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martes, 7 de octubre de 2025

A Role to Play

 

viernes, 31 de mayo de 2024

Ignorar la mortalidad

 

Elogio de la irrelevancia irresponsable

Algunos dicen que hay que vivir para la muerte, planteamiento ofensivo para los deseos e incluso para el buen gusto. Tienen sin embargo a point en el hecho de que toda la vida humana y todo en sus prioridades tiene la marca de la naturaleza humana, y la muerte, más aún, la consciencia de la mortalidad, es parte integrante de esa naturaleza humana. Todo lo que somos y todo lo que ha hacemos lo hacemos, de hecho, en última instancia, porque somos mortales.

En esta terrible situación, la única aproximación que puede hacer la vida humana a la inmortalidad, o a la indiferencia a la muerte, no consiste en escapar realmente de ella (dado que en cierto modo constituye el paisaje) pero sí en hacer lo contrario de vivir para la muerte—vivir para la vida, y no prestar a la muerte sino la mínima atención indispensable. Sólo en última instancia hay que llegar a la última instancia. Ya le estoy dedicando demasiadas líneas.

La única manera posible de vivir como los imaginarios inmortales es hacer un derroche de la vida—como si fuese no escasa y preciosa, sino abundante y despilfarrable. No necesariamente un derroche ostentoso, sino sencillamente pasar la vida en la medida de lo posible como si no existiese la muerte—o como si la vida no estuviese marcada por la muerte. Desoyendo a quienes nos aconsejan vivir para la muerte, ya sean heideggerianos, legionarios, u otros novios de la muerte. 

Y es lo que hacemos, de hecho—vivir la vida como la vivimos, la mayor parte del tiempo, con sabiduría espontánea; como los auténticos Olímpicos, sin dedicarla a nada que suponga ahorrar méritos para nuestro estado muerto, sin ni siquiera ir buscando ningún tipo de intensidad o culminación de la vida.

Pues hay en esos trayectos de vida ejemplares o culminantes, en realidad, un trayecto hacia la muerte, una consciencia de la mortalidad —tenemos que hacer algo de utilidad porque tenemos la espada de Damocles de la extinción total (nuestra y de todo lo que apreciamos, y de todo lo demás también) perpetuamente encima. Tampoco es que lo que hagamos de útil vaya a cambiar para nada esa situación, sustancialmente considerada. Y de hecho hasta los inmortales mueren, o los matan, en muchos de los mundos paralelos —mundos de ficción— donde viven. No nos diferenciamos apenas nada de ellos.

Por tanto, el tiempo mejor empleado es el dedicado a vivir esta vida real que es tan irreal, el mayor de los videojuegos de realidad virtual — recreándonos inmersivamente en su propia irrealidad—en las cosas insustanciales—dedicando nuestro tiempo y atención al fútbol (aunque no en mi caso), al presente, a descubrir infinite riches in a little room, a las ensoñaciones, daydreaming o nightdreaming, a retorcar fotos, a escuchar conferencias sobre los paradigmas, y a escribir blogs. A sestear bajo las ramas, a embarcarse en actividades irrelevantes que ni son narrables ni nos acercan un centímetro más a la cumbre de los tiempos. ¡Hey, eso incluye leer a Heidegger!

 




 
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viernes, 16 de febrero de 2024

Viviendo la Sobrevida

 

Según Miguel de Unamuno, "Sobre la filosofía española", p. 562:

—Presumo que te has de encontrar con muchos que te digan que maldito si les ha atormentado nunca ese instinto de perpetuación.

—No son tantos en España.

—¿En España? ¿Y por qué en España?

—Porque eso que tanto se nos ha echado en cara, eso que ha hecho decir que somos un pueblo sombrío, y que por mirar al cielo hemos desatendido lo de la tierra, eso que muchos extranjeros llaman nuestro culto a la muerte, no es tal, sino culto a la inmortalidad. Dudo que haya pueblo de tanta vitalidad, que tan agarrado esté a la vida. Y es por agarrarse tanto a ella por lo que no se resigna a soltarla. Abrigo la esperanza de que los españoles, la masa quiero decir, no caerán jamás en la concepción esteticista, en tomar el mundo en espectáculo y procurar divertirse en él lo más posible, viendo desfilar la historia al olvido. Algo que quiern yo me sé llamaría materialismo, y que yo, si no rehuyera motes, llamaría sustancialismo, nos lo impide. Lee atentamente La vida es sueño, y debajo de esa portentosa revelación de la filosofía española verás  la más vigorosa afirmación de la sobrevida. Al llamar allí sueño a la vida es por creerse en una vigilia, en un despertar; eso que parece una tesis fenomenista o tal vez nihilista es la tesis más vigorosamente afirmativa de una realidad trascendente. Estamos soñando la vida y viviendo la sobrevida, créemelo.



