Visionaje de la
película de Grigori Kozintsev (1969), con música de Shostakovich y una
excelente colección de interpretaciones. Comenzando por la
interpretación que hace el director de la historia: consigue un clásico,
la mejor película sobre Shakespeare según algunos, y no les voy a
llevar yo la contraria: ahora que hay que matizar, en su género,
que es el clasicismo del Realismo Socialista... no el género más
apreciado actualmente, to put it mildly. Y muy dificultado queda el
visionado por la mala calidad de las copias disponibles, con un
subtitulado inglés prácticamente ilegible la mitad de las veces. Y
paradojas del subtitulado a la lengua original, se pierde inmediatez,
precisamente la que se había ganado al liberar al cine del lenguaje de
Shakespeare... aquí lo recuperamos with a vengeance en los subtítulos.
Por volver a los orígenes por otra vía, aquí hay una edicion online de The Chronicle History of King Leir.
La historia de la vejez y de cómo lleva a replantear las relaciones con
los hijos, y a los "abuelos con bolsos" que dice el Bufón, seguro que a
muchos les ha sonado desde siempre. Pero hace falta Shakespeare para
mostrar de manera inolvidable lo que se tiene delante de las narices.
Ah, y un toque metateatral en la versión "revisada" de Shakespeare.
Pregunta Kent, al ver entrar a Lear con Cordelia muerta (cosa que no
pasaba en "The Chronicle History"), "Is this the promised end?"
Y
aún contesta en el drama Edgar "Or image of that horror"? Es decir,
hasta el final queda la puerta abierta para restaurar el final original
(como hizo Colley Cibber) y que Cordelia viva. ¿Será la muerte sólo una
muerte aparente, una imagen del horror, una especie de drama, o una
muerte real? Shakespeare, como siempre, hace teatro arriesgado, poniendo
en evidencia las convenciones del escenario.
Se me hace
especialmente prominente el Albany de la versión de Lear de Kozintsev.
Quizá se quisiese congraciar Shakespeare con el rey de Albany de su
momento. Y sigue chocándome que eligiese para el villano Edmund el
nombre de su hermano y colega actor, Edmund Shakespeare. Vaya usted a
hacer una teoría.
Me acuerdo de la primera vez que oí hablar del
Rey Lear, en el libro de octavo curso de EGB. Aún hay otros que han oído
hablar antes, claro. Ahora veía el vídeo encima de la mesa Pibo, y
decía. "¿El rey Lear? ¿Ese es el del gran fracaso? ¿El de Shakespeare?
¿Es verdad que mueren todos todos?"
Poursuivant une vieille obsession avec la focalisation, avec The Lady of the Lake et,
oui, avec la mort en direct, j’ai déniché ce film de Bertrand Tavernier
(1980) que j’avais raté à l’époque. D’après la présentation du DVD,
"c’est l’histoire d’un homme, Roddy, qui a une caméra greffée dans le
cerveau et qui filme donc tout ce qu’il regarde. C’est l’histoire d’une
femme, Katherine Mortenhoe, qui s’enfuit pour ’mourir libre’. Voulant
échapper aux médias, en l’occurrence une émission de télévision, elle ne
sait pas qu’elle est aidée dans sa fuite par celui qui la filme . . . "
On
voit bien que c’est un film qui anticipe certains des développements
les plus intéressants de la métafiction cinématographique contemporaine:
l’envahissement de la réalité par les médias, l’usage réflexif de la
trash-TV et l’ambivalence de l’image reçue par le spectateur, dont on ne
sait pas au juste à l’occasion s’il s’agit d’un signal interne au film
ou bien de l’image extradiégétique, avec de belles possibilités
d’ambiguité. Ce n’est pas dire que Tavernier les exploite à fond, mais
il y a là certainement bien d’éléments intéressants pour nous qui sommes
friands de la virtualisation de la réalité par les médias. On trouve de
belles idées qui pourraient aboutir à des directions telles que The Truman Show, ou bien eXistenz,ou encore Matrix.
Ceci
dit, il y a bien d’éléments absurdes dans le script, à commencer (ou
finir) par la mort de l’héroïne. Y avait pas de quoi mourir et puis Romy
Schneider, magnifique, n’arrive cependant pas à jouer la mourante,
plutôt l’élégance dans la mort. Hélàs, elle allait mieux faire bientôt…
c’est presque la mort en direct de ce point de vue, il y a des scènes un
peu uncanny si l’on pense à
Romy Schneider, bientôt suicide dans le film et dans la vie, en train de
recevoir d’un docteur la fausse nouvelle, "Vous allez mourir", sous le
regard des espions derrière le faux miroir, et derrière les faux yeux,
et derrière l’écran… nous mêmes.
Il y a à
craindre, aussi, que beaucoup de spectateurs trouveront à peine
supportable le choix initial de présenter un hypothétique futur où "l’on
ne meurt plus comme avant" sous l’habit d’un présent complètement plat,
sans aucune concession au look sci-fi. Surtout lorsque ce présent-là
devient un rétro-futur, vu un quart de siècle après… et, est-ce vrai que
les gens s’habillaient et se peignaient ainsi en 1980? C’est bel et
bien les seventies, ou encore les sixties.
Pour
Harvey Keitel, c’est une expérience transformatrice que de jouer la
caméra vivante dans cette charade, et il reviendra (comme Catherine) au
passé, à sa première femme. Mais Romy choisit la mort plutôt que de
vivre sous l’oeil de la caméra. Hélàs, il faut bien s’y habituer,
bientôt on aura tous une webcam sous la paupière, ou devant elle.
La Mort en Direct.
Dir. and coprod. by Bertrand Tavernier. Written by David Rayfiel and
Bertrand Tavernier. Cast: Romy Schneider, Harvey Keitel, Harry Dean
Stanton, Thérèse Liotard, Caroline Langrishe, William Russel, Vadim
Glowna, Eva Maria Mbinere, Bertrand Wicki, Max von Sydow. Photog. Pierre
William Glenn. Sound by Michel Desrois. Sets by Tony Pratt and Bern
Lepel. Costumes by Judy Moorcroft. Ed. Armand Psenny and Michael Ellis.
