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lunes, 15 de junio de 2026

Tú lo has querido

 

 Uno de los ensayos sobre la guerra de Rafael Sánchez Ferlosio, ahora recogido en Babel contra Babel:

 

Tú lo has querido 

Al que emprenda una guerra le convendría compenetrarse con la índole de juramento que tiene semejante decisión. El "juramento de victoria" ata la voluntad más que ningún otro compromiso imaginable; ningún otro sujeto se somete a una pérdida de libertad como la que padece tal juramentado. Así, cuando se dice que el guerrero "pone su vida en juego" por la victoria, ha de entenderse no sólo la llamada "vida física", sino también la llamada "vida moral".

La derrota es, literalmente, la muerte moral del derrotado; así lo entendían los generales romanos al combinar la muerte moral de la derrota con la muerte física que se daban —¿voluntariamente?— mediante el suicidio, que, a su vez, los samuráis describían, significativamente, como "el honroso camino de salida". Japonés es también aquel refrán que expresa crudamente la pérdida de libertad, la cosificación de la voluntad —como una fuerza enajenada, impuesta desde fuera—, que comporta el juramento de victoria: "La espada que ha salido de la vaina tiene que matar". El aspecto de feroces antiguallas irracionales que toman hoy semejantes concepciones responde sólo a la actual dispersión de cierto punto de vista individual —el del patricio romano, el del samurái—, pero no a alguna impensable racionalización de la naturaleza de la guerra.

También el bandido que dice "la bolsa o la vida" hace total dejación de su libertad y se irresponsabiliza de su eventual reacción como si ésta quedase de pronto engranada en un resorte totalmente ajeno a su albedrío. A eso responde el que, cuando tras la negativa del atracado dispara contra él, diga: "Tú lo has querido". Una costumbre inmemorial es capaz de disipar hasta la última sombra de extrañeza, pero no hay lógica que pueda hacer absurda o poner fuera de cualquier razón posible esa pregunta: "¿Cómo? ¿Que YO soy el responsable de lo que TÚ me hagas A MÍ?". 

En el mismo orden formal ha de inscribirse la frase de Javier Solana, secretario general de la OTAN: "Milosevic es el único responsable de lo que le pase a Serbia", donde ya ese terrorífico "le pase" connota lo ineluctable, enajenado de toda posible libertad humana, autóctono respecto de cualquier voluntad de hombres, como un rayo del cielo o un inexorable decreto del Altísimo: tal es el "juramento de victoria". Y, sin embargo, todos han visto claro y convalidado como real y racional que Estados Unidos y la OTAN, una vez prospectada la amenaza y constatado el incumplimiento de la condición, no podían dejar de bombardear, porque desistir de ello "habría sido un suicidio". Pero lo que hay que preguntarse es dónde lo han visto claro, o en qué universo de supuestos, en qué estructura de la sociedad humana, dejar de ejecutar la amenaza apareja el suicidio, la autonegación y autoaniquilación del amenazador, o aun qué clase de autoaniquilación puede ser ésa. Dicho de otra manera, ¿cuánto de una determinada configuración del mundo se da por supuesto y se acepta al ver claro y reconocer como evidente que si Estados Unidos y la OTAN no hubiesen ejecutado contra Milosevix y sobre Serbia la amenaza de bombardear habría sido un suicidio para ellos? O, finalmente, ¿qué figura de sujeto humano es la que pierde la libertad hasta el extremo mortal de no poder dejar de ejecutar la amenaza prospectada cuando el amenazado se niega al cumplimiento de la condición?

La pregunta en que se expresa la incertidumbre y la ambigüedad de la libertad humana está en hasta qué punto el yo, ese bandido con trabuco, se niega a saber que aun después de no doblegarse el amenazado, él sigue siendo responsable, en cuanto libre de ejecutar la amenaza o desistir de ello, o hasta qué punto, en cambio, ha dejado realmente de ser libre al extremo de no poder optar por el desistimiento. Por lo pronto, lo que enseguida se muestra claramente es que, si fuese libre de elegir y renunciase a ejecutar la amenaza a pesar de la negativa del amenazado, lo primero que entonces perdería no es sino su naturaleza de bandido: el bandido moriría, se habría suicidado en cuanto tal o tal vez, si es que quiere mirarse de este modo, habría caído asesinado por un hombre libre que estaba escondido tras el pañuelo con que los salteadores de caminos suelen taparse la cara hasta los pómulos. El punto decisivo estaría entonces en la fuerza de convicción con que se encarne un papel y se lleve un disfraz determinado, o sea, en el grado de constricción con que el rol de bandido se imponga a la voluntad del actor que lo representa, ora con que el rol de bandido se imponga a la voluntad del actor que lo representa, ora aherrojando su libertad como una férula de hierro, ora envolviéndola, en cambio, con gasas malamente amañadas, cuya fuerza opresora suscite la desconfianza y la ironía del que las lleva: una reserva mental que pende como una constante amenaza de desenmascaramiento y por tanto de muerte moral sobre el bandido en cuanto tal. Pero en un yo colectivo, como es una nación, la fuerza de convicción de la ficción que se encarna, la identificación con el papel representado —eso que llaman "identidad nacional"—, multiplica exponencialmente la constricción y la pérdida de la libertad. En una gran potencia como Estados Unidos y una institución internacional como la OTAN, con millones de adscripticios de la gleba de esa aplastante autoridad histórica, armada de un trabuco que es toda una panoplia de imponente poder destructivo y un arsenal sin fondo, la proyección de la responsabilidad no puede responder sino al íntimo reconocimiento de la pérdida de cualquier último residuo de libertad, de una impotencia absolutamente insuperable, una vez proferida la amenaza, claro está, para dejar de ejecutarla.

