda llamarse "una substancia". El Yo es entonces el nombre que se da al conjunto de los actos mentales.

El concepto de 'Yo', o 'el Yo', ha sido entendido principalmente en tres sentidos: el psicológico, antes indicado, el epistemológico y el metafísico. El Yo epistemológico es o una substancia cognoscente o la serie, generalmente formando una unidad o estructura, de actos cognoscentes, actuales o posibles o ambos a la vez. El Yo metafísico es generalmente concebido como una substancia que es más fundamental que toda realidad psicológica o epistemológica. Tradicionalmente, este Yo metafísico ha sido concebido como el alma (VÉASE).

Aunque el Yo psicológico, entendido substancialmente o "funcionalmente", se ha interpretado a menudo desde el punto de vista del sujeto en cuanto sujeto cognoscente, no se han excluido otros actos, tales como sentimientos o emociones o voliciones. Se ha hablado entonces del Yo cognoscente, del Yo emotivo o del Yo volitivo, así como de un "Yo" que representa la unidad de todos los actos y que abarca todas las "facultades".

No es fácil distinguir siempre entre los sentidos psicológico, epistemológico y metafísico del concepto de "Yo" entre los filósofos, porque muy a menudo se ha pasado, deliberadamente o no, de uno a otro.

Ejemplos de estos modos diversos —y entrelazados— de entender el concepto de "Yo" los encontramos en el idealismo alemán. Así, Fichte concibe el Yo como una realidad anterior o previa al sujeto y al objeto, como la realidad que se pone a sí misma y con ello pone lo que se opone a ella. Este Yo fichtiano es primariamente un Yo metafísico, pero en sus descripciones Fichte acude a ejemplos que parecen corresponder al Yo psicológico, llamado a veces "Yo empírico".

Kant desarrolla un concepto "trascendental" del Yo, lo que le permite distinguir entre el yo psicológico (empírico), el Yo epistemológico y el Yo metafísico (alma). El yo, transcendentalmente (o epistemológicamente) hablando, es la unidad trascendental de la percepción (VÉASE), unidad cuyo carácter objetivo la distingue de la unidad subjetiva de la conciencia, la cual es, según Kant, "una determinación del sentido interno mediante la cual lo diverso de la intuición se da empíricamente para reunirse de este modo". Este Yo es por tanto un "Yo para el conocimiento". Es ilegítimo pasar de este Yo al Yo "trascendente" del que hablan los metafísicos. Sin embargo, en la medida en que se le plantean a Kant los problemas derivados del paso de la razón teórica a la razón práctica, se le hace más difícil mantener la concepción del Yo como unidad trascendental de la apercepción. El Yo puede no ser metafísico pero se convierte en un "Yo moral", distinto de la conciencia empírica.

Para Dilthey, el Yo trascendental es una ficción, el único Yo real es el Yo empírico de carácter histórico, el "sujeto biográfico". El carácter substante o "substantivo" del Yo es función de la experiencia histórica. Gustav Teichmüller concibió el Yo como una "coordinación", la cual definió como "el punto común de referencia para todo ser real e ideal dado a la conciencia" (cfr. Neue Grundlegung der Psychologie und Logik, 1889, ed. J. Ohse, pág. 167). Maine de Biran destacó el carácter concreto del Yo; el Yo es siempre experiencia concreta y real y se constituye mediante el sentimiento del esfuerzo en el encuentro con los "obstáculos" y "resistencias" del mundo. Esta concepción del Yo es más volitiva que intelectual.

