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jueves, 5 de diciembre de 2024

Saliendo de la Trilogía: El final de 'El Innombrable'

 

Saliendo de la trilogía: El final de The Unnamable (Samuel Beckett y la narración reflexiva, 8)


Seguimos subiendo capítulo a capítulo el libro sobre Beckett:

Samuel Beckett y la Narración Reflexiva
es un estudio en profundidad de la escritura experimental de Beckett, en especial de la trilogía novelística Molloy, Malone Dies, y The Unnamable, desde la perspectiva de la narratología estructuralista y las teorías estructuralistas sobre la enunciación. Resulta de allí no sólo una mejor comprensión de la técnica utilizada por Beckett para transmitir su peculiar visión de la realidad, sino también toda una nueva gama de significaciones en estos textos. En este capítulo examinamos la clausura de The Unnamable (El Innombrable) entendida como un experimento de representación metalingüística aplicado a la función misma de la clasura narrativa.



Saliendo de la trilogía: El final de The Unnamable

http://papers.ssrn.com/abstract=2527915


Leaving the Trilogy: The Ending of The Unnamable (Samuel Beckett and Reflexive Narrative, 8)

Samuel Beckett and Reflexive Narrative is an in-depth study of Beckett's experimental writing, more specifically of the novelistic trilogy Molloy, Malone Dies and The Unnamable, from the standpoint of structuralist theories of narrative and of enunciation. An increased insight is thereby obtained into the technique used by Beckett to articulate his peculiar view of reality, and a new dimension of signification of these texts emerges. This chapter examines the ending of The Unnamable understood as an experiment in metalinguistic representation applied to the notion of narrative closure itself.

Reference Info: Samuel Beckett y la narración reflexiva. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 1992.


eJournal Classifications - Date posted: November 21, 2014 
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También aquí:

_____. "Saliendo de la trilogía: El final de The Unnamable." Social Science Research Network 21 Nov. 2014. (Samuel Beckett y la narración reflexiva, 8).*

         http://papers.ssrn.com/abstract=2527915

         2014

         Cognition & the Arts eJournal 21 Nov. 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/Cognition-Arts.html

         2014

         English & Commonwealth Literature eJournal 21 Nov. 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/English-Commonwealth-Lit.html

         2014

         Aesthetics & Philosophy of Art eJournal 21 Nov. 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/Aesthetics-Philosophy-Art.html

         2014

         Continental Philosophy eJournal 21 Nov. 2014.*

         http://www.ssrn.com/link/Continental-Philosophy.html

         2014

_____. "Saliendo de la trilogía: El final de The Unnamable." In García Landa, Vanity Fea 5 Dec. 2014.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2014/12/saliendo-de-la-trilogia-el-final-de.html

         2014

_____. "Saliendo de la trilogía: El final de The Unnamable (Samuel Beckett y la narración reflexiva, 8)." Academia 20 Aug. 2015.*

         https://www.academia.edu/15053757/

         2015

_____. "Saliendo de la trilogía: El final de The Unnamable (Samuel Beckett y la narración reflexiva, 8)." ResearchGate 20 Aug. 2015.*

         https://www.researchgate.net/publication/281106984

         2015



El narrador impersonal


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domingo, 21 de abril de 2024

Realidad histórica y personalidad

 Según Miguel de Unamuno (en La Agonía del Cristianismo):

Habría que distinguir, ante todo, entre la realidad y la personalidad del sujeto histórico. Realidad deriva de res (cosa) y personalidad de persona. El judío saduceo Carlos Marx creía que son las cosas las que hacen y llevan a los hombres, y de aquí su concepción materialista de la Historia, su materialismo histórico—que podríamos llamar realismo—; pero los que queremos creer que son los hombres, que son las personas, los que hacen y llevan a las cosas, alimentamos, con duda y en agonía, la fe en la concepción histórica de la Historia, en la concepción personalista o espiritualista.

Persona, en latín, era el actor de tragedia o de la comedia, el que hacía un papel en ésta. La personalidad es la obra que en la Historia se cumple. 

