lunes, 19 de enero de 2026

Guasa de Mascarilla Satírica y Autocrítica

Es lamentable que seis años después aún se ve en no pocos establecimientos el maldito cartel que colgaron cuando la plaga mental de las Mascarillas. En principio es una irresponsable carencia de neuronas lo que lo explica, pero hay casos más dudosos o complejos, como en esta cartelería gallega...

Guasa de Mascarilla Satírica y Autocrítica

Enriques Quintos y la guerra de agresión

 Retropost, 2006:

Enriques Quintos y la guerra de agresión

Enriques Quintos y la guerra de agresión

Me llega por fin el libro Books in Motion: Adaptation, Intertextuality, Authorship, editado por Mireia Aragay (Amsterdam y Nueva York: Rodopi, 2005) , en el que aparece un capítulo mío sobre las adaptaciones cinematográficas de Enrique V de Shakespeare, "Adaptation, Appropriation, Retroaction: Symbolic Interaction with Henry V". Traduzco el abstract:

Este capítulo enfoca la adaptación desde una perspectiva hermenéutica, específicamente una hermenéutica post-estructuralista del discurso, informada por el interaccionalismo simbólico. La relación intertextual entre un producto cultural (por ejemplo una obra teatral) y su adaptación o adaptaciones a la pantalla se analiza como una intervención realizativa sobre una formación discursiva preexistente, que incluye tanto el producto o texto original como los discursos que lo usan, se originan en él, derivan de él o lo rodean. Esta intervención es tanto una interpretación como una apropiación del texto original. Como otras modalidades intertextuales (traducciones, lecturas críticas) , las adaptaciones producen una transformación retroactiva del original, no en sí mismo, sino más bien en tanto que es usado y comprendido en contextos específicos de interacción comunicativa. Estas cuestiones teóricas se exploran con atención especial a las adaptaciones cinematográficas shakespeareanas, en concreto las principales películas sobre Henry V, la de Laurence Olivier (1944) y la de Kenneth Branagh (1989) y el tratamiento que dan a la violencia y la guerra en contextos diversos. Se propone una perspectiva "resistente" sobre las adaptaciones shakespeareanas.

Y éste es el final del artículo:

Quizá sea una lástima que la dinámica del patriotismo agresivo parece ser un arma de dos filos, y que en ausencia de un Hitler que corresponda al Pétain encarnado por el rey francés [en la película Henry V de Laurence Olivier], Henry resulte encarnar hasta cierto punto tanto la justicia agresiva de los Aliados como la locura agresiva de los nazis — una lectura de la obra que ciertamente no sería en modo alguno apreciada por Olivier.

Tras una escena tipo "Kiss me Kate" que extrae cierta energía intertextual de La fierecilla domada del propio Shakespeare, un Henry muy pagado de sí se dirige a la princesa Catherine, personificación de la Francia conquistada, como sigue: "Te diré en voz alta, ’Inglaterra es tuya, Irlanda es tuya, Francia es tuya (...)". La alusión a Irlanda entre Francia e Inglaterra es reveladora. El paralelo simbólico de Henry para el propio Shakespeare era el conde de Essex, objeto de una rara alusión a la política contempránea por parte de Shakespeare. A Essex, a quien la obra imagina "volviendo de Irlanda, / trayendo a la Rebelíón ensartada en su espada" (5.0), le pararon los pies los rebeldes irlandeses poco después de la representación de la obra de Shakespeare — sería el primer paso en el camino de Essex hacia el cadalso, an unworthier scaffold. No es sorprendente que tanto el Quarto de Henry V publicado en 1600 como la película de Olivier (y, quizá con más razón, la de Kenneth Branagh, irlandés de origen) evitan cualquier alusión a Essex o a los rebeldes irlandeses — aunque estos elementos problemáticos de la obra de Shakespeare habrían de ser, precisamente, los que atrajesen la atención de una adaptación que quisiese entrar a tratar con la obra a fondo, en lugar de esterilizarla, o de utilizarla para preparar papillas patrióticas.