Music by Antoine Duhamel. Prod. des. Louis Wipf. Exec. prod. Jean Serge
Breton. Selta Films / Little Bear / Sarra Films / Gaumont / Antenne 2 /
TV 14 Munich, 1980. DVD. StudioCanal, 2005.*
Me fui a ver la peli siguiendo la pista de los Wachowski, y como en Matrix
se encuentra uno una reflexión bastante atrevida, ambivalente y a veces
descarada sobre la relación entre sistema y terrorismo. Porque lo que
es en Matrix los iluminados antisistema pueden encontrar casi una religión alternativa.
Bueno,
pues aquí también va la cosa de Sistema y Terrorista, siendo el
terrorista simpático, elegante, culto, con pasado atormentado y hombre
duro que redescubre el amor, un cóctel imposible (pero bastante
explosivo) del Conde de Montecristo, el Fantasma de la Ópera, el Zorro,
Batman, y el Joker. Sobre todo si le pones la máscara de Guy Fawkes por
encima a todo eso. Además es un terrorista inofensivo: sólo mata a
matones del régimen, y sus voladuras controladas de edificios
emblemáticos nunca causan víctimas inocentes. Vamos, que te lo ponen tan
bien tan bien que la próxima vez que pilles a alguien con una camioneta
de explosivos camino del Parlamento te dan ganas de decir, por favor,
adelante, abra nuestras mentes, es lo que necesita el país. Hágalo de
noche, que no hay nadie. Son bombas educativas; también las de la ETA y
los aviones de Bin Laden eran instrumentos educativos, claro, sólo que
les falta la elegancia y el savoir faire de este culto
caballero, y además no coleccionan libros censurados. Las torturas
tampoco elevan a las víctimas a un nivel mayor de conciencia en este
sucio mundo real, ni los síndromes de Estocolmo son tan románticos y
sentidos.
En resumen, la fuerza crítica y la mala fe de la
película provienen del mismo origen: de la manera en que superpone la
crítica a una tiranía fascista y la crítica a las democracias
occidentales actuales. Presenta el régimen fascista del Líder como una
alegoría del control del pensamiento a la 1984, pero eso junto
con imágenes de usos de los medios para mentir, y para asustar a la
población con gripes del pollo, que recuerdan a muchas de las cosas que
pasan hoy en día en Occidente, y sobre todo en los USA. La película es
hiperconsciente de la manera en que el Sistema y el Terrorista están
mutuamente implicados; incluso lo muestra en forma de mise en abyme
mediante un sketch humorístico filmado por un presentador rebelde
(Stephen Fry, genial); Bush y Bin Laden han aparecido así en múltiples
caricaturas y sketches. Pero esa consciencia de la película no le impide
caer en errores de manipulación que vienen, básicamente, del género
popular de superhéroes y supervillanos. Centra en exceso el mal y el
bien en individuos (o en actitudes "de cada uno de nosotros") y no en
estructuras de producción, intereses, dependencias y comportamientos que
están mucho más imbricadas con la realidad de las cosas y son mucho más
difíciles de cambiar. La toma de conciencia que produce el terrorista
en las masas, con sus programas y sus voladuras de edificios, lleva a
una revolución donde todos se disfrazan con su máscara de Guy Fawkes.
Bueno, son cosas que pasan hasta cierto punto (la revolución naranja en
Ucrania, quizá el caso más reciente). Pero la estética elegida aquí
revela también la afinidad de estos movimientos revolucionarios con las
técnicas de manipulación y despersonalización de masas que utiliza el
Sistema. Acción y Reacción, otra vez, implicadas de una manera tal que
la película comete seguramente las mismas falacias que denuncia.
Significativamente, el Ricardo III
de Shakespeare era citado por el terrorista V, en su papel de
controlador irónico de la situación; y la película también utiliza para
caracterizar al Líder imágenes que aluden al tiránico Ricardo de la
película de Loncraine/McKellen. Papeles divididos y compartidos a la vez
entre el terrorista y el tirano. Claro que el tirano no se da cuenta de
que nos recuerda al hitleriano Ricardo; es el director quien controla.
En cambio, V sí sabe que cita a Shakespeare. Nuestros terroristas, en
cambio, out here, no citan a Shakespeare, y ni el metro ni los edificios
emblemáticos están vacíos. La película recomienda entender de manera
inteligente las acciones de los terroristas como una lucha contra la
tendencia del sistema a sistematizarse. Pero para eso ha de crear un
terrorista imposible y un sistema que, a pesar de los parecidos, no es
el sistema en el que vivimos; así se combinan de maneras impredecibles
relevancia y arbitrariedad, ficción y realidad, efectismo barato y
crítica inteligente, apología del terrorismo
(inteligente-elegante-inexistente) y crítica al terrorismo (de Estado,
sobre todo). Irritante y disfrutable, inmensamente falsa, y con una
buena dosis de verdad y penetración también. Un producto altamente
postmoderno, y muy pero que muy visible. Me he leído reseñas
interesantes en La cosa húmeday (via sua) en Howling Curmudgeons.
V for Vendetta. Dir. James McTeigue. Screenplay by Andy
Wachowski and Larry Wachowski, based on the comic book by David Lloyd and Alan
Moore. Cast: Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry, John
Hurt, Tim Pigott-Smith, Rupert Graves, Roger Allam, Ben Miles, Sinéad Cusack,
Natasha Wightman, John Standing, Eddie Marsan, Clive Ashborn. USA / Germany:
Warner Bros / Silver Pictures / Anarchos Productions / DC Comics (etc.), 2005.*
Es esta película de Cronenberg (1999) una de esas ficciones sobre las que he comentado donde la realidad flojea
. Es una película basada en un videojuego generador de una realidad
virtual, "eXistenZ", donde los personajes han de seguir pistas que les
permitan sobrevivir y adivinar quién está de parte de quien en un
confuso argumento.