¿Cuál fue el Sócrates histórico, el de Jenofonte, el de Platón, el de Aristófanes? El Sócrates histórico, el inmortal, no fue el hombre de carne y hueso y sangre que vivió en tal época en Atenas, sino que fue el que vivió en cada uno de los que le oyeron, y de todos estos se formó el que dejó su alma a la Humanidad. Y él, Sócrates, vive en ésta. 

¡Triste doctrina! ¡Sin duda... la verdad en el fondo es triste! ... "¡Triste está mi alma hasta la muerte!" (Marc., XV., 34). ¡Dura cosa tener que consolarse con la Historia! Triste está el alma hasta la muerte, pero es la carne la que le entristece. "¡Desgraciado hombre de mí!, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Rom., VII, 24), clamaba San Pablo.

Y este cuerpo de muerte es el hombre carnal, fisiólógico, la cosa humana, y el otro, el que vive en los demás, en la Historia, es el hombre histórico. Sólo que el que vive en la Historia quiere vivir también en la carne, quiere arraigar la inmortalidad del alma en la resurrección de la carne. Y fue la agonía de San Pablo. La Historia, por otra parte, es realidad, tanto o más que la Naturaleza. La persona, es cosa, porque cosa deriva de causa. Y hasta narrando historia se hace historia. Las doctrinas personales de Carlos Marx, el judío saduceo que creía que las coas hacen a los hombres. Ha producido cosas. Entre otras, la actual revolución rusa. Por lo cual anduvo mucho más cerca de la realidad histórica Lenin, cuando, al decirle de algo que reñía con la realidad, replica: "¡Tanto peor para la realidad!" Si bien tomó esto de Hegel.

miércoles, 17 de abril de 2024

La teatralidad de Joaquín Costa

 Según Miguel de Unamuno, en "La tumba de Costa":

¡Pero tantas cosas se han dicho de Costa a su muerte! Se ha llegado a presentar como rasgos de altivez verdaderas flaquezas de enfermo, y hasta no ha faltado quien ha querido negar su soberbia. Sí, soberbio fué, muy soberbio.  ¿Y qué? Lo malo en esto es la hipocresía. Digan lo que quieran, a Rousseau le salva su cinismo. He hablado con personas que tuvieron trato íntimo con Costa, y me han contado cosas muy características de su soberbia, de su endiosamiento si se quiere, y de la poca o ninguna paciencia con que llevaba el que se le contradijese. ¿Y qué? Momento hubo en que su gran decepción fué no haber provocado toda una revolución con su palabra apocalíptica. El mayor pecado de su pueblo, a sus ojos, debía de ser el que no le hacía bastante caso. 

Y aunque he supuesto que, de haber podido resucitar con todo su sano juicio, habría aborrecido esta farándula que a su muerte se ha desatado, no quiero decir, ni mucho menos, que odiara las pompas y vanidades mundanas. No; era hombre, un hombre de cuerpo entero y noble; pero es abusar de la palabra llamarle santo. Del Dante, aquel ardiente profeta de Italia, que escribió sus tan conocidos tercetos sobre la vanidad de la gloria, dice Boccacio que fue más ensioso de gloria de lo que acaso correspondía a su ínclita virtud. Y Costa no estuvo libre de esta flaqueza humana que no perdonó ni al Dante ni al mismísimo San Francisco de Asís. Persona quiere decir máscara, y toda personalidad se hace en el escenario y para el escenario. Y Costa era una personalidad, un hombre político, un personaje, no un hombre privado. Su austeridad misma tenía un poco de teatral. Hay retraimientos que son tan exhibicionistas como lo contrario.