Un análisis de las reacciones críticas subsiguientes a Henry V no debe perder de vista ni los contextos de producción originales de la obra y de las películas, ni tampoco el contexto actual de la discusión crítica, que una vez más no permite que la cuestión de la guerra de agresión se pase por alto. Testimonio da de eso, en el caso presente, que mientras este volumen estaba en preparación, tanto Gran Bretaña como España estaban apoyando activamente una política estadounidense de guerra agresiva e invasión, con final abierto, contra "el enemigo invisible", una guerra que naturalmente arrastra consigo su buena medida de tinta de calamar retórica, manipulaciones de los hechos, e intereses inmencionables. El giro que se ha producido este año [2004] hacia un orden internacional basado en el poder y su derecho a la agresión, en lugar del derecho a no sufrir agresión, es notable; quizá lo sea aún más en los países en los que ya ha costado muchas vidas. Y es una cuestión que no se puede ignorar, pues es el trasfondo de cualquier contexto en el que podamos decidir hoy qué estamos tratando.

Un enfoque crítico que sea consciente del tratamiento que dan a la ideología de la violencia los iconos culturales (o, lo que es lo mismo, un enfoque crítico que quiera llamar la atención sobre esta cuestión) tomará nota de los énfasis ideológicos, las omisiones y las elecciones que emergen en la dinámica intertextual e interaccional de la producción de significado, ya sea a través de la adaptación o a través de las lecturas críticas. Los énfasis, omisiones, y elecciones ideológicas de nuestra propia perspectiva emergen para otros, y a otros corresponde el señalarlos. Terminaré adaptando la frase de T. S. Eliot, sosteniendo que el destino de toda apropriación es ser apropiada de nuevo. O, por decirlo de otra manera: nunca te fíes del narrador, fíate de la historia. Pero no de la historia que te han contado: fíate de la historia completa.

 

 

7 comentarios

María Teresa Martínez -

José: Estoy haciendo un posgrado y deseo si es posible me envíes por este medio el capítulo del que aparece el abstract - en castellano - Soy Argentina y es obvio que les tengo asco al inglés - Muchas Gracias

José Angel -

Je, acabo de caer en la cuenta de que tienes que sufrir lo tuyo, Magda, con el Spanglish que produzco a veces. Pero mira el lado bueno, es también una masacre del inglés (aparte de la más evidente masacre del español).

JoseAngel -

Nada, Magda, tú piensa que es el idioma de Oscar Wilde, por ejemplo, o de Joyce... Gracias, y no dudes que si produzco algo digno de ser leído te lo paso, un abrazo.

Magda -

Pues cuando tengas sobre estos temas en español me encantaría leerlos. Debo confesarte que le tengo mucho rechazo al inglés (paranoias, quizá ;) ).

Magda -

Pues cuando tengas sobre estos temas en español me encantaría leerlos. Debo confesarte que le tengo mucho rechazo al inglés (paranoias, quizá ;) ).

Saludos, José Ángel.

JoseAngel -

Gracias, Magda. Lo cierto es que tengo una especie de síndrome Doctor Jekyll y Mister Hyde con esto de los idiomas, muy rara vez me traduzco algo de un idioma a otro. Je, no tengo paciencia, me entran ganas de cambiar cosas conforme traduzco...

Magda -

¡Que bien, José Ángel! ¿no lo has publicado en español?

jueves, 15 de enero de 2026

Erving Goffman: Reality as Self-fulfilling Expectation and the Theatre of Interiority

 By acting, we make it real. Nuevo podcast hecho por la Inteligencia Artificial (¿cuál? ¿Academia? ¿"Richard Price"?) sobre uno de mis artículos. 

Academia. "Goffman: La realidad como expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad (Goffman: Reality as self-fulfilling expectation and the theatre of interiority." AI podcast on José Angel García Landa's paper. Academia 15 Jan. 2026.*

http://www.academia.edu/168011/

2026



viernes, 9 de enero de 2026

TEATROESTACIÓN

 

TEATROESTACIÓN

Recuerdos del viejo teatro

Según Charles Dickens, Un viajante, y no de comercio —cap. XII. 

El viajante vuelve a su ciudad natal y ve que todo es y no es lo que era, y que el tendero de siempre no lo recuerda siquiera.