Juegan la creadora del juego y un "novato" que
al principio ni siquiera se había implantado uno de los "biopuertos"
necesarios para conectarse al juego, a modo de cordón umbilical. El
novato resulta ser un activista miembro de un movimiento fanático
antijuegos que quieren matar a la creadora del juego, por infectar la
realidad con estas creaciones de realidad virtual. Casi la coge por
sorpresa, pero ella ha sido más lista y lo elimina a tiempo, en una
realidad poco diferenciada del juego al que han jugado, un mundo donde
no puedes confiar en nadie y es una huida de todos contra todos por
parajes de pesadilla.
Ahora bien, resulta que lo que se nos
presentaba como realidad de base no lo era, y descubrimos los
espectadores que ya desde el principio, antes de entrar a jugar,
estábamos en otro juego, transCendenZ, que es replicado en abÎme por el
argumento del juego en segundo nivel eXistenZ. Y cuando emergemos a esa
"realidad" el creador del juego (hombre aquí y no mujer), que estaba
presentándolo a un grupo de aficionados, es asesinado por uno de ellos,
la que había adoptado en el juego el rol de creadora de eXistenZ... y
ahora ya no sabemos si seguimos dentro de un juego o no; los terroristas
antijuegos que eliminan a los fans de la realidad virtual se comportan
como jugadores exterminadores de figuras en un entorno virtual, y la
película acaba con la pregunta de una víctima, antes de que le disparen,
preguntando si estamos aún dentro del juego...
En Cronenberg,
aparte de los argumentos obsesivos o de pesadilla, acompañan los
ambientes desagradables, sucios, y las actitudes compulsivas de los
personajes. Esta película recuerda a Videodrome por las mezclas de
tecnología y orificios corporales, así como de niveles de realidad (la
mosca también combinaba carne y tecnología de maneras desagradables).
Aquí hay abundantes imágenes oníricas, como la pistola hecha de restos
de comida y husesos ensamblados a partir de un plato especial en el
restaurante chino, y los dientes que se le sueltan al protagonista para
proporcionar balas al arma orgánica... O el vivero de anfibios mutantes
que luego son cocinados en el restaurante chino. Las pesadillas de
Cronenberg después de cenar muchas ostras, sin duda, y tener sueños
eróticos donde se combinan cableados umbilicales, puertos de ordenador
infectados ensamblados en la espalda, y pene/traciones cibernéticas. O
las consolas que son bicharracos vivos, luego infectados o diseccionados
para mayor efecto... Quien disfrute con escenas elaboradamente
desagradables, puede llevarse esta película tranquilo a casa; quizá
viendo pesadillas despierto uno duerma luego a pierna ancha. En
cuestiones de tecnología corporal, mejor no pasar del tatuaje o del
piercing en el ombligo, visto lo visto aquí.
La película hace
amagos de denunciar la confusión entre realidad y ficción que presenta, y
el efecto amoralizador de los los videojuegos al fomentar nuestra
inmersión consciente en actividades violentas o desagradables. Por
supuesto es una denuncia ambivalente, al modo postmodernista, y la
película participa de lo que denuncia. Son, por otra parte, muy
similares la inmersión en la realidad virtual cinematográfica y en la de
los videojuegos, y en ese sentido la película tiene una dimensión
metafílmica, presenta una reflexión sobre la ambivalencia del cine como
experiencia: a la vez nos da experiencia (virtual) y nos arrebata toda
experiencia (virtualizando la experiencia real). Un efecto palpable en
eXistenZ se ve en la manera en que, sin ningún recurso especial de
manipulación de la imagen (al margen de unas ambientaciones abstractas o
convencionales al modo de los videojuegos), los actores reales de carne
y hueso acaban por parecernos imágenes generadas por ordenador. Las
imágenes de pesadilla que combinan carne y tecnología, como los
biopuertos inflamados, no son sino una manera más gráfica de presentar
esta relativización de nuestra realidad, penetrada hasta la médula por
las tecnologías de la imagen.
También es una reflexión sobre el
terrorismo: quienes defienden una realidad tradicionalista a golpe de
pistola están tan pillados en el juego como los otros, y han importado
buena parte de sus actitudes y de sus procedimientos de esa realidad
virtualizada a la que dicen querer destruir. Para Cronenberg, "il n’y a
pas de hors-jeu". La vida quizá en el pasado tuvo mayor sustancia, pero
hoy es sólo un laberinto de ficciones y de imágenes, y el amor y el
deseo son sólo episodios y movimientos del juego de la existencia.
Y
bueno, hasta aquí llegamos hoy, que ya se me inflama el biopuerto de la
retina. Por cierto, habíamos quedado con los amigos en ir a cenar a un
chino. No sé si coja el toro por los cuernos, pidiendo el plato especial
de la casa, o lo deje pasar...
6 comentarios
JoseAngel -
Sí, allegro, es una película sintomática de experiencias bastante
modernas y bastante desagradables... que cada vez más gente tiene, creo.
Allegr o -
El factor de la timidez y los miedos que enfrentan muchos
individuos es el alimento que los juegos de relidad virtual emplean. Gente
que es capaz de pasar dias detras de un monitor que le ofresca un
escenario libre de criticas, y la seguridad de sentirse protegidos ante
eventos externos, es la que se encargará de alimentar el mercado de la
realidad virtual, avanzando hasta niveles de realidad en que se prestará
para la confusión entre lo ficticio y lo verdadero. Eso es lo que
se me viene a la mente despues de ver la obra de Cronenberg, la cual, a
mi parecer expresa un mensaje implicito sobre los riesgos de la
perturbación de la realidad.
JoseAngel -
Vaya, lo que faltaba, ahora mi blog haciendo anuncios de Tarot (y
encima 100% preciso...). Se siente uno como el Paikul éste protagonista
de eXistenZ, obligado a hacer movimientos a tu pesar porque tu personaje
está gobernado por el entorno cibernético en el que te has metido...