Y todo esto, crean lo que creyeren los maliciosos y los majaderos—que en rigor pertenecen a la misma ganadería—, no lo digo en reproche de Costa, sino en amor a la verdad y en amor también a su memoria. Porque así se nos aparece más hombre, más verdaderamente hombre, más nuestro. Lo demás no es sino una leyenda hipócrita, como la que, a conciencia de que se falsifica la verdad, se pretende hacerle. (Ensayos, Aguilar, I, 936)


lunes, 8 de abril de 2024

El teatro de la vida requiere énfasis

 

Ya hemos hablado aquí del dramatismo de Miguel de Unamuno, autor pero no dramaturgo, al que no le gustaba el teatro más que en vivo, en la vida misma. Y por tanto, el énfasis que los actores le echan al teatro, exagerando en él los trazos de la vida, recomienda él aplicarlo también a la vida, que es un teatro a veces bastante soso (Oscar Wilde, que también decía que el mundo es un teatro, completaba la frase diciendo que el reparto de papeles es lamentable).

En fin, hablábamos hace poco de cómo en el ensayo de Unamuno  "Sobre  la consecuencia, la sinceridad" aparecía una extensión de su perspectiva dramatística de la personalidad, cada cual interpretando su papel o saliéndose de él ante los abucheos del público y los demás actores, por ser inconsecuente.... Aquí expone su idea del énfasis en la vida y el teatro, comenzando por el apólogo perspectivista de los tres Juanes, personalidad múltiple que todos acarreamos, hasta los más consecuentes:

Antes de ahora he tenido ocasión de citar aquella ingeniosísima ocurrencia del humorista yanqui Wendell Holmes respecto a los tres Juanes. Cada uno de nosotros lleva en sí tres Juanes: Juan tal cual es, Juan tal cual cree ser, y Juan tal cual le creen los demás. (Observemos aquí que el tercer Juan es toda una colección de Juanes, donjuanes y juanitos, como apuntábamos al hablar de El Yo Relacional - JAGL). Y sobre las mutuas acciones y reacciones de estos tres Juanes cabe muy sutil indagación. Somos, en efecto de un modo; creemos ser de otro, y los demás nos creen de otro. Mas lo que cabe afirmar es que la idea que cada cual de nosotros se forma de sí mismo está influida por la que los demás se forman de él más aún que ésta por aquélla.

Juan tal cual es, el Juan primitivo y radical, podrá vivir preso de Juan tal cual él se cree ser; pero vive mucho más preso del Juan que los demás se han forjado. Los diversos conceptos que de cada uno de nosotros se forjan los prójimos que nos tratan vienen a caer sobre nuestro espíritu y acaban por envolverle en una especia de caparazón, en un duro dermatoesqueleto espiritual, en una recia corteza. Es la corteza de la consecuencia, bajo la cual se agita y revuelve un pobre espíritu que no puede romper con la sinceridad la consecuencia. Antes de hacer o decir algo, reflexiona si es lo que de él esperaban los demás, y para seguir siendo como los demás le creen, se hace traición a sí mismo: es insincero.

Hay, sin embargo, algo que puede parecer insinceridad y que es forzoso y obligado: hay un principio de exageración o de énfasis que es necesario en la vida. La absoluta llaneza viene a ser absurda, porque no acomoda nuestro dichos ni nuestros actos al fin que con ellos nos proponemos. 

(O sea que Unamuno sostendría u observaría, con Sartre, que el camarero no sólo debe actuar insinceramente como el camarero que no se considera íntimamente ser pero que es, sino que además debe teatralizar el papel que representa, intensificarlo con exageración de camarero profesional y arquetípico, para que no quede duda de que es un papel— y así logra el doble y contradictorio objetivo de meterse plenamente en el rol y de distanciar de él su auténtico yo,  mantenerlo a salvo — JAGL).

