Un interesante podcast sobre uno de mis artículos: en este caso un capítulo del libro Books in Motion, un libro sobre adaptaciones cinematográficas. Capítulo sobre intertextualidad interaccional, sobre la ideología de las adaptaciones cinematográficas, y sobre Enrique V de Shakespeare. En inglés están tanto el libro original como este podcast que (me dicen) genera automáticamente una inteligencia artificial —que en este caso es realmente inteligente.
_____. "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V." AI podcast on José Angel García Landa's paper. Academia 28 Jan. 2026.*
https://www.academia.edu/178881/
2026
Todo ello aderezado con un poquito de hermenéutica y de crítica, como suele ser el caso. Muchos años me pasé enseñando Shakespeare, y alguna cosilla escribí también sobre él. Más debería, aunque los estantes ya están fatigados, y un servidor también...
—y el público no digamos.
Por cierto, el libro éste de las adaptaciones apareció impreso en Rodopi hace veinte años, pero por lo que veo hay ahora una edición electrónica del mismo en De Gruyter-Brill (Berlín y Leiden):
Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship. Ed. Mireia Aragay. (Contemporary Cinema, 2). Amsterdam and New York: Rodopi, 2005. (mi capítulo, pp. 181-99).
http://www.rodopi.nl/functions/search.asp?BookId=COCI+2
Online PDF:
http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/publicaciones/Adaptation.pdf
2005
http://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/Adaptation.pdf
2019
eBook edition: Leiden: Brill, 2005.*
https://doi.org/10.1163/9789401202756_013
https://brill.com/display/book/9789401202756/B9789401202756_s013.xml
https://www.degruyterbrill.com/document/isbn/9789401202756/html
Bibliografía sobre el fervorín pandémico del CORONAVIRUS: https://vanityfea.blogspot.com/2021/12/coronaviruscovid-19-pandemic-scare.html
Un episodio de LAS CHICAS DE LA ACADEMIA, de José Solana:
16- El jardín de los remedios
A la mañana siguiente, Cloe se dirigió al dispensario como de costumb4re, mientras Fanóstrata se quedó en casa para iniciar el tratamiento de Axiotea.
—Has dejado tu ropa de varón.
—Sí, mi mortaja. Mientras esté aquí volveré a ser mujer, después ya veremos.
—¿Y qué hay de la regla? Algo me ha dicho Ártemis.
—Llevo ya dos faltas, y no conozco varón.
—Es un trastorno frecuente, sobre todo si has tenido algún disgusto, que a la vista está. Cuéntame qué síntomas sientes.
—Todo ha empezado con el disfraz. Al principio, estaba encantada, aprendía mucho en la Academia, conversaba, participaba en los debates. Lo ideamos todo para que nos admitieran. El problema es que con el paso del tiempo el disfraz se ha convertido en la realidad. Yo hago de varón, con el estatus de varón, voy a las conferencias, a los debates, a las lecturas y Lastenia hace de sumisa esposa, y menos mal que ahora trabaja de copista, que es algo más cercano al saber y a la filosofía, pues copia libros de Platón, pero no deja de ser la mujer en un mundo de hombres, vamos, como una sirvienta. Eso me duele, y a ella, también. Así empezó.(...)
Sigo publicando pasito a pasito una bibliografía diaria en mi Blog Bibliográfico. La de hoy versa sobre DEMENCIA COLECTIVA, o sea...
—COLLECTIVE LUNACY, DELIRIUM, OR MADNESS https://bibliojagl.blogspot.com/2026/01/demencia-colectiva.html
Se me vienen a la cabeza casos recientes e incluso recientísimos y futuros. Por ser agorero.
Retropost, 2006:
Me llega por fin el libro Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship,
editado por Mireia Aragay (Amsterdam y Nueva York: Rodopi, 2005) , en
el que aparece un capítulo mío sobre las adaptaciones cinematográficas
de Enrique V de Shakespeare, "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V". Traduzco el abstract:
Este
capítulo enfoca la adaptación desde una perspectiva hermenéutica,
específicamente una hermenéutica post-estructuralista del discurso,
informada por el interaccionalismo simbólico. La relación intertextual
entre un producto cultural (por ejemplo una obra teatral) y su
adaptación o adaptaciones a la pantalla se analiza como una intervención
realizativa sobre una formación discursiva preexistente, que incluye
tanto el producto o texto original como los discursos que lo usan, se
originan en él, derivan de él o lo rodean. Esta intervención es tanto
una interpretación como una apropiación del texto original. Como otras
modalidades intertextuales (traducciones, lecturas críticas) , las
adaptaciones producen una transformación retroactiva del original, no en
sí mismo, sino más bien en tanto que es usado y comprendido en
contextos específicos de interacción comunicativa. Estas cuestiones
teóricas se exploran con atención especial a las adaptaciones
cinematográficas shakespeareanas, en concreto las principales películas
sobre Henry V, la de Laurence Olivier (1944) y la de Kenneth
Branagh (1989) y el tratamiento que dan a la violencia y la guerra en
contextos diversos. Se propone una perspectiva "resistente" sobre las
adaptaciones shakespeareanas.