JoseAngel -
Pues que no te embarquen esos conocidos, MO, en alguna historia de
presentación de un nuevo juego, etc.-- por siaca. Y bueno, lo de Dafoe
se presta a otra interpretación: su nivel ínfimo era el de mecánico,
pero ese nivel era un rol en un juego... ergo su vida real es mucho más
interesante. Y lo es en general aunque sólo sea en tanto que juego con
niveles de complejidad y muchos sub-juegos. En última instancia el gran
juego es el juego del que no podemos salir, ¿verdad? -- y ese ya sabemos
cuál es. Oye, thanks for the visit, see you in my soup.
MO -
una corrección: parece ser que un equipo español de marketing se
inspiró en eXistenZ para promocionar lo de la playstation...un conocido
conoce a una mujer miembro de dicho equipo (que por cierto, también
conocí un día)....
MO -
me comentan que ExistenZ se usó en España para promocionar una
playstation. the target: las personas con existencias "mediocres" que
así pueden vivir otra realidad. Como Dafoe en el film, según el cual en
su nivel de vida más ínfimo es mecánico. por tus comentarios parece casi que lo que más os ha impactado son las "asquerosidades" a la Cronenberg....
Es esta película de Cronenberg (1999) una de esas ficciones sobre las que he comentado donde la realidad flojea
. Es una película basada en un videojuego generador de una realidad
virtual, "eXistenZ", donde los personajes han de seguir pistas que les
permitan sobrevivir y adivinar quién está de parte de quien en un
confuso argumento.
Juegan la creadora del juego y un "novato" que
al principio ni siquiera se había implantado uno de los "biopuertos"
necesarios para conectarse al juego, a modo de cordón umbilical. El
novato resulta ser un activista miembro de un movimiento fanático
antijuegos que quieren matar a la creadora del juego, por infectar la
realidad con estas creaciones de realidad virtual. Casi la coge por
sorpresa, pero ella ha sido más lista y lo elimina a tiempo, en una
realidad poco diferenciada del juego al que han jugado, un mundo donde
no puedes confiar en nadie y es una huida de todos contra todos por
parajes de pesadilla.
Ahora bien, resulta que lo que se nos
presentaba como realidad de base no lo era, y descubrimos los
espectadores que ya desde el principio, antes de entrar a jugar,
estábamos en otro juego, transCendenZ, que es replicado en abÎme por el
argumento del juego en segundo nivel eXistenZ. Y cuando emergemos a esa
"realidad" el creador del juego (hombre aquí y no mujer), que estaba
presentándolo a un grupo de aficionados, es asesinado por uno de ellos,
la que había adoptado en el juego el rol de creadora de eXistenZ... y
ahora ya no sabemos si seguimos dentro de un juego o no; los terroristas
antijuegos que eliminan a los fans de la realidad virtual se comportan
como jugadores exterminadores de figuras en un entorno virtual, y la
película acaba con la pregunta de una víctima, antes de que le disparen,
preguntando si estamos aún dentro del juego...
En Cronenberg,
aparte de los argumentos obsesivos o de pesadilla, acompañan los
ambientes desagradables, sucios, y las actitudes compulsivas de los
personajes. Esta película recuerda a Videodrome por las mezclas de
tecnología y orificios corporales, así como de niveles de realidad (la
mosca también combinaba carne y tecnología de maneras desagradables).
Aquí hay abundantes imágenes oníricas, como la pistola hecha de restos
de comida y husesos ensamblados a partir de un plato especial en el
restaurante chino, y los dientes que se le sueltan al protagonista para
proporcionar balas al arma orgánica... O el vivero de anfibios mutantes
que luego son cocinados en el restaurante chino. Las pesadillas de
Cronenberg después de cenar muchas ostras, sin duda, y tener sueños
eróticos donde se combinan cableados umbilicales, puertos de ordenador
infectados ensamblados en la espalda, y pene/traciones cibernéticas. O
las consolas que son bicharracos vivos, luego infectados o diseccionados
para mayor efecto... Quien disfrute con escenas elaboradamente
desagradables, puede llevarse esta película tranquilo a casa; quizá
viendo pesadillas despierto uno duerma luego a pierna ancha. En
cuestiones de tecnología corporal, mejor no pasar del tatuaje o del
piercing en el ombligo, visto lo visto aquí.
La película hace
amagos de denunciar la confusión entre realidad y ficción que presenta, y
el efecto amoralizador de los los videojuegos al fomentar nuestra
inmersión consciente en actividades violentas o desagradables. Por
supuesto es una denuncia ambivalente, al modo postmodernista, y la
película participa de lo que denuncia. Son, por otra parte, muy
similares la inmersión en la realidad virtual cinematográfica y en la de
los videojuegos, y en ese sentido la película tiene una dimensión
metafílmica, presenta una reflexión sobre la ambivalencia del cine como
experiencia: a la vez nos da experiencia (virtual) y nos arrebata toda
experiencia (virtualizando la experiencia real). Un efecto palpable en
eXistenZ se ve en la manera en que, sin ningún recurso especial de
manipulación de la imagen (al margen de unas ambientaciones abstractas o
convencionales al modo de los videojuegos), los actores reales de carne
y hueso acaban por parecernos imágenes generadas por ordenador. Las
imágenes de pesadilla que combinan carne y tecnología, como los
biopuertos inflamados, no son sino una manera más gráfica de presentar
esta relativización de nuestra realidad, penetrada hasta la médula por
las tecnologías de la imagen.
También es una reflexión sobre el
terrorismo: quienes defienden una realidad tradicionalista a golpe de
pistola están tan pillados en el juego como los otros, y han importado
buena parte de sus actitudes y de sus procedimientos de esa realidad
virtualizada a la que dicen querer destruir. Para Cronenberg, "il n’y a
pas de hors-jeu". La vida quizá en el pasado tuvo mayor sustancia, pero
hoy es sólo un laberinto de ficciones y de imágenes, y el amor y el
deseo son sólo episodios y movimientos del juego de la existencia.
Y
bueno, hasta aquí llegamos hoy, que ya se me inflama el biopuerto de la
retina. Por cierto, habíamos quedado con los amigos en ir a cenar a un
chino. No sé si coja el toro por los cuernos, pidiendo el plato especial
de la casa, o lo deje pasar...