La abyección que comporta una declaración como la de "Milosevic es el único responsable de lo que le pase a Serbia" consiste en inscribirse en una artificiosa construcción ideológica organizada ad hoc para poder rendir acatamiento a las constricciones de la Historia y encarnarlas con sus horribles consecuencias y al mismo tiempo pretender la propia inmunidad moral y aun arrogarse un acto de justicia y de virtud —más meritorio por ser de "dolorosa virtud"— y, en fin, salvar el alma. Max Weber, por lo menos, habría dicho: "Si crees que tienes que hacerlo, hazlo, pero entonces asume una responsabilidad que no puede ser de nadie más que tuya y carga con la culpa, porque la guerra es culpa". Lo abyecto está en la pretensión de ester enunciando una situación moral y racional, y, por lo tanto, una relación entre hombres, cuando en verdad sólo se describe una ciega y automática coordinación de causa-efecto, y, por lo tanto, una pura conexión mecánica entre cosas, como la que en el resorte del trabuco conecta el movimiento del gatillo con el saltar del percutor. Entre el amenazador y el amenazado en cuanto tales la relación humana se ha cosificado, ha perdido cualquier posible significación moral y racional, no sólo porque se ha puesto fuera de toda libertad humana, sino también porque va empujando cada vez más lejos toda posible libertad. Tan sólo Hannah Arendt ha acertado a sentir y a señalar, a partir de la lectura de El proceso de Franz Kafka y en relación con las instituciones de justicia, lo que tiene de aterradora la irreductibilidad de una necesidad fijada por el hombre.

¿Quién es el que se habría suicidado? O, inversamente, ¿en qué universo y para qué sujeto era verdad que Milosevic sería el único responsable de lo que "le pasara a Serbia"? El ente despojado de toda libertad de ese universo, el sujeto aherrojado por la férula de semejante lógica implacable no es otro que "el hombre histórico". El hombre histórico es un producto de la guerra y no puede hacer que la guerra y la Historia sean como él quiera. "Pero es el único que hay", se me dirá; lo cual parece, en efecto, ser cada día más desesperadamente cierto, pero tal vez todavía no tan totalmente cierto como para aceptar que sea también el único que podría haber.

 

De La hija de la guerra y la madre de la patria, 2002

 

 

martes, 26 de mayo de 2026

Culpable defensa

 

Culpable defensa

Casos (seguramente más frecuentes de lo admitido, todo tiene su parte de cortina de humo) de soldados americanos que van matando civiles indiscriminadamente en Irak (como sus colegas de los misiles, vamos). Ya va llegando la cosa a juicio y a admisión pública; lo cuenta el New York Times. Muchos lo han contado antes, cómo a veces le disparaban a cualquiera que se moviese. Por moro, supongo.

Bueno, pues hoy Bush y Blair se reúnen de nuevo (sin Aznar, pastor de burros) a decir que hicieron bien en emprender la guerra de agresión ilegalmente, a pesar de algunos pequeños fallos (Abu Ghraib, Guantánamo  ay, no, que Guantánamo no está entre los defectillos; aunque hoy estrenan aquí la película de Michael Winterbottom, igual la debía ver Bush).

Y es que claro, la intención era buena, las órdenes eran las correctas, lo que pasa es que a nuestros hombres a veces se les va la mano, ya sabe usted...

Este razonamiento lo describía muy bien Shakespeare, cuando muestra a su rey trepa e imperialista eficaz, Enrique Quinto, amedrentando a los franceses de Harfleur, ciudad a la que tiene sitiada tras haber emprendido una guerra ilegal de agresión contra ese país. Enrique, por cierto, también está "restaurando la legitimidad" del gobierno de un pueblo al que "ama":

 

REY ENRIQUE: ¿Que decide el Gobernador de la ciudad?