 

Ya me había alejado de él algunos centenares de metros, con lo que había también mejorado mi humor, cuando pensé para mis adentros: "¡He ahí la diferencia entre marcharse de un lugar y seguir viviendo en él!" Y no tenia derecho, pensé, a irritarme con el verdulero por su falta de interés. Yo no era nada para él; él, en cambio, era para mí la ciudad, la catedral, el puente, el río, mi niñez y una gran rebanada de mi vida.

Desde luego, la ciudad se había empequeñecido de una manera espantosa desde que viví en ella siendo niño. Yo llevaba en mi memoria la impresión de que la calle Mayor era por lo menos tan ancha como la Regent Street, de Londres, o el Bulevar de los Italianos, en París. Ahora me pareció poco mejor que una callejuela. Había en ella un reloj público que yo me imaginaba como el más elegante de todos los del mundo: pero ahora lo encontré inexpresivo, descolorido, y el más apagado de cuantos relojes había visto. Pertenecía ese reloj a la Casa Consistorial, en la que vi en cierta ocasión cómo un indio (que ahora supongo no era tal indio) se tragó una espada (que también supongo ahora que no se tragó). En los tiempos aquellos  el edificio de la Casa Consistorial me parecía a mí de una construcción tan magnífica, que lo había señalado mentalmente como el modelo que el genio de la lámpara eligió para edificar el palacio de Aladino. ¡Y ahora me resultaba un ruin montoncito de ladrillos, parecido a una capilla que se hubiese vuelto loca, y en el que se veían unas cuantas personas provistas de polainas de cuero, que no hacían otra cosa que bostezar, rabiando por tener algo en qué ocuparse, mientras pasaban el tiempo con las manos metidas en los bolsillos a la puerta del edificio, que se daba el postíen de calificarse como bolsa del maíz!

Después de preguntárselo a un pescadero que exhibía en su escaparate, de una manera compendiosa, la mercancía consistente en un lenguado y un cuarto de libra de camarones, me enteré de que aún existía el teatro, y decidí reconfortar mi alma haciéndole una visita. Allí fue donde por vez primera se me apareció Ricardo III, envuelto en incómoda capa, haciendo que el corazón me dise un vuelco de terror y me obligase a retroceder hasta apoyarme en el palco proscenio donde presenciaba en pie la representación, mientras él peleaba a vida o muerte contra el virtuoso Richmond. dentro de aquellas paredes fue donde aprendí, como si estuviese leyendo una página de la historia de Inglaterra, de qué manera aquel rey malvado dormía en tiempo de guerra tumbado en un sofá demasiado pequeño para él y de qué manera más terrible la conciencia turbaba sus botas. Fue allí también donde vi por vez primera al curioso campesino de nobles principios, que lucía un florido chaleco, estrujar su sombrero, tirarlo a tierra, quitarse la levita y decir: "Maldito seáis, caballero; luchemos, pues, con nuestros puños!" Al oír lo cual la encantadora joven que iba con él (y que salía a escena hecha un pimpollo con un estrecho delantalito de muselina blanca cruzado por cinco hermosas tiras de cintas de cinco diferentes colores) sufrió tal miedo por lo que pudiera ocurrirle a su campesino, que se desmayó.

En aquel santuario me había enterado yo de muchos maravillosos secretos de la Naturaleza: no era el menos terrorífico de esos secretos el de que las brujas de Macbeth tenían un asombroso parecido con los jefes de clan y otros auténticos habitantes de Escocia, y el de que el buen rey Duncan no podía descansar en su tumba y salía constantemente de ella, llamándose a sí mismo por el nombre de otra persona.

Fui, pues, al teatro en busca de consuelo; pero el que conseguí fue muy pequeño, porque el teatro se encontraba en estado lamentable y en vías de ruina. Un comerciante en vinos y cerveza embotellada había metido ya a la fuerza su negocio dentro de lo que había sido taquilla, y el dinero se recogía—en las ocasiones en que se recogía dinero—dentro de una especie de fresquera que había en el pasillo de entrada. El comerciante de vinos y cerveza embotellada se había infiltrado seguramente también debajo del escenario, porque le oí decir que tenía varias clases de bebidas alcohólicas "entre la madera" y no había sitio alguno en qué almacenar ésta, como no fuese debajo del escenario (aunque quizá se refería a que tenía bebidas envasadas en barrilles de madera). Era evidente que aquel hombre se estaba comiendo poso a poco el teatro hasta el tuétano, y que no tardaría en convertirse en su único poseedor.