Nos hemos fugado esta tarde a ver El Mercader de Venecia,
dirigida por Michael Radford, con Al Pacino y Jeremy Irons (2004). Es
una película perteneciente al género trasnochado de la "correcta"
adaptación cinematográfica de una obra teatral: es decir, no
modernizada, no ambientada en el siglo diecinueve, no pasada a versión
musical... es un género pues ya definido, y en el que se trabaja en
márgenes bastante estrictos. El caso es hacerlo bien, y esta adaptación
está muy bien hecha, desde los decorados y ambientes al casting y la
música. La escena del juicio consigue el milagro de hacer creíble
cinematográficamente lo que parece imposible de tomarse en serio: el
director ha confiado en Shakespeare como un gran escritor para el cine, y
ha ganado la apuesta. E incluso el disfraz de hombres de Porcia y
Nerissa está más logrado de lo habitual. Hay fallos —algún fallo de
ritmo y de edición en la escena de la recepción de Bassanio en Belmont,
pero es la parte más prescindible de la historia... Y hay
recortes, claro. Uno de los recortes ha hecho caer un trocito favorito
mío, en el que los amantes Jessica y Lorenzo hablan del presente y de
ellos como si se tratase de un pasado remoto y de otras personas. Es el
primer caso que conozco del juego de la retrospección imaginaria, un
juego al que luego jugaría Nabokov con una novia suya, y yo también...
Un juego peligroso, dicen, que nos hace ver el presente como si fuera un
pasado, y nos da la ilusión de apropiarnos del futuro, que nunca es
nuestro.
LORENZO In such a night Did Jessica steal from the wealthy Jew, And with an unthrift love did run from Venice As far as Belmont. JESSICA In such a night Did young Lorenzo swear he loved her well, Stealing her soul with many vows of faith, And ne’er a true one. (5.1.14-19)
La película pasa un tanto de puntillas por el tema homosexual... Bueno,
sí hay unas provocativas máscaras fálicas y una "fiestecilla privada"
entre Bassanio y Graziano. Pero entre Antonio y Bassanio,
explícitamente, solo hay un beso. Y la tristeza resignada y ambiental de
Antonio frente al argumento romántico de Bassanio y Porcia. Quizá así
contenido quede mejor entendido el tema que con algún subrayado
excesivo, a lo que parecen prestarse los tiempos. No olvidemos que hasta
hace muy recientemente, Antonio no era homosexual para los críticos
shakespeareanos (no lo es para Dover Wilson, ni para Frank Harris, ni
para Middleton Murry, por ejemplo – según ellos la melancolía de Antonio
no tiene motivo ni causa). En Antonio se ha visto un autorretrato de
Shakespeare, autorretrato de un hombre melancólico, generoso y resignado
(para Harris), y más recientemente se le ve como amante mayor de un
jovencito que lo abandona por nuevos afectos más provechosos o
tentadores (un poco como le sucede al poeta de los Sonetos). En la
película, sus amigos venecianos se refocilan con furcias abundantemente,
pero no Antonio. Poco más hay, sin embargo, sobre el tema; la película
es apenas más explícita que la obra de Shakespeare sobre la
homosexualidad de Antonio, y nos basta el rostro amargo de Jeremy Irons
para caracterizar a Antonio, independientemente de su homosexualidad,
como un personaje melancólico y sin mucho apego a la vida. El
príncipe de Aragón sale mal parado de la película; el de Marruecos algo
mejor porque los aragoneses no estamos amparados por el paraguas de la
corrección política. El tema de los judíos, en cambio, había que cogerlo
por los cuernos, no hay escapatoria en la obra, que ha provocado
célebres polémicas sobre el antisemitismo de Shakespeare. Para Frank
Harris, por ejemplo, queda muy claro que Shakespeare odiaba a los
judíos; para Harold Bloom, es obvio que se trata de una obra
profundamente antisemita. Y muchos directores se han estrellado ya no
sólo contra las incorrecciones políticas de la obra, sino contra sus
ambivalencias. Esta película toma la opción de hacer a Shylock dolido,
resentido, cruel y despiadado, pero ni especialmente avaro ni desde
luego cómico. Al Pacino hace una intepretación del personaje
infundiéndole toda la energía y rabia que es capaz de acumular. Sale
aquí de modo admirable a la luz la "conexión secreta" que ve Greenblatt
entre la avaricia de Shylock, su apego a la comunidad judía, y sus
deseos de controlar a su hija frente a los cristianos (Greenblatt 282).
Una distorsión visible de la obra: opta la película por dar ciertos
remordimientos a Jessica tras el saqueo a que somete a su padre. Ésta no
vende realmente el anillo de Leah, el anillo que vale más que "una
selva llena de monos", sino que lo mira melancólicamente al final,
sabiendo que no hay marcha atrás. El anillo de Jessica recibe un peso
simbólico adicional al establecerse un paralelismo con los anillos de
Porcia y Nerissa – algo contrario totalmente a la Jessica original de
Shakespeare, claro. Está claro que la Jessica despiadada de Shakespeare
resultaba incómoda para esta película. También se nos
muestra a Shylock al final abandonado en la calle, convertido
forzosamente al cristianismo, mirando cómo los demás judíos, digo, los
judíos, entran en la sinagoga y le cierran la puerta. Con esto refuerza
la película de manera "políticamente correcta" el lado oscuro de la
comedia de Shakespeare: si bien no opta decididamente por hacer a
Bassanio, Graziano, Lorenzo y los demás antisemitas más activamente
desagradables–en un gesto de fidelidad al original, supongo, que siempre
es fidelidad a la manera en que se ha leído el original. Este es el
lado mojigato de esta adaptación, que es precisamente el que la hace ser
"William Shakespeare’s The Merchant of Venice".