Varios filósofos del siglo XX se han ocupado del problema del "yo". Para Husserl, en las primeras etapas de la fenomenología, no hay ningún "yo primitivo" que sea un "centro necesario" de referencia. Lo único que se encuentra es el "yo empírico y su referencia empírica a aquellas vivencias propias o a aquellos objetos externos que en el momento dado se han tornado para él justamente objetos de atención especial, quedando fuera y dentro muchas otras cosas que carecen de esta referencia al yo". Mas posteriormente ha sostenido que no puede dejar de admitirse un yo puro, el cual presenta una "trascendencia peculiar, una trascendencia en la inmanencia" y que consiste, en última instancia, en ser sujeto histórico. Por esta aproximación del yo puro a la unidad de la apercepción ha podido justamente la fenomenología de Husserl, "sin dejarse extraviar en la pura aprehensión de lo dado", convertirse en una "egología trascendental". Mas esta egología no parece todavía suficientemente "concreta". Todo lo que hemos dicho en el artículo sobre la noción de conciencia puede, por consiguiente, utilizarse, por lo menos analógicamente, para entender el yo. La vuelta a la "interioridad" del yo se ha hecho patente en varias tendencias contemporáneas. Según Louis Lavelle, el yo es interior a sí mismo y sobrepasa toda dualidad entre el ser y el conocer. Es una "actividad interior a sí", que está, según los momentos, en estado de tensión o en estado de distensión. "Así —escribe Lavelle— yo soy un ser que se hace a sí mismo, y no un ser que se mira como siendo. No hay, pues, conocimiento de sí en el sentido de que este conocimiento suponga una conciencia de sí que anula tal distinción, pues ella me permite aprehender siempre mi ser en estado naciente, en el acto mismo por el cual, a cada momento, no ceso de crearlo." Con lo cual el acto por el cual el yo toma conciencia de sí anticipa el ser del yo y, en cierto sentido, le da este ser. De ahí la diferencia entre "yo" y "el yo". Por eso Ortega concibe este yo que yo soy como algo esencialmente existente, como un quien que, sin embargo, no excluye la posibilidad de un pensamiento de su propia realidad. El yo que es mi realidad es, por consiguiente, la mismidad. No es un concepto vacío en el cual se aloja posteriormente el yo que soy, sino un concepto que surge en la medida en que mi yo se hace a sí mismo. Este hacerse requiere empero, según Ortega, la circunstancia, pero no es simplemente el resultado de ella. En verdad, el yo concreto es el resultado dinámico de un hacerse a sí propio que no depende enteramente de la circunstancia ajena, ni es tamposo el efecto de una supuesta actividad substancial. Así, el yo propio parece eludir toda naturaleza y coincidir con su propia historia. Pero esta historia no se puede realizar, creemos, sin que a su vez el yo propio no quede vinculado a una determinada persona (VÉASE). "Con lo cual no sostengo —hemos escrito en otro lugar— que nos las habemos con una persona que tiene por ventura una historia, sino con una persona que no puede entenderse sino históricamente. Mutatis mutandis puede decirse que 'la substancia personal' en que consiste el hombre es lo que subsiste por derecho propio y es perfectamente incomunicable. Pero no por ser un supuesto de índole racional, sino un supuesto cuya 'naturaleza' es histórica y dramática. La persona humana sería así, 'una substancia individual de naturaleza histórica'" (El ser y la muerte, 1962, página 188).

En los párrafos anteriores hemos tocado con frecuencia un punto que algunos autores consideran central con con respecto a la noción de "yo": es el que se refiere al carácter substancial o no substancial de la realidad designada. Examinaremos ahora brevemente este problema al hilo de las varias opiniones típicas mantenidas al respecto, especialmente en el pensamiento contemporáneo.

Estas opiniones pueden reducrse a tres: 1) La de quienes siguen adhiriéndose a las concepciones "clásicas" según las cuales el yo es una substancia, tanto si ésta es considerada como un "alma substancial" como si se le atribuyen los caracteres de la "cosa"; 2) la de quienes niegan toda substancialidad al yo y sostienen que el yo es un epifenómeno, o una pura función, o un complejo de impresiones o de sensaciones; 3) la de quienes buscan una solución intermedia, ya sea por medio de una combinación ecléctica, o bien a base de un principio distinto. Las tres opiniones pueden rastrearse en muy diversos períodos de la historia de la filosofía occidental, pero se han manifestado con particular claridad desde el momento en que el dualismo cartesiano de las sustancias pensante y extensa dio lugar a múltiples ensayos para solucionarlo (monismo, pluralismo, etc.) y sobre todo desde el instante en que el fenomenismo contemporáneo replanteó la cuestión de la índole del yo con la todo radicalismo y no sólo bajo el aspecto de la relación "cuerpo-alma", sino también desde el punto de vista de otras relaciones: "yo-mundo"—incluyendo en el mundo el cuerpo—, "interior—exterior", "realidad psíquica-realidad física", etc. Numerosos ejemplos podrían proporcionarse de cada una de estas opiniones. Varios han sido ya indicados en los párrafos anteriores. Nos limitaremos ahora a destacar algunos intentos contemporáneos correspondientes a la tercera de las citadas posiciones.