El teatro estaba, según anunciaba un rótulo, para alquilar, aunque sin esperanza para sus antiguas finalidades; desde hacía mucho tiempo no se había dado dentro de sus muros representación alguna, fuera de un panorama, y hasta éste lo habían anunciado como agradablemente instructivo, y sé demasiado bien el significado fatal y el alcance plomizo de esta clase de terribles expresiones. No, en aquel teatro no había consuelo para mí. Había desaparecido misteriosamente lo mismo que mi juventud. A diferencia de esa última, quizá aquél volviese algún día, aunque las esperanzas eran muy pequeñas.

 

Visitas teatralizadas

 

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martes, 6 de enero de 2026

Los Reyes y la mente modular

 Retropost, 2006;

Los Reyes y la mente modular

 
- Mira papá, qué nos han dejado los Leyes.
- Vaya, ¿han traído algo?
- Sí, mira. Regalos.
- Y se han bebido la leche. ¿Me puedo comer este trocito de galleta?
- Puaj, igual la ha mordido un camello...
- Ay, sí, puaj.
- Bah, ya me la como yo, total...

Ayer estuvimos viendo el desfile de carrozas, y los pequeños saludaban a los reyes como si les fuese algo en ello. Pero a mí el que me pasma es Álvaro. Cree en los Reyes contra toda evidencia, y va a pasar insensiblemente de creer en ellos a mantener la ficción, sin que ninguna de estas dos maneras de describirlo sea ajustada en realidad. "Muy amables han sido estos reyes", va diciendo por allí. Dice su madre que tiene mente modular. A mí me pasma como síntoma del entrenamiento que tenemos para a la vez creer y no creer en las cosas. Es una capacidad que va desde lo entrañable, como en este caso, a lo alarmante -- seguro que tiene algo que ver esto de la mente modular con nuestra ceguera selectiva a los sufrimientos del Tercer Mundo, o de los animales; o con el doublethink de Orwell, la capacidad para creer una cosa y su contraria que fomentan los regímenes totalitarios.

La atención y el seguimiento que fomentan los Reyes, o Papá Noel, tiene algo que ver, evidentemente, con la toma de relevo generacional. No por nada son ancianos (bueno, un joven, un maduro y un anciano, en el caso de los Reyes, normalmente, las edades de la vida si añadimos el niño). Ancianos, digo, que traen regalos a los niños (herencias, cultura, un patrimonio, además de juguetes). Como son ceremonias solsticiales, tienen algo que ver con la regeneración del ciclo solar y de la vida, a través de la sucesión de las generaciones. Es una cosa totalmente pagana y mítica, claro (como las religiones, son todas paganas). La gente nos apuntamos al ritual en masa como manera de recordar la infancia y a la vez como una manera de ir haciendo a los niños cómplices de su propia maduración, cuando se enteran del secreto, unas veces de golpe y otras por sectores modulares de la mente, como Álvaro. Por otra parte, a la religión católica, tan llenísima de dogmas increíbles que hay que creer (o decir que se cree en ellos, oficialmente) lo de los Reyes es una especie de reducción al absurdo de todo dogma, como soltar presión dogmática, decir los adultos entre sí, sin decirlo, claro, sólo ritualizándolo: "bueno, todo esto son ficciones, ilusiones para la mente infantil, pero hay que mantener la ilusión"...

De esta manera, entre la presión dogmática, el doublethink, la mente modular y el teatro que hacemos para los niños, lo cierto es que nadie sabe qué es cierto y qué no es cierto, pero todos mantenemos las ficciones necesarias, por consenso, y con entrenamiento, desde niños. Porque qué somos todos, más que niños que se han ido inflando desproporcionadamente.

Guasa de Mascarilla Satírica y Autocrítica

Es lamentable que seis años después aún se ve en no pocos establecimientos el maldito cartel que colgaron cuando la plaga mental de las Masc...