sábado, 6 de enero de 2024

Los Siete Papeles Teatrales del Hombre

 

Duque: Ya ves que no somos los únicos desdichados.
Este teatro amplio y universal
Presenta espectáculos más dolorosos que el de la escena
En la que actuamos nosotros.
 
Jaques:                                    Todo el mundo es un escenario,
Y los hombres y mujeres meramente actores.
Tienen sus salidas de escena y sus entradas,
Y un hombre en su tiempo representa muchos papeles,
Siendo sus actos siete edades. Primero el infante,
Maullando y vomitando en brazos de la nodriza.
Luego el colegial quejoso, con su mochila
Y cara limpia mañanera, arrastrándose como un caracol
De mala gana hacia la escuela. Y luego el amante,
Suspirando como un horno, con una doliente balada
Dedicada a la ceja de su amada. Luego un soldado,
Lleno de juramentos extraños, con patillas de leopardo,
Celoso de su honor, brusco, y rápido en buscar pelea,
Buscando la burbuja de la reputación
Hasta la boca misma del cañón. Y luego el juez,
Con buena tripa redonda forrada de capón,
Severos ojos y barba de corte formal,
Lleno de dichos sabios y de casos modernos;
Y así representa su papel. La sexta edad cambia
A Pantalón, viejo flaco en zapatillas,
Gafas en la nariz y bolsa al costado,
Con sus calzas de cuando era joven, bien ahorradas, anchas como un mundo
Para sus piernillas encogidas, y su voz fuerte y viril
Volviéndose otra vez en voz aguda de niño, como flauta
Da pitidos al sonar. La última escena de todas,
Que termina esta extraña historia llena de eventos,
Es la segunda niñez y el mero olvido,
Sine dientes, sine ojos, sine gusto, sine nada de todo.

(Shakespeare, Como gustéis, II.7)



 

jueves, 22 de septiembre de 2022

Life as a Waking Dream

 Retropost, 2012:

Clotaldo medita sobre Segismundo, en  Life Is a Dream, la traducción de La vida es sueño por Edward Fitzgerald:

    So sleep; sleep fast: and sleep away those two
     Night-potions, and the waking dream between
     Which dream thou must believe; and, if to see
     Again, poor Segismund! that dream must be.—
     And yet, and yet, in these our ghostly lives,
     Half night, half day, half sleeping, half awake,
     How if our waking life, like that of sleep,
     Be all a dream in that eternal life
     To which we wake not till we sleep in death?

     How if, I say, the senses we now trust
     For date of sensible comparison,—
     Ay, ev'n the Reason's self that dates with them,
     Should be in essence or intensity
     Hereafter so transcended, and awake
     To a perceptive subtlety so keen
     As to confess themselves befool'd before,
     In all that now they will avouch for most?
     One man—like this—but only so much longer
     As life is longer than a summer's day,
     Believed himself a king upon his throne,
     And play'd at hazard with his fellows' lives,
     Who cheaply dream'd away their lives to him.
     The sailor dream'd of tossing on the flood:
     The soldier of his laurels grown in blood:
     The lover of the beauty that he knew
     Must yet dissolve to dusty residue:
     The merchant and the miser of his bags
     Of finger'd gold; the beggar of his rags:
     And all this stage of earth on which we seem
     Such busy actors, and the parts we play'd,
     Substantial as the shadow of a shade,
     And Dreaming but a dream within a dream!









miércoles, 10 de agosto de 2022

L'heure d'été

 

Summer Hours, Las horas del verano (2008) —una bonita película de Olivier Assayas, sobre la historia de una familia en el momento en que se empiezan a separar, con la muerte de la madre. El problema es si conservar la casa de campo de ella, donde se criaron y donde han venido pasando los veranos, ellos y sus hijos, o vender y separar. Dos de los hermanos viven fuera, en USA, en China, y sólo el hermano mayor, francés todavía, es partidario de mantener la casa. Los intereses son distintos, y se ve cómo el paso del tiempo va disgregando los lazos entre los hermanos—no de modo espectacular, sino más bien inevitable. Incluso pagar los impuestos de sucesión es costoso, y requiere no sólo vender la casa, y que cada cual se embolse su parte, sino también ceder los objetos artísticos que mantenía la madre a las colecciones de los museos, para tener beneficios fiscales. 

