El descubrimiento del espacio inmenso y del tiempo infinito: https://blogdenotasvanityfea.blogspot.com/2026/03/el-descubrimiento-del-espacio-inmenso-y.html
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Many years ago I wrote this long review, in Spanish, of Derek Bickerton's book on the origin of language, Adam's Tongue. Now you can hear a podcast account of the same in English, courtesy of Academia's priceless artificial intelligence (the podcast and the review are both on the same page, here):
_____. "Review of Derek Bickerton, Adam's Tongue." AI podcast, in English, on José Angel García Landa's review. Academia.edu 1 Feb. 2026.*
https://www.academia.edu/214540/
2015
La lengua de Adán (cuando el hombre hablar con lengua de serpiente....)
Selección natural del espectador imaginario: https://blogdenotasvanityfea.blogspot.com/2025/07/seleccion-natural-del-espectador.html
Más sobre simulación, detección y autoengaño: https://www.academia.edu/35025761/
The Origin of the Human Mind in Infant Dramatism: https://www.academia.edu/35827813/
Retropost, 2014:
¿Cuál es entonces la utilidad de la conciencia? Según afirma el neurólogo Chris Frith en su libro Descubriendo el poder de la mente (2007),
la respuesta es muy evidente: tenemos conciencia y nos creemos agentes
con voluntad e intenciones, sin que nada de esto sea cierto, pero sirve
para creernos que se puede ser culpable de algo, tanto si es bueno como
si es malo. Este fenómeno de "culpabilidad ficticia" facilitaría y
potenciaría las relaciones sociales y la convivencia dentro del grupo,
pues nos ayudaría a controlar nuestro comportamiento social, algo que
es primordial en nuestra especie. La consciencia, pues, solo sería una
ilusión creada por nuestro cerebro. Como lo sería la división entre lo
mental y lo físico. Para Frith, esta división también es falsa. De
hecho, tampoco tenemos acceso al mundo real, pero tenemos la ilusión de
que sí. A lo único que tenemos acceso es a nuestro modelo cerebral del mundo,
de los otros y de nosotros mismos, que no serían más que construcciones
cerebrales basadas en lo que le llega a nuestro cerebro desde los
sentidos y su integración con nuestros conocimientos y experiencias
pasadas.
Además, si bien es cierto que el ser humano destaca por su capacidad
para la cooperación, para comprender la mente de los demás y para hacer
que los demás entiendan la suya, también es cierto que las relaciones
humanas están lejos de ser idílicas. Difícilmente los grupos humanos
son un paraíso en el que todos colaboramos y nos ayudamos. Muchas de
las habilidades y mecanismos para entender la mente de los demás se
emplean, de facto, para manipular sus mentes en beneficio propio. Y
para que no manipulen la nuestra, para detectar el engaño. la búsqueda
del beneficio propio y del engaño son dos fenómenos harto frecuentes en
todos los grupos humanos.
En el reino animal, solo mienten los simios y los humanos. Pero
mientras que en los primeros la mentira parece algo ocasional o muy
raro, en nuestra especie más bien abunda. Incluso nos mentimos a nosotros mismos,
algo que ningún otro ser vivo del planeta es capaz de hacer, y muchas
veces sin que seamos conscientes de ello. Aprendemos a mentir desde
niños, inducidos y guiados por los adultos. Ponemos a un niño al
teléfono y le decimos: "Dile a la abuelita que la quieres mucho". Forma
parte de la conducta social cotidiana del ser humano. El lenguaje
humano, por sus características, es muy propicio para mentir, pues
habla de situaciones, de objetos, de personas o de lugares que no están
a la vista. En palabras de Gary Marcus,
los abogados inteligentes saben que no existe el contrato perfecto: se
redacte como se redacte, nunca se conocen absolutamente todas las
normas y leyes que pueden ser aplicables, y muchas de estas son más
bien ambiguas, contradictorias, con un alto grado de incertidumbre;
siempre hay lugar par el engaño. Todos sabemos que en un juicio un buen
abogado, con las mismas leyes, no obtiene los mismos resultados que uno
malo.