Cuando uno habla, habla para que le oigan, y no para oírse a sí mismo, y por ello no basta que su voz llegu distinta y clara a sus propios oídos, sino a los oídos de los que le escuchan, también distinta y clara. Si hablamos en medio del silencio y el que nos oye es fino de oído, no necesitamos esforzar la voz; pero si hablamos en medio de barullo o a alguien que sea de oído torpe, nos es preciso esforzarnos y alzar la voz. Creo que no habrá lector alguno que no esté de acuerdo con esta observación empírica, ni le habrá que vea en ella una paradoja; siquiera por esta vez, convendrán todos en que estoy atinado y feliz. Pues bien: siempre que hablamos a otro, hay algún barullo en el interior de ese otro; siempre tenemos que calcular el desgaste que nuestra expresión sufre en la transmisión al prójimo y al ser por éste recibida, y, en consecuencia, tenemos siempre que reforzarla. El que nos oye tienen otras preocupaciones que no las nuestras, otras ideas, otras atenciones; y como nuestras palabras van a romper el curso de sus pensamientos, y acaso a desviarlo, nos es forzoso darles énfasis, exagerarlas, para que las reduzca a sus debidos términos. 

Todo es teatro, y en el teatro, si se sirve sopa, conviene vaya hirviendo, para que, al ver desde los más lejanos puestos el vaho del hervor, puedan decir: "En efecto, es sopa caliente."

Los actores que propenden a la naturalidad—una naturalidad casi siempre afectada, es decir, no natural—, y a sacrificar a ella el énfasis, corren el riesgo de que se les grite desde el fondo de la cazuela o del patio: "¡Más alto! ¡Que no se oye!"

Porque, en efecto, si nos ponemos dos amigos a conversar, y de pronto se nos dice que continuemos nuestra conversación, pero de tal modo que nos oigan dos o tres mil personas desparramadas en un vasto salón, nos es imposible variar la intensidad de la voz sin variar su tono.

El teatro exige énfasis, y lo exige la vida. Al que se empeña en ser absolutamente natural, ni se le oye; y la tan decantada naturalidad de los clásicos suele serlo de afectación.




Unamuno y el yo relacional


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domingo, 7 de abril de 2024

Unamuno y el yo relacional

 

La teoría del yo relacional, que así la bauticé para uso propio observando ciertas propensiones de mi propia personalidad y ciertas patologías del comportamiento mío y de otros, vendría a consistir en lo siguiente (llevada a la caricatura extrema): no tenemos una personalidad propiamente dicha, sino un sistema de relaciones sociales que resultan en una apariencia de personalidad. Somos nuestras relaciones sociales; somos la gente con quienes nos relacionamos y la resultante de nuestras diversas relaciones con diversas personas, en diversas modalidades e intensidades, personas que a su vez son una ficción de personalidad y una resultante de sus relaciones con nosotros y con otras personas.

Que somos distintos ligeramente (o no ligeramente) con cada persona, en cada interacción concreta, es sólo una consecuencia obvia o inevitable de este estado de cosas. (Que somos todo un baile de máscaras podría ser otra manera no menos caricaturesca de decirlo).

Es una teoría que puede formularse de maneras menos caricaturescas y ponerse en relación con otras teorías de la psicología social que me interesan especialmente, como el dramatismo de Goffman

En fin, que no lo he inventado yo, aunque sí le puse este nombre, y pueden encontrarse abundantes ejemplos en la literatura. Hoy traemos a colación a Miguel de Unamuno, amante de la paradoja y de la psicología paradójica, que nos presenta en algunos artículos suyos penetrantes observaciones sobre la naturaleza relacional del yo (y del tú, hypocrite lecteur). Ésta viene del principio de su muy recomendable artículo "El secreto en la vida":

Hace tiempo, mi más querido amigo, que el corazón me pedía que te escribiese. Ni él ni yo sabíamos sobre qué, pues no era sino un vehementísimo anhelo de hablar confidencialmente contigo y no con otro.

Muchas veces me has oído decir que, cada nuevo amigo que ganamos en la carrera de la vida, nos perfecciona y enriquece, más aún que por lo que de él mismo nos da, por lo que de nosotros mismos nos descubre. Hay en cada uno de nosotros cabos sueltos espirituales, , rincones del alma, escondrijos y recovecos de la conciencia que yacen inactivos e inertes, y acaso nos morimos sin que se nos muestren a nosotros mismos, a falt a de las personas que mediante ellos comulguen en espíritu con nosotros y que merced a esta comunión nos lo revelen. Llevamos todos ideas y sentimientos potenciales que sólo pasarán de la potencia al acto si llega el que nos los despierte, cada cual lleva en sí un Lázaro que sólo necesita de un Cristo que lo resucite, y ¡ay de los pobres Lázaros que acaban bajo el sol su carrera de amores y dolores aparenciales sin haber topado con el Cristo que les diga: "Levántate"!