Pero es posible que no haya manera de adaptar bien esta obra. Se sabe
que la figura de Shylock crea reacciones demasiado ambivalentes como
para divertirnos con su humillación, y Greenblatt llega a reconocer que
"It is possible that Shakespeare lost control of his own imagination
here" (284), o sea, que nos revela la obra cosas que Shakespeare
prefería no revelarse a sí mismo. En este sentido, la película conserva
algunas incoherencias que hacen incoherente la obra original, y así le
es fiel aunque se permita suavizar algunas incorrecciones duras de
tragar. Es curioso que Shakespeare mismo, como su padre antes,
actuaba ocasionalmente como prestamista, de modo que las invectivas
contra los usureros han de tomarse como el aspecto exterior más visible
de una obra bastante más compleja. De hecho, el argumento de El Mercader
de Venecia juega a distanciarnos bastante del héroe de la trama
romántica, Bassanio, que aparece como un parásito decorativo y
superficial, y centra nuestra atención en el conflicto entre Antonio y
Shylock, personajes cuyo destino deja un regusto más amargo, y que hace
parecer artificial (deliberadamente artificial) el final feliz. Como señala Stephen Greenblatt, Shakespeare estaba escribiendo en el contexto de otras obras sobre "judíos malvados", como The Jew (una obra perdida) o The Jew of Malta de Marlowe, y tomó el argumento de Il Pecarone
de Ser Giovanni. A ello se juntó el complot urdido por, o contra, el
médico de la reina Isabel, el converso Ruy Lopez, ejecutado en 1594. La
ejecución de Lopez fue un acontecimiento público célebre; proclamó su
inocencia en el cadalso, diciendo que no era un traidor, y que "amaba a
la Reina tanto como a Jesucristo" —lo cual provocó la risa cruel de la
multitud. Según Greenblatt, Shakespeare escribió The Merchant of Venice
influido por esta escena: "he was both intrigued and nauseated", y la
ambivalencia de su respuesta, junto con su deseo de hacer una obra de
éxito sobre un intrigante judío, llevó a la compleja mezcla de emociones
de El Mercader de Venecia y su final dulceamargo. Shylock
encarna a la Vieja Ley, al judío resentido del ojo por ojo y diente por
diente, incapaz de entender la doctrina cristiana del perdón a la que le
incita Porcia disfrazada de doctor. Pero la medida "cristiana" que se
le aplica no es otra que la del ojo por ojo y diente por diente, darle
su propia medicina punto por punto... una ironía cuidadosamente
construida, y seguramente buscada, por Shakespeare. Las risas de
victoria sobre el judío, por tanto, son superficiales, y en realidad hay
muy poco de qué reírse en esta comedia.
"Soy
un judío. ¿No tiene un judío ojos? ¿No tiene un judío manos, órganos,
dimensiones, sentidos, afectos, pasiones; alimentado con la misma
comida, herido con las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades,
curado con los mismos remedios, calentado y enfriado por el mismo
invierno y verano que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si
nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no morimos? Y
si nos ofendéis, ¿no habremos de vengarnos?" (3.1.49-56)
Señala Shylock a las contradicciones de los supuestos cristianos al
recordarles que compran y venden esclavos que maltratan, en lugar de
compartir con ellos sus casas y comida... esto es realmente ofensivo, y
un argumento tremendo, como señala Middleton Murry (198-99), uno al que
los venecianos tienen que hacer oídos sordos por interés propio. Así
revela Shakespeare que en este mundo "justice is the bulwark of
injustice" (Murry 199). Así pues, Shylock insiste en su Measure for
measure, pues como bien dice, es la medida que le han aplicado a él toda
la vida los cristianos. Decía Hazlitt que la apelación de los
venecianos a la piedad de Shylock era de una hipocresía apestosa. Hay
una frase de la obra especialmente interesante aquí, conservada en la
película pero sin peso especial: en el juicio pregunta Porcia/Doctor:
"¿Cuál es el mercader, y cuál es el judío?" No comment...
El error de Shylock consiste en creer que podía utilizar la justicia
del enemigo contra el enemigo mismo. Y la justicia, como descubre
Shylock, tiene muchas entretelas, no es un mecanismo ciego e imparcial,
sino que sirve al poder que ella establece y que la establece a ella. El
judío que apela a la justicia de los venecianos es, finalmente, un
pobre iluso, porque la justicia de los venecianos está hecha para
proteger a los venecianos, especialmente a los poderosos. La obra se
abre con una reflexión metadramática de Antonio, que se sabe abandonado
por Bassanio: "Al mundo sólo lo considero como el mundo, Graziano; un
escenario donde cada hombre debe representar un papel, y el mío es uno
triste". También el juicio es un puro teatro, y no sólo para Porcia.
Es curioso el valor simbólico del argumento entendido como una renuncia
obligada a la homosexualidad y de sumisión al régimen matrimonial. Al
principio de la obra, Bassanio está en deuda con Antonio, que le presta
el dinero necesario para cortejar a Porcia. Si la felicidad de la pareja
romántica se edificase sobre esta base, estarían ambos en deuda con
Antonio. Pero mediante la escena del juicio, donde Porcia disfrazada
rescata a Antonio y manipula a Bassanio, las deudas cambian de lugar.
Ahora están ambos en deuda con Porcia, y Bassanio ya no debe nada a
Antonio. La obra escenifica, pues, una renuncia al régimen homosocial:
es en el que se mueve Porcia (como en el patriarcado) pero que logra
explotar a su favor – un mito icónico, supongo, de la capacidad femenina
de maniobra dentro del sistema que la sujeta. No deja de ser
significativo que tal capacidad de maniobra tenga que pasar
obligadamente por la apropiación de una identidad masculina, el doctor
en leyes, y por la teatralidad. Quien no ve detrás de las bambalinas,
nos dice Shakespeare, no se da cuenta de que la vida es teatro. Con
semejantes presupuestos, no podemos creer que nos esté ofreciendo sólo
el teatro que aparenta ofrecernos: hay un disfraz detrás del disfraz. Y
aún más: el mismo autor está atrapado en un teatro del que no puede
escapar, su mundo y sus contradicciones, y sabe que su papel, a veces,
es triste. Referencias: Bloom, Harold. Shakespeare: The Invention of the Human. London: Fourth Estate, 1999. Greenblatt, Stephen. Will in the World: How Shakespeare Became Shakespeare. New York and London: Norton, 2004. Harris, Frank. El hombre Shakespeare y su vida trágica. 1909. Trans. Luis Echávarri. Barcelona: Vitae Ediciones, 2004. Middleton Murry, John. Shakespeare. London: Cape, 1936. 1948. Shakespeare, William. The
most excellent History of the Merchant of Venice. With the extreme
cruelty of Shylock the Jew towards the said Merchant, in cutting a just
pound of his flesh: and the obtaining of Portia by the choice of three
chests. As it hath been divers time acted by the Lord Chamberlain his
servants. Written by William Shakespeare. (Quarto). London: Thomas Hayes, 1600. The Merchant of Venice.