El engaño y los mecanismos para detectarlo son complejos en la especie
más mentirosa del planeta. Cuando mentimos, muchas veces se nos
"escapan" de manera inconsciente e involuntaria expresiones faciales y
corporales. Duran apenas unos milisegundos, pero manifiestan la
verdadera emoción que siente quien miente, pero que intenta reprimir.
Le delatan. Curiosamente, de esas microexpresiones
que se nos escapan no son conscientes ni el emisor ni el receptor, pero
sus cerebros sí las detectan. Esto vuelve al mentiroso más inseguro y
al engañado, más suspicaz, aunque ni uno ni otro sepan decir por qué.
Somos capaces de detectar en los otros movimientos oculares de apenas
dos milímetros a un metro de distancia, lo que nos permite detectar
sutilmente las pequeñas desviaciones de la mirada que realiza un
mentiroso sin saberlo.
No obstante, en este comportamiento tan complejo
hay una gran variabilidad. Hay quien controla mejor o peor los mensajes
corporales que delatan su mentira—y su suspicacia—. Normalmente se
controla el engaño de manera deliberada, y se puede comprobar como la
activación cerebral en estos casos es superior en ciertas regiones
prefrontales del cerebro, reflejando el enorme esfuerzo que se está
realizando para no delatarse. Pero también parece que hemos desarrollado la
posibilidad de impedir que afloren en nuestra mente nuestros propios
puntos de vista durante una conversación, principalmente con el fin de
no expresar emociones que pudieran delatarnos.
En numerosas ocasiones, con mucha más frecuencia de lo que solemos
creer, el autoengaño es real, es decir, que nos llegamos a creer
realmente nuestras propias mentiras. Esto hace que el engaño sea aún
más difícil de detectar; entre otras cosas, porque resultamos más
convincentes al no exhibir esas microexpresiones que nos delatan. Este comportamiento tan exquisito beneficia al individuo, pues no solo le hace más creíble ante los demás, sino que se autoprotege,
mejora su autoestima e incluso su humor y, con ello, su salud mental y
su rendimiento.
Probablemente, el intérprete del hemisferio cerebral
izquierdo tenga la culpa una vez más de este curioso comportamiento. Un
comportamiento que, aunque quizá sea algo retorcido, es muy útil para
salvaguardar íntegra una mente muy vulnerable y sensible, sensible especialmente
al contenido de las mentes de los demás.
Murphy, Nick, prod. and dir. How Art Made the World. Episode 1: More Human than Human. Presented by Nigel Spivey. Exec. Prod. Kim Thomas. Series prod. Mark Hedgecoe. BBC / KCET Hollywood, 2005. Online at DailyMotion.*
https://www.pbs.org/howartmadetheworld/episodes/human/
2023
PBS. "How Art Made the World: Episode 1: More Human than Human." PBS (2006).*
https://www.pbs.org/howartmadetheworld/episodes/human/
2023
—oOo—
Retropost, 2013: Hamlet's Human Nature https://vanityfea.blogspot.com/2013/11/hamlets-human-nature.html
Retropost, 2013:
Mi conferencia en la Universidad de París esta primavera pasada, en el congreso de la ENN: "The Story behind any story: Evolution, historicity, and narrative mapping." Primera parte:
Y segunda parte:
La lista de reproducción con las conferencias del congreso puede verse aquí.
Y aquí, en La mitad de la historia de todo, está el texto de mi conferencia. Una versión más completa aparecerá en su momento, creo, en el Amsterdam Journal of Cultural Narratology.
Que conste que "la conferencia en la Universidad de París" como conferenciante invitado es el cénit de mi carrera académica, donde le di a la caza alcance. De allí para abajo, todo decae hasta el olvido y el alzheimer.
