La prehistoria en Papúa-Nueva Guinea, en 1961, el año prehistórico en que nací...
"Una cultura donde la guerra no destruía el mundo, sino que en cierta medida ayudaba a darle sentido."
Ocurren cosas interesantes cuando viajas a lugares extraños, duros o incluso peligrosos, cuando te enfrentas a la incertidumbre y a esa sensación de no pertenecer. Allí, igual que en la vida, debes permanecer despierto y hacerte amigo del miedo.
— JOSE GEFAELL (@ChGefaell) April 26, 2026
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Ocurren
cosas interesantes cuando viajas a lugares extraños, duros o incluso
peligrosos, cuando te enfrentas a la incertidumbre y a esa sensación de
no pertenecer. Allí, igual que en la vida, debes permanecer despierto y
hacerte amigo del miedo.
En los años 90 viajé dos veces a Papúa Nueva Guinea, un destino lejano y
salvaje donde la comodidad no existía ni la buscaba. En ambos viajes
fui primero a las Tierras Altas y después a las costas del Archipiélago
Bismarck, para observar las aves del paraíso, conocer su majestuosa
naturaleza, la cultura de sus tribus y bucear en los atolones de coral
más impresionantes que he visto.
He recordado esos viajes al ver el documental etnográfico titulado Dead Birds (Pájaros
muertos), filmado por el antropólogo Robert Gardner en 1961 durante la
Expedición Harvard-Peabody en las tierras altas de Nueva Guinea
Occidental.
El vídeo que acompaña este post es un fragmento de ese documental.
Muestra una batalla en el Valle del río Baliem entre dos pueblos de la
etnia Dani, que en 1961 todavía mantenían una cultura neolítica con
herramientas de piedra, aldeas organizadas por clanes y un sistema muy
elaborado de guerra ritual. La batalla que se ve forma parte de sus
guerras ritualizadas y cíclicas entre dos confederaciones: los
Wiligima-Alula y los Wita Waya.
El motivo principal de esas batallas no era una conquista territorial
puntual ni la aniquilación del enemigo, sino un ciclo perpetuo de
venganza por muertes ocurridas años atrás, incluso décadas: cada muerte
del pasado generaba una “deuda de sangre” que había que vengar.
Esas guerras servían para equilibrar el honor tribal, demostrar valentía
masculina y fortalecer el espíritu de grupo. También había disputas
secundarias por robos (por ejemplo, robos de cerdos, el principal
símbolo de riqueza y estatus en las tribus de Papúa Nueva Guinea).
Las batallas seguían reglas casi formales: se peleaba en campo abierto,
de día, con flechas y lanzas. Se detenían si llovía o anochecía. La
mortalidad era muy baja (aunque real). No era una guerra total, sino
algo más parecido a un teatro de la identidad: un escenario donde los
hombres probaban su coraje y la comunidad reafirmaba sus valores.
El título del documental viene de los trofeos tomados al enemigo —
tocados y coronas decorados con plumas de aves muy bellas. Aves exóticas
muertas como símbolo de victoria, de estatus, de memoria.
En resumen, lo que se ve no es una guerra “por un territorio”, sino
parte de una cultura ritual en la que la guerra, cíclica y teatral,
conformaba la vida y la cosmovisión de los pueblos Dani. Definía el
estatus, la identidad y hasta la forma en que entendían la muerte.
Mostraba los valores fuertes de sus sociedades: el sentimiento de
pertenencia y el cuidado de los suyos, de su historia y de sus
antepasados.
Una cultura donde la guerra no destruía el mundo, sino que en cierta
medida ayudaba a darle sentido.

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