Esta es la última vez que parlamentamos.

Así que entregaos a nuestra mejor merced,

O como hombres orgullosos de la destrucción

Desafiadnos a lo peor. Porque como soldado que soy,

Nombre que a mi entender es el que mejor me cuadra,

Si empiezo el asalto una vez más

No dejaré a Harfleur a medio conquistar

Hasta que yazca enterrada en sus cenizas.

Las puertas de la piedad se cerrarán del todo,

Y el recio soldado, áspero y duro de corazón,

Con mano libre y sangrienta irá suelto

Con su conciencia amplia como el infierno, segando como hierba

A vuestras tiernas vírgenes hermosas y a la flor de vuestra infancia.

¿Qué más me da a mí si la guerra impía

Ataviada de llamas como el príncipe del mal

Hace, con el rostro tiznado, todas las acciones inhumanas

Que en cadena traen la desolación y la devastación?

¿Y a mí qué más me da, puesto que vosotros mismos sois la causa,

Si vuestras puras doncellas caen en mano

De violación ardiente y forzadora?

¿Qué rienda puede sujetar a la maldad desmandada

Cuando emprende una feroz carrera cuesta abajo?

Igual de inútil sería malgastar nuestras vanas órdenes

En los soldados fuera de sí con el botín

Como darle instrucciones al leviatán

De que viniera a la orilla. Así que, hombres de Harfleur,

Apiadaos de vuestra ciudad y de vuestras gentes

Mientras mis soldados aún están bajo mis órdenes,

Mientras la brisa fresca y templada de la misericordia

Puede alejar las nubes sucias y pestilentes,

La borrachera de asesinatos, saqueos y villanías.

Si no - pues, en un momento, esperad ver

Al ciego soldado cubierto de sangre, con mano inmunda

Mancillar la cabellara de vuestras hijas que chillan,

Ver cómo a vuestros padres, agarrados por sus barbas plateadas,

Les rompen las reverendas cabezas de golpe contra los muros,

Ver a vuestros niños desnudos ensartados en picas,

Mientras las madres enloquecidas con sus aullidos desconcertados

Rompen las nubes, como las esposas de los judíos

Ante los matarifes de Herodes que venían a la caza sangrienta.

¿Qué decís? ¿Queréis rendiros, y evitar esto?

¿O, con culpable defensa, ser destruidos así?

 

            (Henry V, III.3)

 

Enriques Quintos y la guerra de agresión

lunes, 19 de enero de 2026

Enriques Quintos y la guerra de agresión

 Retropost, 2006:

Enriques Quintos y la guerra de agresión

Enriques Quintos y la guerra de agresión

Me llega por fin el libro Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship, editado por Mireia Aragay (Amsterdam y Nueva York: Rodopi, 2005) , en el que aparece un capítulo mío sobre las adaptaciones cinematográficas de Enrique V de Shakespeare, "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V". Traduzco el abstract:

Este capítulo enfoca la adaptación desde una perspectiva hermenéutica, específicamente una hermenéutica post-estructuralista del discurso, informada por el interaccionalismo simbólico. La relación intertextual entre un producto cultural (por ejemplo una obra teatral) y su adaptación o adaptaciones a la pantalla se analiza como una intervención realizativa sobre una formación discursiva preexistente, que incluye tanto el producto o texto original como los discursos que lo usan, se originan en él, derivan de él o lo rodean. Esta intervención es tanto una interpretación como una apropiación del texto original. Como otras modalidades intertextuales (traducciones, lecturas críticas) , las adaptaciones producen una transformación retroactiva del original, no en sí mismo, sino más bien en tanto que es usado y comprendido en contextos específicos de interacción comunicativa. Estas cuestiones teóricas se exploran con atención especial a las adaptaciones cinematográficas shakespeareanas, en concreto las principales películas sobre Henry V, la de Laurence Olivier (1944) y la de Kenneth Branagh (1989) y el tratamiento que dan a la violencia y la guerra en contextos diversos. Se propone una perspectiva "resistente" sobre las adaptaciones shakespeareanas.

Y éste es el final del artículo:

Quizá sea una lástima que la dinámica del patriotismo agresivo parece ser un arma de dos filos, y que en ausencia de un Hitler que corresponda al Pétain encarnado por el rey francés [en la película Henry V de Laurence Olivier], Henry resulte encarnar hasta cierto punto tanto la justicia agresiva de los Aliados como la locura agresiva de los nazis — una lectura de la obra que ciertamente no sería en modo alguno apreciada por Olivier.