Film. Dir. Michael Radford. Cast: Al Pacino, Joseph Fiennes, Jeremy
Irons, Zuleika Robinson. Dir. Michael Radford, based on William
Shakespeare's play. Music by Jocelyn Pook. Photog. Benoit Delhomme.
UK/Italy/Luxembourg, 2004. (El mercader de Venecia. Dir. Michael Radford. Spanish DVD (English/Spanish/Catalan). Manga films, 2005).
Sí, Alberto, es una buenísima adaptación de la obra de Shakespeare;
y lo cierto es que nunca se vuelve dos veces a Shakespeare sin ver
cosas distintas en él. ¡Un saludo!
Alberto W. -
Soy talquino (de la ciudad de Talca, Chile), judío de sinagoga
(bueno al menos 1 vez al mes, en santiago) y gusto del teatro cuándo
puedo.
Acabo de ver la pelicula de Radford en dvd y me ha
gustado mucho. En mi caso, como comprenderán no es difícil empatizar con
Shylock. Yo creo que la adaptación estuvo adecuada claro que no deja de
ser inquietante la cosntrucción del personaje... esa suerte de desasón a
la que se refierió el crítico Bloom.
Como anécdota le dejo que
hace años atrás tuve la oportunidad de leer Il Pecarone, una colección
de historias italianas tardiomedievales, y esta trama se reconoce
facilmente en el primer cuento del cuarto día.
En todo caso, me
quedo con la sensación de desasociego ante los sucesos. Creo que cuándo
leí el libro (nunca he visto la representación teatral) todo era más
simple. Ahora el extraño sino de Porcia: Un padre muerto que limita
ellibrealbedrío de su hija a una disposición "sapinesal". Antonio actúa
bien cuándo actua como aval para su amigo pero nunca debió
responsabilizarse a cumplirla con la famosa "libra de su propia carne".
Mi paisano schylock derecho, en viertud del contrato libre entre las
partes, de cortar la carne pero no de derramar niuna sola gota de
sangre. Solo aprobación se gana el Tibunal veneciano cuándo no
colaborando con la exigencia de Shylock pero falta a la justicia con la
odiosa imposición de abjurar de su creeencia (identidad) y convertirse a
un falso cristianismo. Cualquiera apoyaría a Jessica y Lorenzo pero cae
mal cu{ando roba las roba a su padre. Y así suma y sigue... todos
hablan de la supuesta hosexualidad de antonio y su joven amigo.. y
Porcia y Nerissa.
En fin... me divertí bastante con la pelicula... ahora voy a repasar con gusto mi colección completa de obras de Shakespeare
Muchísimas gracias por haber escrito este artículo. Estaba buscando
información para un examen de literatura que tengo próximamente y me ha
ayudado mucho. Es agradable encontrar a alguien que haya estudiado
filología inglesa, me anima, yo también quiero estudiar eso cuando vaya a
la universidad.
Esther, Valencia, 16 años
Un saludo.
JoseAngel -
Gracias, David, un saludo. Y sí, cuidado con eso del ego, que es
contagioso... aunque a veces tamibén es un espectáculo divertido.
David -
Vaya! es usted profesor de filología, ya decia yo que era dificil
encontrar a alguien que escribiese de esta manera en un blog perdido.
Esto me anima a seguir leyendo en blogs aunque por lo común acabe
asqueado de las cancerígenas formas de ego ;) que en ellos se
manifiestan.
Un saludo de un estudiante de derecho!
David -
Hola! Acabo de encontrarme con tu articulo buscando una sintesis
completa de la película. Y me ha ayudado mucho, de hecho había cosas de
las que me había dado cuenta pero no crei darles importancia y ahora
veo que la tienen... Agridulce película
Un saludo
Jose Angel -
Gracias, Jorge; me alegro de coincidir contigo en Bloom, y en
Shakespeare también supongo, si le haces caso a Bloom! Saludos.
Jorge López Santander -
Gracias José Angel,tu artícUlo del Mercader es muy ilustrativo. Soy
un reciente, pero intensivo, lector de Bloom y llegué a tu página
complementando mis lecturas de "la invención de lo humano...". Un saludo cordial desde Chile, JLS.
Había un país lleno de tensiones en la convivencia familiar, y
con sus problemas de política interior y exterior, un país empero donde
se vivía básicamente la vida cotidiana -- y que de repente se vio
sumergido en un problema de una dimensión mucho mayor: invadido,
planchado, masacrado, bombardeado por una civilización tecnológicamente
muy superior contra la que no tenía la menor esperanza de poder
defenderse. Los invasores tenían los planes de conquista trazados, y los
siguieron implacablemente hasta dominar totalmente la situación,
mientras columnas de refugiados huían aterrorizados, en medio de un mar
de destrucción, y veían a sus ejércitos estrellarse impotentes contra
las indestructibles máquinas de matar venidas de otro mundo. Pero...
"ninguna ocupación tiene éxito, lo ha demostrado la historia", cito de
la película. Nuestra adaptación al terreno nos ha dado el derecho de
vivir aquí, mientras que los invasores serán rechazados, a pesar de su
triunfo inicial, por el mismo aire que respiran. Cuando no por la
resistencia subterránea. Vamos, que la película de Spielberg va de la
mala conciencia existente en los EE.UU. acerca del imperialismo agresivo
de su país en países como Irak. Las filas de refugiados occidentales,
imagen que nos lleva a la Segunda Guerra Mundial o a la guerra de
Bosnia-Herzegovina, nos recuerdan que los iraquíes son como nosotros, y
que no necesariamente nos va a tocar siempre estar del lado que
bombardea. (El Holocausto también palpita por aquí debajo).