Y así como hay regiones de nuestro espíritu que más florecen y fructifican bajo la mirada de tal o cual espíritu que viene de la región eterna a que ellas en el tiempo pertenecen, así cuando esa mirada nos está por la ausencia velada, esas tierras la anhelan como anhela toda tierra el sol para arrojar plantas de lor y de fruto. Y los pegujares de mi  espíritu, que dejaron de ser yermos cuando te conocí y me los fecundaste con tu palabra, esos pegujares están hace tiempo queriendo producir. Y he aquí por qué anhelaba escribirte, sin saber bien sobre qué. (Ensayos, 829-31)

Este ensayo deriva hacia la importancia del secreto, de lo no dicho ni reconocido, en la formación de la personalidad. Pero el secreto está en cierto modo a la vista, pues constituye a la personalidad por limitación externa y así viene a estar relacionado con esta cuestión del yo relacional. Pues el meollo de lo secreto en la personalidad viene a ser, al decir de Unamuno, el siguiente—una dimensión un tanto expansionista o inquieta de nuestra personalidad por crecer relacionalmente, por ser lo que no es todavía—a la vez que paradójicamente se desea que esa expansión no nos cambie sino que nos mantenga en lo que somos, y no seríamos de llevarla a cabo:

Y el secreto de la vida humana, el general, el secreto raíz de que todos los demás brotan, es el ansia de más vida, es el furioso e insaciable anhelo de ser todo lo demás sin dejar de ser nosotros mismos, de adueñarme del Universo entero sin que el Universo se adueñe de nosotros y nos absorba: es el deseo de ser otro sin dejar de ser yo, y seguir siendo yo siendo a la vez otro; es, en una palabra, el aptetido de divinidad, el hambre de Dios. (841-42).

Por así decirlo, en lenguaje unamuniano o religioso. (Una amiga mía lo ponía en otro lenguaje, el del horóscopo, y me decía que estas cosas me pasaban a mí porque era géminis, y tenía así dos personalidades; pero de hecho vemos que sería un síndrome más general anejo a toda personalidad, no tando el duplicarse sino el multiplicarse en infinitos agentes Smith, o más bien Smyth, Smythe, Schmitt, Shmidt, etc.). 

Bien, se ve la relación de esto con el yo relacional, pero por aquí nos vamos del tema, y quiero volver a otra alusión que hace Unamuno al yo relacional a cuenta de otros fenómenos psicológicos o características de personalidad: el ser coherente consigo mismo, consecuente, firme, no cambiante, o el ser variable. En el ensayo "Sobre la consecuencia, la sinceridad", observa cómo no podemos tenerlo todo, si somos sinceros a veces seremos inconsecuentes. (Unamuno también reclamaba para sí, como los hippies, el derecho a la contradicción y a la incoherencia. O, como Whitman, el derecho a contener multitudes, al menos potenciales, como decíamos). 

En fin, que los demás nos piden coherencia, y que el sujeto social fiable necesita ser coherente, o más bien los demás, "la sociedad", necesitan que él sea coherente, vamos, necesitan que sea él, porque si no, si empieza a actuar de modo incoherente, no saben a qué atenerse, y a ver a quién le vamos a pasar las facturas o los plazos de la hipoteca. Y así nos forjamos con los demás una persona, una personalidad coherente, un crédito social (y también comenta Unamuno la creciente importancia de vivir a crédito, en sentido económico y de economía personal....):

Vivimos de crédito, de autoridad y de confianza, y por eso pedimos consecuencia al prójimo: para que no nos engañe, es decir, para que no engañe la idea que de él tenemos. Queremos que el prójimo se mantenga fiel al concepto que de él nos hemos formado, y hasta que se haga esclavo de esta nuestra representación de él. Y he aquí por qué predicamos consecuencia.... en los demás. ("Sobre la consecuencia, la sinceridad", 344)

Obsérvese que la consecuencia queda inevitable y al menos parcialmente comprometida por la relacionalidad del yo, así como por su variabilidad caleidoscópica a la vez que pasa por distintas situaciones y relaciones a lo largo del tiempo. A ver quién es el majo que es plenamente coherente, ya se echa de ver que lo de plenamente hay que tomarlo cum grano salis.