Y éste es el final del artículo:
Quizá
sea una lástima que la dinámica del patriotismo agresivo parece ser un
arma de dos filos, y que en ausencia de un Hitler que corresponda al
Pétain encarnado por el rey francés [en la película Henry V de
Laurence Olivier], Henry resulte encarnar hasta cierto punto tanto la
justicia agresiva de los Aliados como la locura agresiva de los nazis —
una lectura de la obra que ciertamente no sería en modo alguno apreciada
por Olivier.
Tras una escena tipo "Kiss me Kate" que extrae cierta energía intertextual de La fierecilla domada
del propio Shakespeare, un Henry muy pagado de sí se dirige a la
princesa Catherine, personificación de la Francia conquistada, como
sigue: "Te diré en voz alta, ’Inglaterra es tuya, Irlanda es tuya,
Francia es tuya (...)". La alusión a Irlanda entre Francia e Inglaterra
es reveladora. El paralelo simbólico de Henry para el propio Shakespeare
era el conde de Essex, objeto de una rara alusión a la política
contempránea por parte de Shakespeare. A Essex, a quien la obra imagina
"volviendo de Irlanda, / trayendo a la Rebelíón ensartada en su espada"
(5.0), le pararon los pies los rebeldes irlandeses poco después de la
representación de la obra de Shakespeare — sería el primer paso en el
camino de Essex hacia el cadalso, an unworthier scaffold. No es sorprendente que tanto el Quarto de Henry V
publicado en 1600 como la película de Olivier (y, quizá con más razón,
la de Kenneth Branagh, irlandés de origen) evitan cualquier alusión a
Essex o a los rebeldes irlandeses — aunque estos elementos problemáticos
de la obra de Shakespeare habrían de ser, precisamente, los que
atrajesen la atención de una adaptación que quisiese entrar a tratar con
la obra a fondo, en lugar de esterilizarla, o de utilizarla para
preparar papillas patrióticas.
Un análisis de las reacciones críticas subsiguientes a Henry V
no debe perder de vista ni los contextos de producción originales de la
obra y de las películas, ni tampoco el contexto actual de la discusión
crítica, que una vez más no permite que la cuestión de la guerra de
agresión se pase por alto. Testimonio da de eso, en el caso presente,
que mientras este volumen estaba en preparación, tanto Gran Bretaña como
España estaban apoyando activamente una política estadounidense de
guerra agresiva e invasión, con final abierto, contra "el enemigo
invisible", una guerra que naturalmente arrastra consigo su buena medida
de tinta de calamar retórica, manipulaciones de los hechos, e intereses
inmencionables. El giro que se ha producido este año [2004] hacia un
orden internacional basado en el poder y su derecho a la agresión, en
lugar del derecho a no sufrir agresión, es notable; quizá lo sea aún más
en los países en los que ya ha costado muchas vidas. Y es una cuestión
que no se puede ignorar, pues es el trasfondo de cualquier contexto en
el que podamos decidir hoy qué estamos tratando.
Un enfoque
crítico que sea consciente del tratamiento que dan a la ideología de la
violencia los iconos culturales (o, lo que es lo mismo, un enfoque
crítico que quiera llamar la atención sobre esta cuestión) tomará nota
de los énfasis ideológicos, las omisiones y las elecciones que emergen
en la dinámica intertextual e interaccional de la producción de
significado, ya sea a través de la adaptación o a través de las lecturas
críticas. Los énfasis, omisiones, y elecciones ideológicas de nuestra
propia perspectiva emergen para otros, y a otros corresponde el
señalarlos. Terminaré adaptando la frase de T. S. Eliot, sosteniendo que
el destino de toda apropriación es ser apropiada de nuevo. O, por
decirlo de otra manera: nunca te fíes del narrador, fíate de la
historia. Pero no de la historia que te han contado: fíate de la historia completa.
María Teresa Martínez -
José Angel -
JoseAngel -
Magda -
Magda -
JoseAngel -
Magda -
By acting, we make it real. Nuevo podcast hecho por la Inteligencia Artificial (¿cuál? ¿Academia? ¿"Richard Price"?) sobre uno de mis artículos.
Academia. "Goffman: La realidad como expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad (Goffman: Reality as self-fulfilling expectation and the theatre of interiority." AI podcast on José Angel García Landa's paper. Academia 15 Jan. 2026.*
http://www.academia.edu/168011/
2026
Según Charles Dickens, Un viajante, y no de comercio —cap. XII.
El viajante vuelve a su ciudad natal y ve que todo es y no es lo que era, y que el tendero de siempre no lo recuerda siquiera.
Ya me había alejado de él algunos centenares de metros, con lo que había también mejorado mi humor, cuando pensé para mis adentros: "¡He ahí la diferencia entre marcharse de un lugar y seguir viviendo en él!" Y no tenia derecho, pensé, a irritarme con el verdulero por su falta de interés. Yo no era nada para él; él, en cambio, era para mí la ciudad, la catedral, el puente, el río, mi niñez y una gran rebanada de mi vida.