Figuran entre ellos muchas de las teorías actuales de la persona (VÉASE) que afirman a la vez su continuidad y su trascendencia, las concepciones de Whitehead tal como se hallan expuestas en la doctrina categorial de Process and Reality, la teoría del yo mantenida por De Witt Parker en su libro Experience and Substance (1914); los varios intentos actuales para dar una solución distinta de la tradicional al problema del cuerpo (VÉASE); las teorías sobre la realidad psicológica de Scheler,  Pfänder y Maximilian Beck; las tesis de Ortega sobre vida, alma y espíritu; la doctrina sobre el yo de R. Frondizi. Este último autor se ha ocupado con particular detalle del problema del yo, defendiendo una idea del mismo igualmente opuesta al substancialismo tradicional y a la negación de toda subsistencia tal como es postulada por varios filósofos empiristas radicales. Según Frondizi, el yo no es una experiencia entre otras, ni el conjunto de las experiencias, sino algo más, un "plus" que, sin embargo, no puede ser identificado con una substancia intemporal y en sí no sometida a cambio. El yo cambia, pero a la vez es permanente; es, en rigor, "lo siempre presente", "lo estable" dentro del cambio. El yo puede ser definido entonces como una realidad cuyo carácter fundamental es el ser funcional. Por eso las experiencias y actos del yo no le son accidentales, y por eso poseen una "unidad estructural". A ello hay que agregar, según Frondizi, el carácter no independiente del yo (es decir, su no preexistencia en el mundo, y su integración o autoconstitución en su trato activo con el mundo y con los otros yos), lo cual equivale a reconocer su intencionalidad.

Todas las doctrinas hasta aquí referidas pertenecen a la historia de la llamada filosofía occiental. La llamada filosofía oriental se ha ocupado asimismo del problema del yo, aun cuando la significación del concepto sea en muchos casos harto distinta de la que tiene entre los autores occidentales. Uno de los ejemplos más conocidos de esta reflexión sobre el problema del yo es la que proporciona el budismo. Esta tendencia niega, en rigor, el yo, y, con ello, la conciencia (que no es sino una de las propiedades que se atribuyen al yo). Lo que llamamos 'Yo' —la "individualidad"—es, según los budistas, un engaño: resulta de una inadmisible identificación de una realidad con el individuo. Ahora bien, el Yo puede descomponerse en un cierto número de factores últimos, de los cuales conviene destacar cinco: la materia, el sentimiento, la percepción, el impulso y la conciencia. Suponer que estos factores componen el Yo es, según los budistas, un puro acto de imaginación. Cierto que esta doctrina budista no es, propiamente hablando, una explicación teórica del yo, sino un método con el fin de llegar a comprender que el hombre debe descargarse del fardo de la individualidad. Pero semejante método no sería posible si la individualidad no fuera denunciada como un engaño y, por consiguiente, sin una cierta "idea" de ella que, traducida al lenguaje occidental, parece acercarse al fenomenalismo extremo y en parte al "fenomenalismo idealista".

Mencionamos, en orden cronológico de aparición, obras (sistemáticas e históricas) sobre el problema del yo, de la identidad o identificación del yo, etc. Hay que completar esta bibliografía con la de otros artículos (por ejemplo HOMBRE; PERSONA).