Pasa Unamuno a hablar de la inconsecuencia que se da a veces en las ideas a la vez que se mantiene una consecuencia en la personalidad, un poco a la manera del Teatro del Tío Gabriel... o vice-versa, ideas consecuentes que distorsionan a la larga la personalidad.

Pero esto ya nos lleva a otros derroteros—por ejemplo nos lleva más directamente a más dramatismo, a más vida como teatro, y allí lo llevamos, y aquí lo dejamos, pues sólo quería apuntar aquí cómo Unamuno participa al menos a veces o en parte de mi teoría del yo relacional.



El yo relacional

 


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sábado, 27 de enero de 2024

La Prisonnière

Un passage de ce volume de À la recherche du temps perdu, où le narrateur parle des impressions tout différentes des jours où il avait rencontré Albertine comme une tout jeune fille à Balbec, et puis comme une fille libre et désirée par tous, comparées à celles de la jeune femme de Paris, de la prisonnière,"Albertine, qui vivait avec moi":

Les soir où cette derniére ne me lisait pas à haute voix, elle me faisait de la musique ou entamait avec moi des parties de dames ou des causeries que j'interrompais les unes et les autres pour l'embrasser. Nos rapports étaient d'une simplicité qui les rendait reposants. Le vide même de sa vie donnait à Albertine une espèce d'empressement et d'obéisance pur les seules choses que je réclamais d'elle. Derrière cette jeune fille, comme derrière la lumière pourprée qui tombait aux pieds de mes rideaux à Balbec pendant qu'éclatait le concert des musiciens, se nacraient les ondulations bleuaâtres de la mer. N'était-elle pas, en effet, (elle au fond de qui résodait de façon habituelle une idée de moi si familière qu'après sa tante j'étais peut-être la personne qu'elle distinguait le moins de soi-même) la jeune fille que j'avais vue la première fois, à Balbec, sous son polo plat, avec ses yeux insistants et rieurs, inconnnus encore, mince comme une silhouette profilée sur le flot? Ces effigies gardées intactes dans la mémoire, quand on les retrouve, on s'étonne de leur dissemblance d'avec l'être qu'on connaît; on comprend quel travail de modelage accomplit quotidiennement l'habitude. Dans le charme qu'avait albertine à Paris, au coin de mon feu, vivait encore le désir que m'avait inspiré le cortège insolent et fleuri qui se déroulait le long de la plage et, comme Rachel gardait pour Saint-Loup, même quand il la lui eut fait quitter pour Saint-Loup, même quand il la lui eut fait quitter, le prestige de la vie de théâtre, en cette Albertine cloîtrée dans ma maison, loin de Balbec, d'où je l'avais précipitamment emmenée, subsistaient l'émoi, le désarroi social, la vanité inquiète, les désirs errants de la vie de bains de mer. Elle était si bien encagée que, certains soirs même, je ne faisais pas demander qu'elle quittât sa chambre pour la mienne, elle que jadis tout le monde suivait, que j'avais tant de peine à rattraper, filant sur sa bicyclette, et que le liftier même ne pouvait pas me ramener, ne me laissant guère d'espoir qu'elle vînt, et que j'attendais pourtant toute la nuit. Albertine n'avait-elle pas été, devant l'hotêl, comme une grande actrice de la plage en feu, excitant les jalousies quand elle s'avançait dans ce théâtre de nature, ne parlant à personne, bousculant les habitués, dominant ses amies, et cette actrice si convoitée n`était-ce pas elle qui, retirée par moi de las scène, enfermée chez moi, était là, à l'abri des désirs de tous qui désormais pouvaient la chercher vainement, tantôt dans ma chambre, tantôt dans la sienne, où elle s'occupait à quelque travail de desin et de ciselure?

viernes, 22 de diciembre de 2023

Evolución Personal

Evolución de "Persona" según Unamuno ("La enseñanza del latín en España"):

Y si vamos al estudio de la evolución del sentido de los vocablos, se abren nuevos horizontes. Aquí los hechos son palpitantes de vida, los cambios se verifican ante nosotros en pocos años. 

