Retropost, 2006;
- Mira papá, qué nos han dejado los Leyes.
- Vaya, ¿han traído algo?
- Sí, mira. Regalos.
- Y se han bebido la leche. ¿Me puedo comer este trocito de galleta?
- Puaj, igual la ha mordido un camello...
- Ay, sí, puaj.
- Bah, ya me la como yo, total...
Ayer
estuvimos viendo el desfile de carrozas, y los pequeños saludaban a los
reyes como si les fuese algo en ello. Pero a mí el que me pasma es
Álvaro. Cree en los Reyes contra toda evidencia, y va a pasar
insensiblemente de creer en ellos a mantener la ficción, sin que ninguna
de estas dos maneras de describirlo sea ajustada en realidad. "Muy
amables han sido estos reyes", va diciendo por allí. Dice su madre que
tiene mente modular. A mí me pasma como síntoma del entrenamiento que
tenemos para a la vez creer y no creer en las cosas. Es una capacidad
que va desde lo entrañable, como en este caso, a lo alarmante -- seguro
que tiene algo que ver esto de la mente modular con nuestra ceguera
selectiva a los sufrimientos del Tercer Mundo, o de los animales; o con
el doublethink de Orwell, la capacidad para creer una cosa y su
contraria que fomentan los regímenes totalitarios.
La atención y
el seguimiento que fomentan los Reyes, o Papá Noel, tiene algo que ver,
evidentemente, con la toma de relevo generacional. No por nada son
ancianos (bueno, un joven, un maduro y un anciano, en el caso de los
Reyes, normalmente, las edades de la vida si añadimos el niño).
Ancianos, digo, que traen regalos a los niños (herencias, cultura, un
patrimonio, además de juguetes). Como son ceremonias solsticiales,
tienen algo que ver con la regeneración del ciclo solar y de la vida, a
través de la sucesión de las generaciones. Es una cosa totalmente pagana
y mítica, claro (como las religiones, son todas paganas). La gente nos
apuntamos al ritual en masa como manera de recordar la infancia y a la
vez como una manera de ir haciendo a los niños cómplices de su propia
maduración, cuando se enteran del secreto, unas veces de golpe y otras
por sectores modulares de la mente, como Álvaro. Por otra parte, a la
religión católica, tan llenísima de dogmas increíbles que hay que creer
(o decir que se cree en ellos, oficialmente) lo de los Reyes es una
especie de reducción al absurdo de todo dogma, como soltar presión
dogmática, decir los adultos entre sí, sin decirlo, claro, sólo
ritualizándolo: "bueno, todo esto son ficciones, ilusiones para la mente
infantil, pero hay que mantener la ilusión"...
De esta manera,
entre la presión dogmática, el doublethink, la mente modular y el teatro
que hacemos para los niños, lo cierto es que nadie sabe qué es cierto y
qué no es cierto, pero todos mantenemos las ficciones necesarias, por
consenso, y con entrenamiento, desde niños. Porque qué somos todos, más
que niños que se han ido inflando desproporcionadamente.