Véase: P. Asmus, Das Ich und das Ding an sich. Geschichte ihrer begrifflichen Entwicklung in der neuesten Philosophie, 1873. — Th. Lipps, Das Ich und das Tragische, 1892. — G. Gerber, Das Ich als Grundlage unserer Weltanschauung, 1893. — Arthur Drews, Das Ich als Grundproblem der Metaphysik, 1897. — Walleser, Das Problem des Ich, 1903. — G. Kafka, Versuch einer kritischen Darstellung über die neueren Anschauungen über das Ichproblem, 1910. — K. Oesterreich, Phänomenologie des Ich in ihren Grundproblemen, I., 1910. — Íd., íd., Die Probleme der Einheit und der Spaltung des Ich, 1928. — Charles Gray Shaw, The Ego and Its Place in the World, 1913. — John Laird, Problems of the Self, 1917. — H. De Witt Parker, The Self and Nature,  1917. — G. Lehmann, Psychologie des Selbsbewusstseins, 1923. — Sigmund Freud, Das Ich und das Es, 1925 (trad. esp.: El Yo y el Ello, en la edición de Obras completas, por L. López Ballesteros, citada en la bibliografía del artículo PSICOANÁLISIS). — William Ernest Hocking, The Self: Its Body and Freedom, 1928. — Carl Gustav Jung, Die Beziehungen zwischen dem Ich und dem Unbewussten, 1928 (trad. esp.: El Yo y lo Inconsciente, 1935). — O. Jansen, Das erlebende Ich und sein Dasein, 1932. — Mensching, Zur Metaphysik des Ich, 1934. — Jean Nogué, Essai sur l'activité primitive du moi, 1936. — Heinrich Giesecke, Das transzendentale Ich bei Fichte. Kritischer Versuch under besonderer Berücksichtingung phänomenologischer Gesichtspunkte, 1936. — Louis Lavelle, Le moi et son destin, 1936. — Íd., íd., Les puissances du moi, 1948 (trad. esp.: Las potencias del yo,  1954). —A. C. Mukerji, The Nature of Self, 1938. — A. Cosentino, Temps, Espace, Devenir, Moi. Les sosies du néant, 1938. — N. J. J. Balthasar, Mon moi dans l'Être, 1946. — Giovanni Emmanuele Barié, L'io trascendentale, 1948. — Kurt Bach, Auferstehung des Ich, 1948. — P. M. Symonds, The Ego and the Self, 1951. — Risieri Frondizi, Substancia y función en el problema del yo, 1952; 2ª ed., rev., con el título, El yo como estructura dinámica, 1970. — L. Hyde, I Who Am; A Study of the Self, 1954. — James Brown, Subject and Object in Modern Theology, 1955 [sobre Kierkegaard, Heidegger, M. Buber y K. Barth]. — Rodolfo Mondolfo, La comprensión del sujeto humano en la antigüedad clásica, 1955. — F. J. Mott, The Nature of the Self, 1959. — A. O. Lovejoy, The Reason, the Understanding, and Time, 1961. — John Mac-Murray, Persons in Relation, 1961 [Gifford Lectures, 1954]. — Benjamin Meynard, The Nature of Ego: A Philosophical Study, 1962. — Sydney Shoemaker, Self-Knowledge and Self-Identity, 1963. — Jan M. Broekman, Phänomenologie und Egologie. Faktisches und transzendentales Ego. 1963. — M. Esther Harding, The "I" and the "Not-I": A Study in the Development of Consciousness, 1965. — Gerald E. Myers, Self: An Introduction to Philosophical Psychology, 1969. — Henry W. Johnstone, Jr., The Problem of the Self, 1970. — Maurice Nathanson, The Journeying Self: A Study in Philosophy and Social Role, 1970. — William Earle, The Autobiographical Consciousness, 1972. — E. Marbach, Das Problem des Ich in der Phänomenologie Husserls, 1974. —W. P. Alston, Ch. Taylor et al., The Self: Psychological and Philosophical Issues,  1977, ed. T. Mischel. — P. Weiss, You, I, and the Others, 1980. — R. M. Zaner, The Context of Self: A Phenomenological Inquiry Using Medicine as a Clue, 1981. — D. Noguez, "La conquête du 'je', esquisse d'un hommage à Barthes", Revue d'Esthétique 2 (1981), 83-389. — S. Boni, The Self and the Other in the Ontologies of Sartre and Buber, 1982. —A. Hartle, The Modern Self in Rousseau's Confessions, 1984. — K. Nagasawa, Das Ich deutschen Idealismus und das Selbst im Zen-Buddhismus: Fichte und Dogen, 1987. — Ch. Riedel, Subjekt und Individuum zur Geschichte des philosophischen Ich-Begriffes, 1989. — U. Verster, Philosophical Problems (Consciousness, Reality and I), 1990. — O. Balaban, Subject and Consciousness: A Philosophical Inquiry into Self-Consciousness, 1990. — D. Kolak, R. Martin, Self and Identity: Contemporary Philosophical Issues, 1991. — W. Lacentra, The Authentic Self: Toward a Philosophy of Personality, 1991. —A. Damiani, Standing in your Own Way: Talks on the Nature of Ego, 1993.




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When the Deal Goes Down