Tomemos un ejemplo, el vocablo persona: ¡qué de enseñanzas en el proceso de su significación desde que se designaba una bocina de resonancia, luego lo que iba unido a la careta que usaban los actores romanos y la careta misma, más tarde el personaje representado en el drama, después el papel que representamos en la escena de la sociedad humana y, por último, en el escenario de nuestra propia conciencia.


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sábado, 18 de noviembre de 2023

The Mask of Normalcy

 

A book on masks, normalcy, and personal identity:




Book description:


Psychologists view well-adjusted behavior as conformity—the ability to navigate relationships and events within a framework of societal rules and regulations. George Serban argues that a better test is how well an individual is able to navigate adverse situations by handling conformity’s ambiguities and incongruities. He uses clinical findings and content analysis to explore the interface between social conformity and nonconformist behaviors.
The definition of the normal is itself problematic, since society’s expectations are sometimes controversial, arbitrary, or equivocal. As a result, people who have problems coping with social conformity choose between degrees of nonconformity or hiding under what Serban calls a "mask of normalcy." Further complicating matters is that some nonconformist attitudes are now seen as normal, supported by governmental policies tacitly favoring moral relativism. A multicultural society is crisscrossed by shades of controversial values and mores. New social codes of "correct" conduct blur the distinction between true and false, right and wrong; and social conflict simmers as a result.

What society perceives as well adjusted may even change within a society over time, depending on prevailing social values. Some noticeable variations have been within male-female relationships and sexual morality. Serban ultimately concludes that those who have learned how to manipulate social situations are viewed as well adjusted. Those who have not are seen as struggling or maladjusted.



jueves, 31 de agosto de 2023

Coherencia contra complejidad

 Retropost, 2013:

En esta charla, "Thinking Fast and Slow" (min. 20) Daniel Kahneman habla de la manera en que la característica de una buena interpretación (lo que entendemos por una buena interpretación) es su coherencia. Lo mismo podríamos decir de una buena historia—o de una buena persona. Ahora bien, hay una cierta contraposición entre los principios de coherencia y de complejidad, o de coherencia y verdad. Una interpretación satisfactoriamente coherente se aísla en sí misma y crea una realidad virtual con su propia coherencia. Una narración satisfactoria también tiene esa coherencia un tanto ilusoria redondeada por la clausura y la inevitabilidad del ilusionismo retrospectivo.

Naturalmente hay también una tensión entre simplicidad y satisfacción—una historia demasiado simple no nos satisface, tiene a la vez que crear una coherencia entre elementos discordantes e inconexos. Y así se crea una dialéctica compleja, y muy situacional, entre la coherencia de una representación, su relación con la realidad, su complejidad y la satisfacción que produce.

Con las representaciones y autorrepresentaciones de las personas sucede algo parecido. Demasiada coherencia lleva al simplismo y al estereotipo. Demasiada complejidad confunde y desagrada. Y el público es infinitamente diverso (incluido el propio autointérprete)—con lo cual no hay distancia de enfoque adecuada para toda persona y circunstancia.

Eso nos inspira una estética del oportunismo bastante liberadora. De todos modos, como decía el Rey Actor en Hamlet, nuestras palabras son nuestras, pero no nos pertenece a dónde van a parar ni sus efectos.



 
 
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Operating System of Civilization Just Changed

      Harari, Yuval Noah. "The next 50 years: humanity, AI, power | Yuval Noah Harari." Interview by Tom Parker...