Desde luego, la ciudad se había empequeñecido de una manera espantosa desde que viví en ella siendo niño. Yo llevaba en mi memoria la impresión de que la calle Mayor era por lo menos tan ancha como la Regent Street, de Londres, o el Bulevar de los Italianos, en París. Ahora me pareció poco mejor que una callejuela. Había en ella un reloj público que yo me imaginaba como el más elegante de todos los del mundo: pero ahora lo encontré inexpresivo, descolorido, y el más apagado de cuantos relojes había visto. Pertenecía ese reloj a la Casa Consistorial, en la que vi en cierta ocasión cómo un indio (que ahora supongo no era tal indio) se tragó una espada (que también supongo ahora que no se tragó). En los tiempos aquellos el edificio de la Casa Consistorial me parecía a mí de una construcción tan magnífica, que lo había señalado mentalmente como el modelo que el genio de la lámpara eligió para edificar el palacio de Aladino. ¡Y ahora me resultaba un ruin montoncito de ladrillos, parecido a una capilla que se hubiese vuelto loca, y en el que se veían unas cuantas personas provistas de polainas de cuero, que no hacían otra cosa que bostezar, rabiando por tener algo en qué ocuparse, mientras pasaban el tiempo con las manos metidas en los bolsillos a la puerta del edificio, que se daba el postíen de calificarse como bolsa del maíz!
Después de preguntárselo a un pescadero que exhibía en su escaparate, de una manera compendiosa, la mercancía consistente en un lenguado y un cuarto de libra de camarones, me enteré de que aún existía el teatro, y decidí reconfortar mi alma haciéndole una visita. Allí fue donde por vez primera se me apareció Ricardo III, envuelto en incómoda capa, haciendo que el corazón me dise un vuelco de terror y me obligase a retroceder hasta apoyarme en el palco proscenio donde presenciaba en pie la representación, mientras él peleaba a vida o muerte contra el virtuoso Richmond. dentro de aquellas paredes fue donde aprendí, como si estuviese leyendo una página de la historia de Inglaterra, de qué manera aquel rey malvado dormía en tiempo de guerra tumbado en un sofá demasiado pequeño para él y de qué manera más terrible la conciencia turbaba sus botas. Fue allí también donde vi por vez primera al curioso campesino de nobles principios, que lucía un florido chaleco, estrujar su sombrero, tirarlo a tierra, quitarse la levita y decir: "Maldito seáis, caballero; luchemos, pues, con nuestros puños!" Al oír lo cual la encantadora joven que iba con él (y que salía a escena hecha un pimpollo con un estrecho delantalito de muselina blanca cruzado por cinco hermosas tiras de cintas de cinco diferentes colores) sufrió tal miedo por lo que pudiera ocurrirle a su campesino, que se desmayó.
En aquel santuario me había enterado yo de muchos maravillosos secretos de la Naturaleza: no era el menos terrorífico de esos secretos el de que las brujas de Macbeth tenían un asombroso parecido con los jefes de clan y otros auténticos habitantes de Escocia, y el de que el buen rey Duncan no podía descansar en su tumba y salía constantemente de ella, llamándose a sí mismo por el nombre de otra persona.
Fui, pues, al teatro en busca de consuelo; pero el que conseguí fue muy pequeño, porque el teatro se encontraba en estado lamentable y en vías de ruina. Un comerciante en vinos y cerveza embotellada había metido ya a la fuerza su negocio dentro de lo que había sido taquilla, y el dinero se recogía—en las ocasiones en que se recogía dinero—dentro de una especie de fresquera que había en el pasillo de entrada. El comerciante de vinos y cerveza embotellada se había infiltrado seguramente también debajo del escenario, porque le oí decir que tenía varias clases de bebidas alcohólicas "entre la madera" y no había sitio alguno en qué almacenar ésta, como no fuese debajo del escenario (aunque quizá se refería a que tenía bebidas envasadas en barrilles de madera). Era evidente que aquel hombre se estaba comiendo poso a poco el teatro hasta el tuétano, y que no tardaría en convertirse en su único poseedor.
El teatro estaba, según anunciaba un rótulo, para alquilar, aunque sin esperanza para sus antiguas finalidades; desde hacía mucho tiempo no se había dado dentro de sus muros representación alguna, fuera de un panorama, y hasta éste lo habían anunciado como agradablemente instructivo, y sé demasiado bien el significado fatal y el alcance plomizo de esta clase de terribles expresiones. No, en aquel teatro no había consuelo para mí. Había desaparecido misteriosamente lo mismo que mi juventud. A diferencia de esa última, quizá aquél volviese algún día, aunque las esperanzas eran muy pequeñas.
Retropost, 2006;
Review of Nicholas Ray's Tragedy and Otherness: https://www.academia.edu/1267607/