En realidad es una película sobre el apego a los objetos, y sobre la diferencia entre el valor de mercado (valor artístico lo llaman) de un objeto, y el apego que se les tiene por estar adheridos al pasado de uno, y por las asociaciones que despiertan. Es un momento terrorífico, el de las herencias y el de vaciar una casa, al menos para las personas más sensibles como el hermano mayor de la familia, único que querría mantener la casa unida (... por interés, claro). Está la película llena de pequeñas historias de esas que van unidas a las cosas y a la gente que se conoce desde siempre, y otras sorpresas de las que van saliendo a la luz sólo tras la muerte de las personas. 

El hijo mayor no quiere aceptar la evidencia de que hace muchos años su madre había tenido una historia de amor con su tío, artista famoso y propietario original de la casa. Quizá sea también el padre de él. Son cosas que no acaban de unir más, sino que hacen parecer el tiempo que se ha vivido juntos como una especie de ilusión unida a las costumbres de siempre, a las comidas en el jardín, a la vieja criada querida por todos que cuidó primero al tío y luego a la madre, pero que acaba viviendo sola en una urbanización. Recibe la criada un jarrón, valiosa obra de arte pero que para ella sólo tiene un valor sentimental. 

Cada objeto cuenta una historia. Las cosas tienen su historia, no son indiferentes, están hechas de tiempo y de vida vivida; llevan a cuestas el momento en que se adquirieron, su colocación, las costumbres unidas a ellas, son parte de la identidad misma de las personas, y cambiarlas de sitio, tirarlas, venderlas, es renunciar a quienes hemos sido y somos. En qué poco queda una vida cuando nos vamos desprendiendo de las cosas y de los recuerdos adheridos a ellas. Una educación necesaria, claro, todos pasamos por escenas parecidas a lo largo de la vida, desde la época de los primos (empieza la película con los primos corriendo por el jardín) a la época en la que los primos primero, y luego los hermanos, son casi unos desconocidos, o por lo menos personas lejanamente emparentadas con los niños que recordamos. 

El teléfono con supletorios que le regalan a la madre en su cumpleaños de la primera escena se queda sin instalar, y es terrible el contraste en la casa entre el fin de semana, cuando están los hijos, y la oscuridad y silencio en que queda cuando se van, y tantos recuerdos a cuestas. La madre de la familia es consciente de lo que va a pasar, y sabe que lo que ha atesorado ella durante años no vale nada para la siguiente generación; es su vida, no la de ellos. Bueno, también es la de ellos, aunque menos—les hace sufrir lo suyo también, la separación, porque la infancia queda atrás y estaban ellos apegados a sus cosas de siempre. 

También se ve en la película el paso del tiempo, la transformación de Francia, la modernidad, las relaciones impersonales y desenraizadas, los hijos incomunicados con sus padres, la globalización que lleva a los hermanos a trabajar lejos, en el extranjero, a perder su idioma incluso, y su apego a su país y a sus recuerdos. En fin, una historia por la que todos pasamos de una manera u otra, bien mostrada en cada detalle y vivida de cerca, al final nos conocemos todos y casi somos como de la familia. Termina la película con una fiesta, en principio espantosa, hecha por los nietos y sus amigos drogotas en la casa ya vacía y vendida, antes de dejarla para siempre. Pero incluso allí se ve cómo la casa y sus cosas habían sido parte de la vida de los pequeños, algo que se va disolviendo en el pasado, pero que deja el recuerdo de esos días de verano de hace tantos años, y de esas personas que tanto queríamos y que ya nunca más se reunirán en torno a la misma mesa. El tiempo y la vida y la muerte, que acaban con las costumbres de todos los días, hasta que casi ni nos acordamos de quiénes éramos, y separan a las personas, y a las cosas.