En el Acto III de Man and Superman, de
George Bernard Shaw, los personajes discuten sobre el sentido de la
acción, y del matrimonio y de la reproducción y de la vida y de la
existencia, concluyendo con una defensa de la Fuerza Vital en boca de
Don Juan, una fuerza que guía la evolución y que llevará al hombre hacia
su destino en el Superhombre (en la obra se alude explícitamente a
Nietzsche). El Diablo, otro de los interlocutores, es mas escéptico: el
Universo visto globalmente no tiene propósito, y el hombre, con todo su
cerebro y su inteligencia, no es sino una especie destructiva:
Más
adelante este diálogo, expone o reconoce Don Juan la tesis de que la
evolución humana está guiada por la guerra y la lucha por el poder. Es
una interesante y temprana exposición de la tesis evolutiva de que somos hijos de la guerra:
El
ideal de Don Juan, la evolución creadora de formas superiores, requiere
sin embargo la inteligencia, sea cual sea su origen. La cima de la
existencia humana, lo más parecido al superhombre que tenemos hoy, es
—sin
embargo la obra termina con Don Juan (Tanner) casado con Doña Ana,
impulsado se supone por la Fuerza Vital, y rindiéndose a las argucias
matrimoniales femeninas: "The Life Force enchants me: I have the whole world in my arms when I clasp you"....
Tanto
más curiosa esta conclusión desde el punto de vista de Bernard Shaw,
cuando se piensa que su propia esposa impuso en su matrimonio la
condición de no tener relaciones sexuales. Debería de estar pensando en
la vida y deseos de los otros.
La organización social como externalización y teatralización de las funciones cerebrales, reproductivas y familiares
—según la descripción de George Herbert Mead, en Mind, Self, and Society (241-42):
The human being is social in a distinguishing fashion. Physiologically he is social in relatively few responses. There are, of course, fundamental processes of propagation and of the care of the young which have been recognized as a part of the social development of human intelligence. Not only is there a physiological period of infancy, but it is so lengthened that it represents about one-third of the individual's expectation of life. Corresponding to that period, the parental relation to the individual has been increased far beyond the family; the development of schools, and of institutions, such as those involved in the church and the government, is an extension of the parental relation. That is an external illustration of the indefinite complication of simple physiological processes. We take care of an infant form and look at it from the standpoint of the mother; we see the care that is given to the mother before the birth of the child, the consideration that is given for providing proper food; we see the way in which the school is carried on so that the beginning of the education of the child starts with the first year of its life in the formation of habits which are of primary importance to it; we take into account education in the form of recreation, which comes one way or another into public control; in all these ways we can see what an elaboration there is of the immediate care which parents give to children under the most primitive conditions, and yet it is nothing but a continued complication of sets of processes which belong to the original care of the child.
This, I say, is an external picture of the sort of development that takes place in a central nervous system. There are groups of relatively simple reactions which can be made indefinitely complex by uniting them with each other in all sorts of orders, and by breaking up a complex reaction, reconstructing it in a different fashion, and uniting it with other processes. Consider the playing of musical instruments. There is an immediate tendency to rhythmic processes, to use the rhythm of the body and to emphasize certain sounds, movements which can be found among the gorillas. Then comes the possibility of picking to pieces the action of the whole body, the construction of elaborate dances, the relation of the dance to sound which appears in song, phenomena which get their expression in the great Greek dramas. These results are then externalized in musical instruments, which are in a way replicas of various organs of the body. All these external complications are nothing but an externalization in society of the sort of complication that exists in the higher levels of the central nervous system. We take the primitive reactions, analyze them, and reconstruct them under different conditions. That kind of reconstruction takes place through the development of the sort of intelligence which is identified with the appearance of the self. The insittutions of society, such as libraries, systems of transportation, the complex interrelationship of individuals in political organizations, are nothing but ways of throwing on the social screen, so to speak, in enlarged fashion the complexities existing inside the central nervous system, and they must, of course, express functionally the operation of this system.