Tras una escena tipo "Kiss me Kate" que extrae cierta energía intertextual de La fierecilla domada del propio Shakespeare, un Henry muy pagado de sí se dirige a la princesa Catherine, personificación de la Francia conquistada, como sigue: "Te diré en voz alta, ’Inglaterra es tuya, Irlanda es tuya, Francia es tuya (...)". La alusión a Irlanda entre Francia e Inglaterra es reveladora. El paralelo simbólico de Henry para el propio Shakespeare era el conde de Essex, objeto de una rara alusión a la política contempránea por parte de Shakespeare. A Essex, a quien la obra imagina "volviendo de Irlanda, / trayendo a la Rebelíón ensartada en su espada" (5.0), le pararon los pies los rebeldes irlandeses poco después de la representación de la obra de Shakespeare — sería el primer paso en el camino de Essex hacia el cadalso, an unworthier scaffold. No es sorprendente que tanto el Quarto de Henry V publicado en 1600 como la película de Olivier (y, quizá con más razón, la de Kenneth Branagh, irlandés de origen) evitan cualquier alusión a Essex o a los rebeldes irlandeses — aunque estos elementos problemáticos de la obra de Shakespeare habrían de ser, precisamente, los que atrajesen la atención de una adaptación que quisiese entrar a tratar con la obra a fondo, en lugar de esterilizarla, o de utilizarla para preparar papillas patrióticas.

Un análisis de las reacciones críticas subsiguientes a Henry V no debe perder de vista ni los contextos de producción originales de la obra y de las películas, ni tampoco el contexto actual de la discusión crítica, que una vez más no permite que la cuestión de la guerra de agresión se pase por alto. Testimonio da de eso, en el caso presente, que mientras este volumen estaba en preparación, tanto Gran Bretaña como España estaban apoyando activamente una política estadounidense de guerra agresiva e invasión, con final abierto, contra "el enemigo invisible", una guerra que naturalmente arrastra consigo su buena medida de tinta de calamar retórica, manipulaciones de los hechos, e intereses inmencionables. El giro que se ha producido este año [2004] hacia un orden internacional basado en el poder y su derecho a la agresión, en lugar del derecho a no sufrir agresión, es notable; quizá lo sea aún más en los países en los que ya ha costado muchas vidas. Y es una cuestión que no se puede ignorar, pues es el trasfondo de cualquier contexto en el que podamos decidir hoy qué estamos tratando.

Un enfoque crítico que sea consciente del tratamiento que dan a la ideología de la violencia los iconos culturales (o, lo que es lo mismo, un enfoque crítico que quiera llamar la atención sobre esta cuestión) tomará nota de los énfasis ideológicos, las omisiones y las elecciones que emergen en la dinámica intertextual e interaccional de la producción de significado, ya sea a través de la adaptación o a través de las lecturas críticas. Los énfasis, omisiones, y elecciones ideológicas de nuestra propia perspectiva emergen para otros, y a otros corresponde el señalarlos. Terminaré adaptando la frase de T. S. Eliot, sosteniendo que el destino de toda apropriación es ser apropiada de nuevo. O, por decirlo de otra manera: nunca te fíes del narrador, fíate de la historia. Pero no de la historia que te han contado: fíate de la historia completa.

 

 

7 comentarios

María Teresa Martínez -

José: Estoy haciendo un posgrado y deseo si es posible me envíes por este medio el capítulo del que aparece el abstract - en castellano - Soy Argentina y es obvio que les tengo asco al inglés - Muchas Gracias

José Angel -

Je, acabo de caer en la cuenta de que tienes que sufrir lo tuyo, Magda, con el Spanglish que produzco a veces. Pero mira el lado bueno, es también una masacre del inglés (aparte de la más evidente masacre del español).

JoseAngel -

Nada, Magda, tú piensa que es el idioma de Oscar Wilde, por ejemplo, o de Joyce... Gracias, y no dudes que si produzco algo digno de ser leído te lo paso, un abrazo.

Magda -

Pues cuando tengas sobre estos temas en español me encantaría leerlos. Debo confesarte que le tengo mucho rechazo al inglés (paranoias, quizá ;) ).

Magda -

Pues cuando tengas sobre estos temas en español me encantaría leerlos. Debo confesarte que le tengo mucho rechazo al inglés (paranoias, quizá ;) ).

Saludos, José Ángel.

JoseAngel -

Gracias, Magda. Lo cierto es que tengo una especie de síndrome Doctor Jekyll y Mister Hyde con esto de los idiomas, muy rara vez me traduzco algo de un idioma a otro. Je, no tengo paciencia, me entran ganas de cambiar cosas conforme traduzco...

Magda -

¡Que bien, José Ángel! ¿no lo has publicado en español?

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