¿Que
la película va también de América, y que los marcianos son una alegoría
de los terroristas? Pues claro, no pretendo negarlo: una cosa no quita
la otra. Tanto más onírico, y cinematográfico, si se fusionan el yo y el
otro, si se crea en los marcianos una imagen compleja en la que se
funden el Otro absoluto que es el terrorista para su víctima, y el otro
Otro dentro de nos-Otros–el terrorista que somos nosotros para otros.
(La lógica de la abyección una vez más). Porque los marcianos, claro,
también son terroristas infiltrados en el vecindario: en nuestro patio
trasero, debajo de nuestras casas se ocultaba la amenaza, y no lo
sabíamos hasta que empiezan a derrumbarse las torres. Holy shit! Las
escenas de destrucción de edificios y de reacciones de masas no pueden
sino recordar al 11 de septiembre. Pero Spielberg toma aquí partido por
la acción y por un punto de vista limitado: corta la electricidad. Con
lo cual se autolimita en el uso de imágenes dentro de imágenes del que
tanto gustaba en otras películas. Gana así la película en intensidad,
pero pierde en complejidad, porque la dimensión informática de esta
guerra de los mundos desaparece. Nunca vemos, por ejemplo, el punto de
vista del extraterrestre, aunque ellos sí tengan comunicaciones. Pero ya
se sabe que es mejor no mirar con mucho detenimiento dentro de uno
mismo: buscando terroristas por los subterráneos puede que tu cámara se
encuentre con un espejo.
Los extraterrestres, por cierto, son el
resultado de una noche de amor entre Alien y E.T. (los autoguiños de ojo
del director son numerosos, parece un tic temblón). Casi parecen
vulnerables estos no-marcianos: repugnantes pero no personalmente
temibles en un cuerpo a cuerpo, si nos conociésemos en otras
circunstancias. Son sus máquinas, los trípodes (hechas a su imagen y
semejanza, claro, uno y trino - también a modo de los trífidos) las que
hacen la destrucción. Recuerdan a pulpos y monstruos submarinos - pero
también a un F-117 con patas. De repente se derrumban: los marcianos
mueren envenenados por las bacterias terrestres. Aquí ha fallado su
tecnología, y la de Spielberg - pero qué vergüenza, puestos a planear
las cosas con tanto cuidado y tanta pasta. Puestos a modernizar la
novela de H.G. Welles (oops), un retoque inteligente al final hubiera
ayudado: los "gérmenes" no tienen hoy el impacto novedoso que tenían a
finales del 19, al margen de que el final predecible a la manera sabida
resulta decepcionante. Es decir, no basta con ambientarla en el siglo
XXI para ambientarla en el siglo XXI. Orson puso el listón metaficcional
muy alto al mezclarla con la realidad, y Spielberg ha preferido cortar
por lo sano y contener la historia en unos límites en los que ya no
cabe.
En cualquier caso, la película está llena de aciertos por
aquí y por allá: gran parte del trabajo de los actores y de la cámara,
escenas como la de la tormenta inicial, los cadáveres en el río, la
lucha por el coche, o el tren incendiado... Hay otras escenas falsas,
como el encuentro con la reportera en el avión estrellado (otra alusión
7/11 esa). Parece insertada bajo el dictado de la corrección política -
solidaridad entre judíos, negros y blancos. También está escena del
americano profundo paranoico (je, con razón - hasta los paranoicos
tienen enemigos). Se supone que hay que exterminarlo, como momento
moralmente duro de la peli; pero no queda convincente. Toda esta escena
es demasiado larga y chirría. Tampoco Cruise debería ponerse al final a
volar trípodes, eso abarata la película. Ni gusta (veo por las reseñas)
que toda la familia se reúna al final, sin víctimas. Queremos más
víctimas. Bueno, Cruise sigue siendo the odd man out, es una falsa
reconciliación con su familia desestructurada la que sigue, tanta
calamidad para que al final no se consiga remendar la familia americana.
Y nos quedamos sin saber si el hijo, por fin abrazado, termina de hacer
su trabajo de curso para el lunes sobre "la guerra de Argelia": le
sugiero una visión comparativa con la de Irak y con la invasión
marciana.
(Y más ciencia ficción y más extraterrestres: me han regalado, a domicilio además, This Island Earth,
una peli de vintage SF que llevaba con ganas de ver desde los 70...
¡Gracias, Alessandra! Por cierto mientras leía varias críticas de la
película en Google, me he fijado por primera vez en el pie de página que
ponen, imitando los finales de las películas: "Ningún crítico
cinematográfico ha sufrido daños durante la creación de esta página. De
hecho, la página se ha creado sin su ayuda, ya que la selección y
colocación de las críticas se ha determinado automáticamente mediante un
programa informático." Ya que no hacen daño, ¿se va a apuntar alguien
al servicio este de mensajería de Google?)
1 comentario
daniel -
demasiado buena la pelicula cabe destacar que spealberg es un genio
en cuanto se trata de efectos especiales y toda la parafernaria
holliwoodence...pero a parte de eso es un genio en lo que se trata de lo
que es un guion y una realidad la saber profundizar un tema que esta
ante de nuestros ojos, como un dialogo de la pelicula para vencer a los
extraterrestres hay que tener los ojos bien abiertos. que mas
advertencia que la que nos dice el mismo film, no queremos ver mas alla
de nuestras narices a lo que esta mas claro que el agua, y que no hace
falta dejar de lado el nucleo familiar por las frivolidades, a todas
aquellas personas que no han visto la pelicula, se las recomiendo con
los ojos cerrados, pero despues de allan leido el libro, no se trata de
una pelicula mas de extraterrestres como dije al principio si no de una
realidad como la vida misma....daniel di cristoforo...venezuela