 




 
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miércoles, 26 de enero de 2022

The Great Theatre of Nature

Although each of the SEASONS appears to have been intended as a complete piece, and contains within itself the natural order of beginning, middle, and termination, yet, as they were at length collected and modelled by their author, they have all a mutual relation to each other, and concur in forming a more comprehensive whole. The annual space in which the earth performs its revolution round the sun is so strongly marked by nature for a perfect period, that all mankind have agreed in forming their computations of time upon it. In all the temperate climes of the globe, the four seasons are so many progressive stages in this circuit, which, like the acts in a well-constructed drama, gradually disclose, ripen, and bring to an end the various business transacted on the great theatre of Nature. The striking analogy which this period with its several division bears to the course of human existence, has been remarked and pursued by writers of all ages and countries. Spring has been  represented as the youth of the year—the season of pleasing hope, lively energy, and rapid increase. Summer has been resembled to pefect manhood—the season of steady warmth, confirmed strength, and unremitting vigour. Autumn, which , while it bestows the rich products of full maturity, is yet ever hastening to decline, has been aptly compared to that period, when the man, mellowed by age, yields the most valuable fruits of experience and wisdom, but daily exhibits increasing symptoms of decay. The cold, cheerless, and sluggish Winter has almost without a metaphor been termed the decrepid and hoary old age of the year. Thus the history of the year, pursued through its changing seasons, is that of an individual, whose existence is marked by a progressive course from its origin to its termination. It is thus represented by our Poet; this idea preserves an unity and connection through his whole work, and the accurate observer will remark a beautiful chain of circumstances in his description, by which the birth, vigour, decline, and extinction of the vital principle of the year are pictured in the most lively manner.

This order and gradation of the whole runs, as has been already hinted, through each division of the poem. Every season has its incipient, confirmed, and receding state, of which its historian ought to give distinct views, arranged according to the succession in which they appear. Each, too, like the prismatic colours, is indistinguishably blended in its origin and termination with that which precedes, and which follows it; and it may be expected from the pencil of an artist to hit off these mingled shades so as to produce a pleasing and picturesque effect. Our poet has not been inattentive to these circumstances in the conduct of his plan. His SPRING begins with a view of the season as yet unconfirmed, and partaking of the roughness of Winter*; and it is not till after several steps in gradual progression, that it breaks forth in all its ornaments, as the favourite of Love and Pleasure. His AUTUMN, after a rich prospect of its bounties and splendours, gently fades into "the sere, the yellow leaf," and the rising storm, sinks into the arms of Winter. It is remarkable, that in order to produce something of a similar effect in his SUMMER, a season which, on account of its uniformity of character, does not admit of any stronly-marked gradations, he has comprised the whole of his description within the limits of a single day, pursuing the course of the sun from its rising to its setting. A Summer's day is, in reality, a just model of the entire season. Its beginning is moist and temperate; its middle, sultry and parching; its close, soft and refreshing. By thus exhibiting all the vicissitudes of Summer under one point of view, they are rendered much more striking than could have been done in a series of feebly contrasted and scarcely distinguishable periods.


* A descriptive piece, in which this very interval of time is represented, with all the accuracy of a naturalist, and vivid colouring of a poet, has lately appeared in a poem of Mr. Warton's, entitled "The First of April."


 

 

J. Aikin, M.D. From: The Seasons, by James Thomson.  A New Edition. Adorned with a set of engravings from original designs. To which is prefixed, An Essay on the Plan and Character of the Poem, by J. Aikin, M.D. London: Printed for J. Murray, No. 32, Fleet Street. MDCCXDIV. p. xii-xv.


miércoles, 24 de junio de 2020

Our Story



Una vez creado el teatro como una interrupción de la realidad y un paréntesis abierto en la vida, se percibió inmediatamente que la vida era como el teatro—una sucesión de funciones teatrales, de paréntesis de irrealidad, y de rupturas de marco.
“When I consider every thing that grows
Holds in perfection but a little moment,
That this huge stage presenteth nought but shows
Whereon the stars in secret influence comment
Then the conceit of this inconstant stay Sets you most rich in youth before my sight, Where wasteful Time debateth with decay To change your day of youth to sullied night (...)”


(Shakespeare, Sonnet 15)

Somos lo que representamos

 "Se percibe al instante lo que un hombre parece ser, pero no lo que realmente es". ( El Príncipe,  cap. XVIII)   Maquiavelo insis...